La innovación médica en México apenas comienza, coincidieron expertos de la industria, la academia y los organismos regulatorios. Sin embargo, aún faltan cambios estratégicos para acelerar la innovación, retener talento mexicano e incrementar la coordinación entre los actores del ecosistema científico.
En el TecScience Summit 2026, los panelistas debatieron los desafíos que enfrenta la comunidad médica y científica en el país. México posee el talento y la infraestructura científica, pero aún enfrenta barreras críticas para ser un referente en la innovación médica.
El panorama de la innovación médica en México
Para Sonia Mayra Pérez Tapia, la situación es contundente: “No hay innovación en México”. La fundadora y directora ejecutiva de la Unidad de Desarrollo e Investigación en Bioterapéuticos del Instituto Politécnico Nacional advierte: “Viene y se prueba en México, pero que nosotros estemos generando innovación disruptiva, no lo estamos haciendo”.
Sin embargo, fue la primera en matizar su postura: sí existe innovación incremental, talento e ideas en el laboratorio. El obstáculo, explicó, aparece en la transición del laboratorio al mercado, un proceso que exige conocimiento regulatorio y acceso a financiamiento. Esa brecha es una dimensión que los sistemas educativos actuales aún no atienden.
Ensayos clínicos y desarrollo regulatorio: del laboratorio al mercado
Gerardo García Rivas, director de Investigación Traslacional de TecSalud, ofreció un contrapeso desde su propia experiencia. Su equipo lleva más de ocho años trabajando en el desarrollo de una formulación basada en cannabidiol para el tratamiento de miocarditis, con estudios que ya incluyen resultados en 109 pacientes en ensayos clínicos en México, Estados Unidos y Brasil.
«Pudimos llegar desde una molécula en un cultivo en México hasta los primeros seres humanos», dijo. Para García, el ecosistema mexicano está dando sus primeros frutos, aunque reconoció que quedan muchas áreas de oportunidad.
José Guillermo Sander Padilla, gerente senior de Innovación Clínica en Laboratorios Silanes, aportó el caso más concreto de éxito industrial: el primer medicamento mexicano innovador aprobado por la Food and Drug Administration (FDA) para su comercialización en Estados Unidos.
En su presentación, destacó que la clave del logro fue la planeación temprana del desarrollo clínico, que ha permitido a su empresa alcanzar una tasa de éxito del 64.6% en nuevas entidades regulatorias, frente al 2% que reportan los datos globales.
Abraham Israel Villarreal Castellanos, coordinador de Ensayos Clínicos en la COFEPRIS, no negó la existencia de la innovación en México. A su juicio, existen obstáculos más allá de la innovación.
“Lo que nos falta es que se traduzca en bienestar social. Muchas veces se queda en la academia, en un desarrollo, y no llega a donde debería llegar“, dijo Villarreal.
(Fotos: Everth Bañuelos)
El problema no es el talento, es el sistema
Sobre la capacidad científica del país hubo consenso. México forma investigadores de calidad, cuenta con centros de excelencia y tiene una posición geográfica privilegiada respecto al mayor mercado farmacéutico del mundo. El problema, coincidieron los panelistas, es sistémico. Falta que la academia, industria y regulación trabajen de manera coordinada en vez de en paralelo, como funciona actualmente.
Actualmente, la COFEPRIS trabaja en un rediseño que incluye simplificación normativa y convergencia regulatoria con organismos como la FDA en Estados Unidos, la Entidad Mexicana de Acreditación y Health Canada. También, está buscando cómo reducir los tiempos de autorización sin sacrificar la seguridad de los participantes en ensayos clínicos.
Por la parte de la academia, García explicó cómo la mentalidad hacia la industria está cambiando. Hace 15 o 20 años, dijo, era impensable que un investigador en fisiología cardiovascular trabajara vinculado a una empresa. Hoy esa línea se ha difuminado, y en ello ve una oportunidad para compartir el conocimiento científico de la academia. “Es lo que justamente necesita la industria y las agencias regulatorias para saber que es alcanzable”, dijo.
Ese cambio de perspectiva también se aplica a los investigadores, que muchas veces se concentran en las preguntas científicas, perdiendo el impacto social que les interesa a la industria farmacéutica.
Cómo colaborar para generar impacto real
Ante la pregunta de cómo colaborar mejor para generar impacto real, Pérez propuso tres acciones concretas desde la academia: enseñar regulación desde etapas tempranas, presentarles a los estudiantes los costos reales del desarrollo de insumos para la salud y diseñar investigación en función de las necesidades específicas del país. “Lo podemos hacer desde la academia de una manera muy puntual”, dijo Pérez.
Desde la industria, Sander explicó cómo los tres actores tienen que cambiar su perspectiva. La academia no puede solo enfocarse en conseguir patentes sin desarrollar productos. La industria no puede respaldarse en el dinero y esperar que llegue la innovación a ellos. Y finalmente, las agencias regulatorias deben encontrar una manera de integrar a esos jugadores en el proceso.
El cambio que deben asumir los organismos regulatorios es desarrollar la capacidad de confiar en los distintos actores del ecosistema de investigación. En vez de retrabajar las pruebas o los procesos de investigación durante los ensayos clínicos de la Cofepris, lo ideal sería que sean una continuación de ese trabajo.
“Al final, todo lo que se realiza desde la academia y la industria tiene que ser, de una u otra forma, regulado”, dijo Villarreal. Por eso, es importante trabajar en conjunto con esos actores desde un principio.
Retener talento científico: el desafío estructural
A pesar de los obstáculos, los panelistas coincidieron en que México tiene ventajas competitivas reales que otros países con economías similares no poseen. La posición geográfica del país, siendo vecino del mayor mercado farmacéutico del mundo, representa una oportunidad que aún no se ha aprovechado a su máximo potencial.
A eso se suma una biodiversidad única, una base científica sólida y una industria farmacéutica nacional que, como demostró el caso de Laboratorios Silanes, ya es capaz de competir con estándares internacionales.
El reto es construir las condiciones para retener el talento que sale de las universidades mexicanas: más financiamiento temprano, más vinculación entre academia e industria, y más espacios donde un científico pueda desarrollar su carrera sin tener que salir del país para hacerlo.
El mensaje final del panel fue que México no está en el punto de partida, pero tampoco ha llegado a su punto final. Se encuentra en un punto de inflexión: las decisiones que tomen hoy la academia, la industria y los reguladores definirán si el país se convierte en un referente regional de innovación médica o si continúa exportando talento en lugar de productos.
¿Te interesó esta historia? ¿Quieres publicarla? Contacta a nuestra editora de contenidos para conocer más: marianaleonm@tec.mx











