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Escribir ciencia se entrena: claves para preparar un artículo científico

La escritura científica es una habilidad que se practica. Dos investigadores comparten consejos para estudiantes universitarios que inician en la publicación académica.
ilustración de un libro con elementos científicos
“Existe la idea equivocada de que un buen texto científico debe ser complejo y lleno de mil referencias, cuando en realidad se trata de encontrar tu propia voz y contarle a la comunidad científica lo que encontraste, pero siempre con rigor”. (Ilustración: TecScience)

Para muchos estudiantes universitarios o investigadores jóvenes, enfrentarse a su primera publicación científica puede sentirse como una tarea monumental. La hoja en blanco pesa tanto como los datos que han recabado y la investigación que han realizado.

Además, la presión por publicar puede convertir la escritura en una prueba de resistencia. Sin embargo, lejos de ser un talento con el que se nace, escribir ciencia es una habilidad que se entrena.

“Es complejo escribir un artículo científico, sí, pero es algo que se practica”, explica, en entrevista para TecScience, Óscar Arias, decano de Posgrado de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud del Tec de Monterrey. Y hace una comparación con un atleta de nivel olímpico: “Si nosotros queremos competir a nivel olímpico sin preparación, seguramente nos vamos a fracturar. En la academia pasa algo muy parecido: necesitas constancia, dominio del tema, habilidades técnicas y mucha práctica”.

Investigar sí se enseña; escribir, no siempre

María Luisa del Prado, profesora investigadora de la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tec de Monterrey, dice que uno de los grandes vacíos en la formación científica es la escritura. “Aprendemos a investigar, pero no necesariamente a escribir; eso es una habilidad que se desarrolla con el tiempo y con la práctica”, afirma.

Aunque hoy existen más cursos y herramientas, reconoce que la redacción académica no siempre forma parte formal del currículo, ni en licenciatura ni en posgrado. “Debería estar en la matrícula”, sugirió la investigadora, quien el año pasado fue reconocida como una de las investigadoras más influyentes del mundo por el impacto de sus artículos científicos.

La presión aumenta cuando se trata de publicar en una revista científica. “Una tesis la defiendes frente a un comité que ya conoces, puede haber más confianza, pero en un artículo científico no sabes quién te va a evaluar”, explica. El sistema de revisión por pares aporta rigor, pero también incertidumbre: “No sabes a qué mano va a llegar tu manuscrito”.

A esto se suma una idea equivocada muy extendida entre estudiantes: pensar que un buen texto científico debe ser complicado. “Muchas veces se confunde que un texto bueno tenga que ser complejo y lleno de mil referencias, cuando en realidad se trata de encontrar tu propia voz y contarle a la comunidad científica lo que encontraste”, dice.

¿Por dónde empezar a escribir?

Una de las preguntas más comunes al escribir es por dónde comenzar. María Luisa del Prado sugiere iniciar por lo más tangible: “Primero la metodología y los resultados, porque eso ya lo hicieron y ya los tienen. Eso te da la sensación de que estás avanzando”. La introducción, explica, puede escribirse después, cuando ya se tiene claro a qué revista irá el artículo y qué enfoque conviene darle.

Desde su experiencia como profesor, Óscar Arias ha detectado un patrón recurrente en tesis y otras publicaciones científicas: exceso de contexto y poca discusión. “He visto tesis que tienen mucha información de los antecedentes, cuatro o cinco capítulos y los métodos muy detallados, pero los resultados del proyecto cada vez más cortos y una discusión de media página”, señala.

Por eso, explica que los artículos científicos deberían construirse como un reloj de arena: comenzar con un panorama general, concentrarse en los resultados y regresar a las implicaciones amplias de esos hallazgos.

“La parte más compleja para muchos alumnos es la discusión”, añade. “Ahí es donde realmente se nota si hay dominio de la cancha”.

Sin embargo, para el investigador, no existe una fórmula ni una narrativa secreta, ya que cada persona tiene su estilo y método de escritura, pero ofrece una recomendación práctica: hay que tener claro el mensaje central para que la historia no se diluya: “suele suceder que hablas de muchas cosas y al final te quedas sin espacio para describir los resultados”.

Esta lógica también aplica a los textos de divulgación científica. Cuando un artículo comienza con largos antecedentes y deja los hallazgos para el final, pierde fuerza. En divulgación, coinciden, los resultados deben aparecer desde el inicio para enganchar al lector.

El rechazo es parte del proceso

Otro aprendizaje clave (y quizá uno de los más difíciles) es aceptar el rechazo editorial. “Que te rechacen un artículo en un journal científico no define quién eres ni la calidad de tu investigación”, subraya Del Prado. Desde su experiencia como editora, explica que influyen muchos factores ajenos al autor: saturación de revistas, prioridades temáticas o la aparición de trabajos más novedosos.

Arias refuerza esta idea: “Las revistas tienen criterios muy claros, y hay que apegarse a ellos”. Ignorarlos, incluso con un buen trabajo, puede significar un rechazo automático. Lejos de ser un fracaso, ambos coinciden en que los comentarios de los revisores suelen fortalecer los manuscritos y mejorar la narrativa científica.

Incluso Einstein fue rechazado

Escribir un artículo científico no es garantía de una publicación inmediata. Ni siquiera el prestigio lo hace. A lo largo de la historia, trabajos firmados por figuras hoy incuestionables enfrentaron rechazos editoriales y críticas, no tanto por la calidad de sus ideas, sino por cuestiones de forma, estructura o estilo editorial.

“Incluso a Albert Einstein le rechazaron artículos porque no se apegó a la estructura de una revista”, recuerda Óscar Arias. Saber esto sirve para poner en perspectiva este proceso que es nuevo para quienes apenas se acercan a la investigación: escribir ciencia implica aprender a jugar bajo reglas editoriales estrictas y aceptar que el rechazo forma parte del proceso.

Pero más allá del paper, comunicar la ciencia se ha vuelto una habilidad indispensable. “No basta con hacer buena investigación, también hay que saber explicarla”, señala Del Prado. Esta capacidad es clave para conseguir colaboraciones, financiamiento y para acercar la ciencia a públicos no especializados.

Para Arias un investigador debe ser capaz de presentar su trabajo ante especialistas, pero también de explicarlo a personas que no lo son. “Eso también forma parte del ecosistema de la investigación”, afirma.

Al final, escribir ciencia no es solo cumplir un requisito académico. Es aprender a estructurar ideas, aceptar la crítica, resistir el rechazo y contar una historia con rigor. Y entender que incluso los nombres más grandes de la ciencia tuvieron que aprender cómo publicar bajo las reglas del juego editorial.

Uso de la IA como herramienta

En la formación de nuevos investigadores, el uso de la inteligencia artificial (IA) comienza a ser un recurso cada vez más común para apoyar aspectos como la redacción, la revisión de estilo y la organización de ideas.

Sin embargo, Arias considera importante aprender a utilizarla como una herramienta más y desde una perspectiva ética. Para él, la IA puede ser un apoyo valioso, siempre que no sustituya el proceso intelectual del investigador ni la comprensión profunda del trabajo que se está comunicando.

Sugiere que los estudiantes deben aprender a escribir por sí mismos antes de delegar tareas a estas herramientas. La escritura científica, explica, es parte esencial del entrenamiento académico. Por eso, aclara, la IA debe usarse con responsabilidad y como complemento del proceso formativo (por ejemplo, automatizar tareas repetitivas), “pero siempre con honestidad y con transparencia en su uso”.

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Autor

Picture of Michael Ramírez