Por Ryan Anders Whitney, Eugen Resendiz y Roberto Ponce-López
En la alcaldía Tlalpan, al sur de la Ciudad de México, el Tecnológico de Monterrey lleva varios años trabajando para que las zonas aledañas a su campus sean más caminables y amigables para los peatones. Entre las acciones emprendidas se encuentran la rehabilitación de banquetas, la mejora del alumbrado público y el rediseño de cruces peatonales, con el objetivo de mejorar las condiciones para caminar.
El estudio Mapping the actors: Anchor institutions and walkability projects in Southern Mexico City identificó a 47 actores relacionados con estos esfuerzos —entre dependencias gubernamentales, consultores, escuelas, hospitales, empresas y habitantes de la zona—. Sin embargo, solo 18 de ellos mantenían una relación de trabajo establecida con el proyecto [1].
Esta brecha es uno de los principales hallazgos, además de documentar que los proyectos de caminabilidad que cuentan con recursos suficientes están condicionados por el complejo entramado de actores y relaciones que conforma la gobernanza urbana. Es por eso que el éxito de estos proyectos depende de ese ecosistema.
Instituciones ancla
Universidades, hospitales y otras entidades grandes (vinculadas a un territorio específico) suelen considerarse instituciones ancla. Se trata de organizaciones cuyas actividades están profundamente arraigadas en el lugar donde operan, por lo que difícilmente pueden trasladarse y tienen un interés de largo plazo en el bienestar de las comunidades que las rodean [2].
En distintas ciudades del mundo, las universidades han aprovechado esta posición para apoyar y encabezar procesos de revitalización urbana y desarrollo local. Sin embargo, en América Latina, el papel de las instituciones ancla en el desarrollo urbano ha sido menos estudiado que en países del Norte Global [1].
El Tecnológico de Monterrey, campus Ciudad de México, asumió parcialmente este papel ante la falta de mecanismos existentes para atender algunas de estas necesidades. Después del sismo de magnitud 7.1 que dañó sus instalaciones, en 2017, la universidad reconstruyó su campus y puso en marcha Distrito Tlalpan, una iniciativa que abarca 566 hectáreas, 16 colonias y más de 50,000 habitantes.
El proyecto busca coordinar acciones de innovación y mejoramiento urbano —incluidos los proyectos relacionados con la caminabilidad— entre actores públicos, privados, académicos y de la sociedad civil. La iniciativa tomó como referencia, en buena medida, experiencias similares impulsadas por un proyecto previo denominado DistritoTec que había operado en los alrededores del campus del Tecnológico de Monterrey, en Monterrey.
Mapear a los actores
Para comprender mejor cómo se han implementado —y cómo podrían implementarse— los proyectos de caminabilidad de Distrito Tlalpan, los autores del estudio realizaron 22 entrevistas semiestructuradas y observaron 29 reuniones y eventos a lo largo de varios meses.
Con esta información, elaboraron un mapa de los actores vinculados con la iniciativa y de las relaciones de comunicación que cada uno mantiene tanto con la universidad como con los demás participantes.
El mapa reveló un patrón importante: los actores que tienen autoridad para tomar decisiones relacionadas con la caminabilidad suelen ser, precisamente, quienes mantienen vínculos más débiles con el proyecto.
Las instituciones gubernamentales son un ejemplo claro. De los 15 actores gubernamentales relacionados con las iniciativas de caminabilidad, solo siete tenían una relación establecida con Distrito Tlalpan.
Además, la participación de las autoridades tendía a darse proyecto por proyecto —por ejemplo, para autorizar una ampliación de banqueta o expedir un permiso— en lugar de formar parte de una coordinación continua y a largo plazo.
La rotación del personal y los ciclos políticos agravan el problema. Los gobiernos de las alcaldías cambian cada tres años y el de la Ciudad de México, cada seis, lo que obliga a la universidad a reconstruir periódicamente sus relaciones con las autoridades.
Uno de los integrantes de la universidad describió el proceso como un constante ir y venir: funcionarios que inicialmente expresaban su apoyo a un proyecto terminaban relegándolo cuando este competía con otras prioridades políticas.
Los negocios, escuelas y hospitales cercanos también estaban poco conectados con la iniciativa. Aunque desarrollan sus actividades en las mismas calles donde se realizan los proyectos para mejorar la caminabilidad, la mayoría tenía poco contacto con los esfuerzos de la universidad.
Incorporar a estos actores representa una oportunidad importante para construir una coordinación de largo plazo en torno a la movilidad peatonal.
Los habitantes de la zona constituyeron otro grupo fundamental. Aunque la relación de la universidad con la comunidad ha sido clave para la iniciativa, también ha representado un desafío.
En algunos momentos, el temor a posibles protestas u oposición llevó a los responsables de los proyectos a presentar las iniciativas de manera selectiva ante determinados residentes, en lugar de desarrollar procesos amplios de participación que incluyeran a distintos sectores de la comunidad.
Esta dinámica contribuyó a una comunicación poco transparente y, en algunos casos, generó resistencia ante los proyectos propuestos. Sin embargo, también hubo señales de oportunidad: tanto integrantes de la comunidad como tomadores de decisiones manifestaron interés en fortalecer la colaboración y crear nuevos mecanismos para trabajar juntos en el futuro.
Distrito Tlalpan: los aprendizajes
La coordinación fragmentada entre los distintos actores es frecuente en las ciudades latinoamericanas. La superposición de niveles de gobierno, la constante rotación de funcionarios y la limitada coordinación entre dependencias, entre otros factores, pueden dificultar la planeación urbana de largo plazo.
El caso de Distrito Tlalpan aporta algo más: permite visualizar dónde se encuentran esas brechas y recuerda que construir relaciones de colaboración requiere un esfuerzo deliberado y sostenido.
La importancia de mapear a los actores va más allá de mejorar la coordinación. En otras ciudades, los procesos de renovación urbana encabezados por universidades que no involucran a las comunidades han derivado en procesos de gentrificación y desplazamiento de habitantes [3].
Para evitar estos resultados, los autores del estudio sostienen que es necesario involucrar activamente a habitantes diversos, negocios locales y autoridades, entre otros actores, como participantes en la planeación y la toma de decisiones. La participación debe comenzar desde las primeras etapas del proceso, y no cuando los proyectos ya están en marcha o después de su implementación.
La lección va más allá de la falta de compromiso o de recursos e implica un proceso que con frecuencia pasa inadvertido: la construcción de redes sólidas entre los actores involucrados.
Referencias
- Resendiz, E., Whitney, R.A., & Ponce-López, R. (2025). Mapping the actors: Anchor institutions and walkability projects in Southern Mexico City. Geoforum, 166, 104395.
- Birch, E., Perry, D.C., & Taylor Jr, H.L. (2013). Universities as anchor institutions. Journal of Higher Education Outreach and Engagement, 17(3), 7-16.
- Wolf-Powers, L. (2022). University city: History, race, and community in the era of the innovation district. University of Pennsylvania Press.
Autores
Ryan Anders Whitney. Profesor de la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño e investigador del Center for the Future of Cities del Tecnológico de Monterrey, campus Ciudad de México. Su investigación se centra en modelos urbanos, la equidad en la planeación y la gobernanza, con especial interés en cómo planificar ciudades más incluyentes y equitativas para sus habitantes.
Eugen Resendiz. Profesora de la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño e investigadora del Center for the Future of Cities del Tecnológico de Monterrey, campus Ciudad de México. Se especializa en la intersección entre salud pública, planeación urbana y políticas públicas, y analiza cómo el entorno construido influye en las oportunidades para realizar actividad física.
Roberto Ponce-López. Profesor de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública, director de la Maestría en Ciencia de Datos y Políticas Públicas y director de la oficina Guadalajara del Center for the Future of Cities del Tecnológico de Monterrey, campus Guadalajara. Se enfoca en sistemas de información urbana y políticas públicas, particularmente en cómo el transporte, el uso del suelo y la expansión urbana influyen en el crecimiento de las ciudades.





