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Microplásticos bajo la superficie: su viaje por los suelos, cultivos y aguas subterráneas

Evidencia reciente muestra cómo los microplásticos atraviesan el sistema suelo–agua–entorno urbano hasta alcanzar los acuíferos, con efectos en la calidad del agua, la producción de alimentos y la salud ambiental.
plásticos en un frasco con agua
La plasticultura es el uso extensivo de materiales plásticos en la agricultura. En algunos casos, estas partículas han sido detectadas en tejidos vegetales, como en tomates. (Foto: Getty Images)

Por Manish Kumar, Priyansha GuptaShiwangi DograDibyendu SarkarAbrahan Mora, Nancy Ornelas-Soto, Jurgen Mahlknecht e Igor Ishi Rubio-Cisneros.

Cada vez, con mayor frecuencia, los microplásticos se detectan en suelos, ríos e incluso en acuíferos subterráneos, sistemas fundamentales para la estabilidad de los ecosistemas y el bienestar humano.

La recopilación de evidencia científica “Propensity and repercussion of microplastics in the soil-water-urban continuum” integra y analiza la información científica disponible sobre el comportamiento de los microplásticos a lo largo del continuo suelo–agua–entorno urbano. Este análisis destaca que los microplásticos pueden migrar tanto horizontal como verticalmente, llegando en algunos casos hasta los acuíferos subterráneos.

Las investigaciones revisadas indican que los microplásticos no se limitan a los océanos ni a los sitios urbanos de disposición de residuos, ya que el viento, la escorrentía contaminada y la fragmentación de residuos urbanos facilitan su dispersión y acumulación en distintos entornos.

Microplásticos y plasticultura

Los microplásticos (MPs) son partículas plásticas de menos de 5 milímetros, a menudo invisibles a simple vista. Una vez liberados al ambiente, pueden persistir durante décadas y resultan extremadamente difíciles de remover. Por ello, los científicos los describen como un “contaminante de reversibilidad limitada”: los plásticos permanecen mucho tiempo después de que su uso original ha concluido.

Para comprender por qué los microplásticos están presentes en los suelos, es necesario identificar sus fuentes. 

En los entornos agrícolas, uno de los principales aportes proviene de la plasticultura, es decir, el uso extensivo de materiales plásticos en la agricultura. Los acolchados plásticos, las películas delgadas (generalmente de 150 a 200 micrómetros de espesor), los envases y los empaques se emplean ampliamente para mejorar el rendimiento y la eficiencia de los cultivos.

A ello se suma el uso de lodos de depuradora tratados —conocidos como biosólidos— que se aplican como fertilizantes agrícolas. Estos materiales, al igual que el agua residual utilizada para riego, contienen fragmentos plásticos que se acumulan progresivamente en el suelo. 

A diferencia del agua, los suelos pueden retener microplásticos durante largos periodos, lo que favorece su interacción con la materia orgánica, los microorganismos y otros contaminantes químicos.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha advertido que los suelos podrían contener incluso más contaminación plástica que los ambientes marinos. Diversos estudios muestran que las regiones con agricultura intensiva presentan concentraciones más elevadas de microplásticos en el suelo. 

En algunos casos, estas partículas han sido detectadas en tejidos vegetales —como en tomates—, lo que sugiere su potencial ingreso a la cadena alimentaria.

Contaminación aérea y subterránea

Los microplásticos no permanecen necesariamente en el lugar donde se depositan inicialmente. Con el tiempo, se erosionan y se transportan hacia regiones remotas, incluso en zonas poco industrializadas. Las partículas más ligeras pueden suspenderse en el aire y desplazarse largas distancias impulsadas por el viento. Entre sus principales fuentes se encuentran las fibras textiles liberadas durante el uso de la ropa, las emisiones industriales, el desgaste de neumáticos y la degradación de materiales recubiertos.

Una vez en la atmósfera, los microplásticos pueden redepositarse sobre suelos agrícolas y zonas urbanas, o bien asentarse en cuerpos de agua superficial lejos de su origen.

Las actividades en superficie —como la descarga de aguas residuales, la escorrentía y el riego— también favorecen la infiltración de microplásticos, especialmente en la zona no saturada del suelo, permitiendo que las partículas alcancen acuíferos más profundos. 

Estudios recientes muestran que los microplásticos pueden penetrar en ambientes subterráneos a través de poros del suelo, fracturas y sistemas kársticos, como los cenotes, con concentraciones más elevadas durante eventos climáticos extremos.

El agua subterránea representa aproximadamente el 97 % del agua dulce accesible del planeta, pero ha recibido relativamente poca atención en la investigación sobre microplásticos. Una vez en el subsuelo, estas partículas pueden persistir durante largos periodos, lo que plantea interrogantes sobre la calidad del agua potable y el funcionamiento a largo plazo de los sistemas acuíferos.

En las zonas urbanas, las lavadoras domésticas constituyen una fuente importante de microfibras sintéticas, muchas de las cuales no son eliminadas por completo en las plantas de tratamiento de aguas residuales. 

Algunas instalaciones pueden liberar cientos de millones de partículas microplásticas al día, que eventualmente llegan a ríos, suelos y acuíferos, tanto en superficie como en el subsuelo.

Acciones frente a los microplásticos

¿Por qué debería preocuparnos la presencia de plásticos microscópicos en zonas inundables, suelos agrícolas y aguas subterráneas? Porque los microplásticos han dejado de ser un problema ambiental abstracto. Hoy forman parte de los sistemas que sostienen la producción de alimentos, la disponibilidad de agua y la salud humana.

Esta revisión resulta especialmente pertinente en un contexto en el que las actividades humanas están llevando a los sistemas naturales más allá de su capacidad de regeneración. La producción y el consumo de plásticos han crecido a un ritmo mayor que la capacidad de gestión de residuos y recuperación ambiental, lo que ha favorecido su acumulación en espacios que no están diseñados para almacenarlos ni filtrarlos.

Comprender cómo se mueven los microplásticos a través del suelo y el agua permite reconectar con la idea de los suelos y los acuíferos como sistemas vivos, y no solo como contenedores pasivos. 

Los microplásticos interactúan con materiales y procesos presentes en prácticamente todos los sistemas naturales que regulan el flujo del agua, filtran contaminantes y sostienen los ecosistemas de los que depende la vida humana. Su distribución es compleja y, a menudo, ocurre de manera inesperada, reflejando patrones más amplios de uso del suelo, urbanización y gestión de recursos.

Hay estudios que también indican que los microplásticos pueden ingresar al organismo a través de los alimentos, el aire y el agua. Una vez dentro, podrían interactuar con las células, desencadenar respuestas inflamatorias y actuar como vehículos de microorganismos, incluidas bacterias asociadas con resistencia a antibióticos.

La salida al plástico

En el ámbito agrícola, alternativas como los acolchados biodegradables y las prácticas regenerativas pueden reducir la dependencia de plásticos convencionales, al tiempo que mejoran la salud del suelo. En las ciudades, una mejor gestión de residuos y sistemas de filtración más eficientes en las plantas de tratamiento de aguas residuales pueden limitar la liberación de microplásticos al ambiente.

Además, las regiones propensas a inundaciones muestran una mayor infiltración de estas partículas hacia capas más profundas del suelo, lo que sugiere que el cambio climático y los eventos meteorológicos extremos podrían agravar la contaminación por microplásticos. 

Las soluciones basadas en la naturaleza —como la infraestructura verde, las superficies permeables y la restauración de la vegetación— pueden ayudar a retener el agua, reducir la escorrentía durante eventos extremos y atrapar partículas antes de que migren hacia sistemas más profundos. Estas estrategias vinculan la protección ambiental con la resiliencia urbana y la adaptación climática.

Abordar la contaminación por microplásticos en los sistemas ambientales no depende de una única solución. Requiere acciones coordinadas en agricultura, planeación urbana, gestión del agua y comportamiento del consumidor.

Reducir la contaminación por microplásticos no implica únicamente reciclar o retirar plásticos existentes, sino replantear cómo fluyen los materiales a través de nuestros paisajes y economías.


Referencia principal

Kumar, M., Gupta, P., Dogra, S., Sarkar, D., Mora, A., Ornelas-Soto, N., & Mahlknecht, J. (2025). Propensity and repercussion of microplastics in the soil-water-urban continuum. Journal of Contaminant Hydrology, 104663. 


Autores

Manish Kumar. Profesor investigador de la Escuela de Ingeniería y Ciencias, del Tecnológico de Monterrey. Es miembro asociado internacional de la Japan Society of Water Environment. Su investigación abarca múltiples aspectos del destino, transporte y remediación de contaminantes geogénicos, microbianos y emergentes en el agua.

Priyansha Gupta. Investigadora posdoctoral de la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tecnológico de Monterrey. También colabora con el Water Center de la misma institución. Está especializada en química ambiental y dinámica de contaminantes. Su investigación se centra en el monitoreo, destino y mitigación de contaminantes emergentes, incluidos microplásticos, pesticidas, plastificantes, PFAS y contaminantes orgánicos persistentes, en sistemas acuáticos y agroecológicos.

Shiwangi Dogra. Estudiante de doctorado en el Tecnológico de Monterrey. Su investigación se centra en el problema crítico de los “contaminantes emergentes” que contribuyen a la resistencia antimicrobiana (AMR), con especial énfasis en aguas residuales y pesticidas. 

Dibyendu Sarkar. Profesor en el Departamento de Ingeniería Civil, Ambiental y Oceánica, Charles V. Schaefer, Jr. School of Engineering and Science, Stevens Institute of Technology; director fundador del Stevens Center for Sustainability y profesor adjunto de investigación en Michigan Technological University.

Abrahan Mora. Profesor investigador de la Escuela de Ingeniería y Ciencias, del Tecnológico de Monterrey. Su tesis doctoral se centró en la variación espacio-temporal de la materia orgánica y de los elementos mayores y traza disueltos en el sistema del río Orinoco. Ha trabajado como investigador posdoctoral en el Water Center para América Latina y el Caribe del Tecnológico de Monterrey.

Nancy Ornelas-Soto. Profesora investigadora del Departamento de Ciencias, de la Escuela de Ingeniería y Ciencias, del Tecnológico de Monterrey. Es miembro del grupo «Ciencia y Tecnología del Agua». Su formación integra química analítica, química física y espectroscopía vibracional con nanomateriales, biosensores y biocatálisis para abordar problemas ambientales complejos. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) nivel II.

Jürgen Mahlknecht. Profesor investigador de la Escuela de Ingeniería y Ciencias, y líder del Grupo de Investigación en Ciencia y Tecnología del Agua, del Tecnológico de Monterrey. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) con nivel III, de la Academia Mexicana de Ciencias y fellow de la Royal Society of Chemistry (Reino Unido). Actualmente se desempeña como presidente del capítulo mexicano de la International Association of Hydrogeologists (IAH).

Igor Ishi Rubio-Cisneros. Investigador posdoctoral de la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tecnológico de Monterrey. En 2024, inició su colaboración con la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño (EAAD), como diseñador de entornos regenerativos. También ha colaborado con el Water Center del campus Monterrey, a partir de su doctorado en Geociencias y su formación como ingeniero geólogo.

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