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Javier Santaolalla, el “Carl Sagan de las redes sociales”

El científico, convertido en divulgador, comparte con los jóvenes su pasión por la ciencia, por entender el universo y por soñar con el cosmos.
Javier Santaolalla busca llevar la fascinación por la ciencia a más personas (Foto: Kevin Chaires | TecScience)

Las luces se encienden, suena un rock de los años 70, las personas elevan sus teléfonos hacia el pasillo central por donde pasa Javier Santaolalla, un apasionado por la divulgación científica que reúne a multitudes, casi como lo haría una estrella de rock.

No viene a cantar o a bailar, sino a hablar sobre física, el universo, las partículas y la cuántica, pero también de las historias de amor y desamor de su vida, todo encaminado al mismo tema, el que le apasiona y que le ha hecho popular en las redes: la ciencia.

Personas de todas las edades, hombres mujeres; jóvenes, y padres de familia que acompañan a sus hijos y nietos, todos gritan y vitorean mientras Santaolalla corre por el pasillo con los brazos extendidos, como si se tratara de un luchador entrando a la arena.

Saluda a unos cuantos al ritmo de Highway to Hell de ACDC; lleva jeans rotos por las rodillas, una camisa azul de manga corta y tenis grises. El botón superior desabrochado, un collar, en su muñeca varios brazaletes y una pulsera de cuentas, popularizadas recientemente por las y los fans de Taylor Swift.

Nacido en Burgos, España en 1982, Javier Santaolalla pasó su juventud en Las Palmas de Gran Canaria, se graduó como físico e ingeniero en telecomunicación y cursó un doctorado en la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN).

Mientras lo ovacionan, recuerdo que no estoy en un concierto, sino en una conferencia de uno de los investigadores que participó en el descubrimiento del Bosón de Higgs, la llamada partícula de Dios, uno de los más grandes descubrimientos científicos de nuestra era.

Unas horas antes de su conferencia, en la Feria Internacional del Libro Monterrey en Nuevo León, tuve una entrevista con Santaolalla, ahí me platicó sobre una charla con un amigo suyo, músico de profesión, y cómo fue un momento clave para terminar su capítulo como investigador académico e iniciar uno nuevo en la divulgación de la ciencia. 

Lejos de la imagen de un científico de bata, corbata y zapatos brillantes, Santaolalla se sentó despreocupado en el sillón, tarareando una canción popular de Grupo Frontera y Morat, saluda a los presentes y bromea sobre las nubes que ese día se detuvieron en la ciudad de Monterrey y no dejaron ver casi nada del eclipse solar.

Frente a mí está un divulgador de las nuevas generaciones, uno que usa referencias de la cultura popular para hablar de la antimateria, la teoría de cuerdas y la colisión de partículas, uno que suma a más de 10 millones de seguidores solamente en YouTube, TikTok e Instagram al que lo sigue a una multitud, compuesta en su mayoría por jóvenes, que gritan su nombre, en una tarde lluviosa en la capital regiomontana.

Hombre en un estrado, durante la FIL hablando ante un gran público
La conferencia de Javier Santaolalla estaba planeada originalmente para 300 personas pero se registraron alrededor de 1,500. (Foto: Kevin Chaires / TecScience)

Javier Santaolalla y la divulgación, redes sociales e inspiración 

En el auditorio, que inicialmente albergaría a 300 personas y adaptado luego de que los registros ascendieron a más de 1,500, se encuentran Natalia, Aldo y Esteban, tres personas unidas por el mismo objetivo: escuchar a Santaolalla, llevarse una firma en alguno de sus libros y, tal vez, una fotografía que puedan subir a las redes sociales. 

Esteban, de 39 años, viajó desde el municipio de Allende, Nuevo León, un trayecto de 60 kilómetros que, con tráfico y lluvia, podría llevar al menos un par de horas y en el peor de los casos hasta tres o cuatro.

Empezó a interesarse por la ciencia gracias a Carl Sagan, uno de los más grandes divulgadores de la historia, Neil deGrasse Tyson y otros importantes científicos como Stephen Hawking y el mismísimo Albert Einstein. 

A su lista se sumó hace unos años Santaolalla, a quien ve en YouTube e Instagram, aunque en TikTok no lo hace, porque no es una red social que utilice.

Para Aldo Villaseñor, estudiante de Ingeniería Física Industrial en el Tec de Monterrey, Santaolalla es más que un creador de contenido de divulgación, ya que ha sido no solo una inspiración, sino una de las razones por las que decidió estudiar esa carrera.

“Me interesaban mucho sus videos. Curiosamente hay algunos temas de la carrera que son muy avanzados y ver sus videos me ha ayudado a entender ciertos temas”, explica el joven. 

Natalia Trevilla lleva un libro entre sus manos, El Bosón de Higgs no te va a hacer la cama, que publicó Santaolalla en 2016. Tiene 17 años y pidió a sus papás que la llevaran a la Feria del Libro Monterrey, junto con una de sus mejores amigas, quienes se registraron al evento semanas atrás, desde el primer día en que abrieron la convocatoria.

La manera simple de contar temas complejos, aunado a su carisma y a los chistes y referencias que hace para explicar la ciencia, es lo que llevó a Natalia a suscribirse a los canales de Santaolalla. 

“Ojalá más personas lo conocieran y lo oyeran hablar de cuando estuvo trabajando en el colisionador de partículas. Es como si fuera un Carl Sagan de las nuevas generaciones”, dice Esteban mientras se despide para unirse a la fila de la firma de libros de Santaolalla.

El OXXO cuántico, un lugar para comprar partículas que no existen

Su conferencia se sintió igual de divertida que sus videos en YouTube, TikTok o Instagram. De hecho, cuando escuché el término “OXXO cuántico” tuve que reír, al igual que todas las personas a mi alrededor.

Así es como Santaolalla explica la complejidad de la ciencia para que cualquier persona lo entienda, o al menos, cualquiera que haya visitado esa cadena de supermercados de origen mexicano.

“El vacío no existe, el espacio ausente de materia no está ausente de campos y los campos cuánticos es una especie de energía del espacio que da lugar a la materia. El espacio vacío se parece mucho al OXXO, donde hay de todo. Lo que Einstein y otros descubrieron es que a este OXXO de la materia se puede ir a comprar partículas con el dinero del cosmos: la energía”, explica.

Las partículas que se extinguieron tras el Bing Bang y el punto de origen de nuestro universo, siguen vivas en un vacío cuántico y la manera de poder conocerlas es mediante la colisión de partículas, trabajo en el que Santaolalla participó cuando se descubrió el Bosón de Higgs. 

Durante una hora, Santaolalla lo explicó, de una manera simple, como un Prometeo que roba el fuego y se lo da a los humanos, a las personas comunes, a quienes no estudian la ciencia, pero les apasiona conocer su universo.

Las ecuaciones de Einstein, Higgs y Newton se mezclaron en su conferencia junto con su historia personal, como cuando una novia se fue a vivir al extranjero o cuando perdió a su primer amor cuando estudiaba en la primaria.

Así fue llenando los espacios de la charla científica con memes y referencias que no solo hacían reír al auditorio sino con los que también estaba enseñando ciencia sin que lo pareciera.

Javier Santaolalla caminando por los pasillos rodeado de gente
«Más allá de que sean físicos, doctores y que descubran partículas, ojalá cada persona pueda descubrirse a sí misma» -Javier Santaolalla (Foto: Kevin Chaires / TecScience)

Un legado de ciencia, aventura y felicidad

Algunos pulcros de la ciencia podrían pensar que Santaolalla diluye el rigor científico. “A mí lo que me corresponde es ser honesto conmigo mismo y con la gente, me debo a ellos. Hago un ejercicio de responsabilidad, me he llegado a equivocar, pero nunca con mala intención. En ese sentido mi manera de combatir con la desinformación es ser honesto con el mundo en que vivo”, me dice en la entrevista previa.

Su paso para dejar la investigación científica ocurrió en 2014, cuando aún no existía la carrera profesional de divulgación y no había mecanismos para sostenerse económicamente.

“Era un salto al vacío, pasaba de tener un trabajo a no tener nada y empezar absolutamente desde cero. Ahora lo veo y creo que lo hice impulsado también por la curiosidad. Es el mensaje que quiero dar a la juventud, que al final todo irá bien, la vida da muchas vueltas y permite rehacerse y reconstruirse”, añadió.

Entonces le pregunto sobre su legado, sobre cómo le gustaría ser recordado cuando deje este mundo.

No habla sobre ciencia, ni sobre una carrera profesional; tampoco sobre premios, reconocimientos, ni siquiera menciona el proyecto del Bosón de Higgs, que guardó su nombre en la bodega de la historia de la ciencia para siempre.

“Quiero que me recuerden como una persona feliz, que disfruta la vida, apasionada y con muchas ganas de experimentar, de crecer y compartir. Me gustaría sentir que he conseguido que los jóvenes se levanten del sofá, dejen de ver la televisión y vayan a vivir la vida. Más allá de que sean físicos, doctores y que descubran partículas, ojalá cada persona pueda descubrirse a si misma”.

Termina la conferencia, casi nadie se va, se quedan a saludar, a tomar fotografías o con la esperanza llevarse una firma de quien hoy ha sido su profesor por alrededor de una hora, en una inusual, pero divertida clase de ciencia.

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Autor

Asael Villanueva