Por Miqueas Díaz Maya, Marco Ulloa y Rodolfo Silva
En alrededor del 80% del Golfo de México y el mar Caribe, el oleaje presenta una tendencia a volverse más potente: cada 10 años, la potencia de las olas aumenta hasta 0.25 kilowatts por cada metro de frente de ola.
Para dimensionar este cambio —que puede parecer pequeño—, el oleaje puede entenderse como un enorme martillo que golpea constantemente las costas y que, con el tiempo, lo hace con mayor potencia.
Si esta tendencia se mantiene durante décadas, habrá que considerar sus efectos y riesgos sobre las plataformas petroleras, los puertos, los barcos en sus rutas marítimas y los ecosistemas costeros.
Una mayor potencia del oleaje también podría aprovecharse para generar electricidad a partir del movimiento de las olas, pero hacerlo requiere tecnologías capaces de capturar esa energía y resistir las condiciones del mar.
Sin embargo, los cambios en la potencia de las olas no son uniformes a lo largo del año. Los inviernos y primaveras concentran los incrementos más fuertes, impulsados por la intensificación de los frentes fríos que recorren el Golfo desde el norte. En verano y otoño, partes del Caribe oriental muestran tendencias opuestas. El mar se agita de forma desigual y eso se acentúa con el contraste entre estaciones.
Estas conclusiones provienen del estudio Wave Climate Trends and Teleconnections in the Gulf of Mexico and the Caribbean Sea que analizó el comportamiento del oleaje de forma continua durante 42 años [1], hora a hora, en toda la región del Golfo de México y el mar Caribe.
Se utilizaron datos de un modelo numérico de oleaje —un programa informático que simula la generación y propagación de las olas a partir de datos de viento— que permitió reconstruir las condiciones del mar entre 1981 y 2022.
Un mar que cambia
Uno de los sistemas más utilizados por la comunidad oceanográfica internacional es WAVEWATCH III [2], desarrollado por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA).
Alimentado con datos detallados sobre la velocidad y dirección del viento, provenientes del reanálisis ERA5 [3] —una base climática global que combina observaciones con modelos—, WAVEWATCH III permitió reconstruir, hora a hora, el comportamiento del oleaje entre 1981 y 2022.
Los resultados fueron validados con 11 boyas oceanográficas distribuidas en ambas cuencas, confirmando que los hallazgos reflejan con exactitud lo que ocurrió durante esas cuatro décadas.
El estudio también indagó si los índices climáticos globales, como El Niño, la Oscilación del Atlántico Norte y la Oscilación Multidecadal del Atlántico, influyen en la propagación del oleaje. En el Caribe, la respuesta es afirmativa, y con intensidad.
En los últimos años, El Niño ha sido un tema principal de conversación. Sequías en Indonesia, lluvias torrenciales en Perú, inviernos anómalos. Lo que es poco conocido es que este fenómeno, nacido en el Pacífico tropical, también modifica las olas del Caribe, a más de dos mil kilómetros de distancia. La conexión queda clara al analizar los episodios más intensos —1982-83, 1997-98 y 2015-16—, cuando la potencia del oleaje en el centro del Caribe aumentó de forma notoria.
El mecanismo es relativamente sencillo: El Niño debilita los vientos alisios, corrientes de aire que soplan habitualmente de este a oeste sobre el Pacífico tropical. Esa alteración modifica tanto la generación de olas en distintas regiones como el oleaje que puede viajar miles de kilómetros antes de alcanzar otras costas.
El Golfo de México, en cambio, siendo una cuenca semicerrada, responde menos a esos índices globales y obedece principalmente a procesos locales: los nortes en invierno y los ciclones tropicales en verano.
Océano en movimiento: el reto
Para México, con más de 11 mil kilómetros de costa y una actividad económica que abarca desde la pesca artesanal hasta la extracción petrolera, entender cómo ha cambiado el oleaje en cuatro décadas es información imprescindible.
Por un lado, olas más energéticas en invierno elevan el riesgo para la infraestructura marina y complican la navegación en las rutas que conectan el Canal de Panamá con los puertos del Golfo. Por otro lado, las zonas donde la potencia del oleaje se incremente de forma sostenida representan un recurso renovable en expansión.
Los convertidores de energía del oleaje —dispositivos que transforman el movimiento de las olas en electricidad— encuentran en esas áreas condiciones cada vez más favorables, abriendo una oportunidad concreta para diversificar la matriz energética del país desde sus propias costas.
La clave está en aprender a leer ese pulso del mar: conocer dónde, cuándo y cuánto cambia su potencia será fundamental para anticipar sus efectos sobre las costas, adaptar la infraestructura y, cuando sea viable, aprovechar una fuente de energía que el propio océano pone en movimiento.
Referencias
- Diaz-Maya, M., Ulloa, M. & Silva, R. (2026). Wave Climate Trends and Teleconnections in the Gulf of Mexico and the Caribbean Sea. Journal of Marine Science and Engineering, 14, 853.
- WAVEWATCH III Development Group. User Manual and System Documentation of WAVEWATCH III® Version 6.07; NOAA/NWS/NCEP/MMAB: College Park, MD, USA, 2019; p. 465.
- Copernicus Climate Change Service (C3S). ERA5: Fifth Generation of ECMWF Atmospheric Reanalysis of the Global Climate; Copernicus Climate Change Service: Reading, UK, 2017.
Autores
Miqueas Díaz Maya. Investigador posdoctoral en el Centro de Investigación en Ciencia Aplicada y Tecnología Avanzada (CICATA), Unidad Altamira, del Instituto Politécnico Nacional. Su trabajo se centra en la modelación numérica del oleaje y en el aprovechamiento de la energía marina como recurso renovable.
Marco Ulloa. Profesor investigador en el Centro de Investigación en Ciencia Aplicada y Tecnología Avanzada (CICATA), Unidad Altamira, del Instituto Politécnico Nacional. Su labor de investigación abarca la oceanografía física y la limnología, con énfasis en el desarrollo de instrumentación electrónica de bajo costo y en el entendimiento de diversos procesos que ocurren en cuerpos de agua interiores, así como en las costas del noreste de México.
Rodolfo Silva. Profesor investigador en el Instituto de Ingeniería de la UNAM. Su trabajo integra la ingeniería costera y el estudio de las energías del océano, con especial atención a los procesos que rigen la interacción entre el oleaje, las costas y la infraestructura marina.



