El estilo de crianza autoritaria y los síntomas de depresión en los padres estarían asociados con conductas alimentarias infantiles y, en consecuencia, con su peso. Así lo detalla el estudio realizado por los investigadores Claudia Unikel Santoncini, del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz; Said Jiménez Pacheco, del Tecnológico de Monterrey; e Iraís Castillo Rangel, de la Universidad Autónoma de Zacatecas.
En México, la obesidad infantil representa una crisis de salud pública. Según datos de la UNICEF, se estima que cuatro de cada 10 niños y adolescentes tienen sobrepeso u obesidad y, con frecuencia, estos padecimientos son relacionados con la falta de actividad física y una dieta más balanceada sin tomar en cuenta otros factores.
“Los niños y las niñas terminan siendo la manifestación de lo que ocurre en su entorno, de cómo los papás se relacionan y del contexto en el que crecen”, señala Said Jiménez, psicólogo y profesor investigador de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud del Tec campus Ciudad de México.
El enfoque surgió ante la necesidad de entender cómo la salud mental de los niños se relaciona con problemas como el sobrepeso y la obesidad.
Analizando el impacto de los tipos de crianza
Para el estudio, las investigadoras analizaron a 372 diadas conformadas por padres, madres o cuidadores, e hijos o hijas en 16 escuelas públicas de Campeche y de la Ciudad de México. Ahí, las familias respondieron varios cuestionarios para evaluar aspectos sobre salud mental, estilos de crianza y hábitos alimenticios.
Para garantizar el cumplimiento de principios éticos, el equipo contó con la aprobación de los Comités de Ética e Investigación del Instituto Nacional de Salud Pública y con el consentimiento informado de padres e hijos.
Después, Jiménez analizó los datos recolectados entre noviembre de 2023 y febrero de 2024, con un modelo estadístico para identificar la relación del estilo de crianza y la salud mental de los cuidadores, así como las conductas de los niños al comer y su índice de masa corporal.
Los investigadores se basaron en dos tipos de crianza: autoritaria, que implica una disciplina rígida, con reglas estrictas y poca comunicación; y autoritativa, en la que los padres ponen límites claros, están abiertos al diálogo y promueven la flexibilidad y el apoyo emocional.
También se evaluaron algunos síntomas de depresión en los padres, no necesariamente un diagnóstico clínico, sino algunas manifestaciones en la vida cotidiana como un estado de ánimo triste de forma persistente, la pérdida de interés en actividades que antes se disfrutaban. Asimismo, contaron otros síntomas como cansancio, cambios en el apetito y problemas de sueño.
Cuando aparecen las “conductas alimentarias desordenadas”
Los hallazgos señalan que variables como una crianza autoritaria y la presencia de síntomas de depresión en los cuidadores sí están asociadas con cambios en los hábitos alimenticios de los niños. Esto se debe a que el entorno emocional en casa los lleva a experimentar mayores niveles de estrés.
Se identificaron dos formas en las que se pueden presentar estos efectos: por un lado, algunos niños suelen acercarse a la comida como una forma de regular emociones como el estrés o la ansiedad; por otro, están los menores que restringen o evitan consumir alimentos por preocupación sobre su peso o imagen corporal.
En ambos casos, se trata de reacciones que los especialistas llaman conductas alimentarias desordenadas, es decir, patrones de comportamiento que se alejan de hábitos saludables al comer.
“Es interesante que en estos dos tipos de conductas, tanto comer emocionalmente como evitar la comida, encontremos una relación positiva con el aumento de peso en niños y niñas”, dice Jiménez. “Pensaríamos que si evitas comer pues no subes de peso, pero el problema es que después tienes conductas compensatorias, como atracones, y se vuelve un círculo vicioso. Entonces, los dos casos impactan en el sobrepeso de los chicos que estudiamos”.
El factor protector ante el desarrollo de sobrepeso
Por otro lado, el estudio encontró que los niños que crecen en entornos con un estilo de crianza autoritativa, es decir, con flexibilidad, límites claros, buena comunicación y apoyo emocional, no mostraron una relación significativa con estas conductas alimentarias desordenadas. Incluso el investigador destaca que este tipo de conducta podría funcionar como un factor protector ante el riesgo de desarrollar sobrepeso.
Jiménez señala que se trata de un estudio transversal, y aunque esto quiere decir que está basado en datos recolectados en un solo momento y que no permite establecer relaciones de causa y efecto, sus resultados sí ofrecen pistas relevantes.
“En las políticas públicas y entre los tomadores de decisiones hay una preocupación por aspectos como la actividad física y una alimentación más responsable. Quizás también vale la pena poner sobre la mesa que la salud mental —no solo de los niños, sino también de los papás— es una variable que puede impactar en esta problemática”, dice el investigador.
Agrega que los resultados del estudio abren camino para seguir abordando estas y otras variables como el contexto y el entorno donde habitan los menores. Además, sirven para profundizar en estos hallazgos a través de estudios longitudinales en los que se pueda hacer un seguimiento de los participantes a lo largo del tiempo y comprender mejor cómo evoluciona la relación entre estos factores y el sobrepeso en los menores.
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