Todos los días, miles de automovilistas pasan horas atorados en el tráfico de las ciudades. Para las empresas transportistas de mercancías, el congestionamiento vial representa pérdidas millonarias por uso de más combustible, tiempo y enfrentan retrasos en sus entregas.
Por ejemplo, en Estados Unidos, el costo del problema en 2022 superó los 100,000 millones de dólares en la industria del transporte de carga, contó Leandro Coelho, investigador especializado en transporte y cadenas de suministro de la Université Laval, en Canadá.
“No se trata solamente de costos; las empresas están perdiendo eficiencia. Pierden tiempo y tienen que mantener mayores inventarios porque las mercancías no llegan tan pronto como deberían”, dijo durante el encuentro de la National Academy of Engineering (NAE), en el Tecnológico de Monterrey.
Durante su conferencia magistral De los modelos al impacto medible: Diseño de sistemas de transporte de carga sostenibles y resilientes, presentó casos de éxito en los que la investigación y la colaboración entre universidades y empresas ayudaron a reducir las pérdidas mediante el uso de modelos matemáticos y herramientas de optimización.
Reducir tiempos de transporte sin modificar rutas
Coelho mostró durante su conferencia que es posible reducir los tiempos de transporte de mercancías aprovechando de mejor manera la información que ya generan las empresas, es decir, sin tener que cambiar sus rutas e incluso sin construir nuevas carreteras o realizar fuertes inversiones en infraestructura.
En el caso de una empresa que distribuye productos para el hogar en Quebec, Canadá, el equipo analizó la información de los sistemas de planificación de la compañía y la comparó con los registros de GPS de sus camiones.
Durante una jornada con 27 rutas de reparto, el software de la empresa estimaba que los vehículos harían 26 horas de conducción acumulada. Sin embargo, los datos del sistema de GPS mostraron que el tiempo real era mayor a 44. Observaron que esa diferencia se debía a que el sistema no consideraba las variaciones de tráfico durante el día.
Además, la mayoría de las unidades salía del centro de distribución por la mañana, alrededor de las 7:30 horas, cuando había mayor congestionamiento vial. Con esta información, los investigadores evaluaron cómo un cambio en los horarios de salida podría mejorar el tiempo de traslado, sin modificar rutas y sin afectar los compromisos de entrega con los clientes.
“Observamos que lo óptimo era realizar esas rutas aproximadamente dos horas más tarde de lo habitual. Así, el tiempo total de conducción se reduciría en 10 horas simplemente cambiando el horario de salida, sin optimizar ningún otro aspecto de las rutas”, explicó Coelho.
El investigador destacó que esta medida permitiría reducir alrededor de un 22% el tiempo de conducción. Además, de acuerdo con estimaciones de la empresa, esta disminución representaría un ahorro de aproximadamente 15,000 litros de combustible al año.
Compartir transporte para reducir costos y emisiones
El experto también mostró cómo la colaboración entre empresas de diferentes sectores que comparten un mismo parque industrial puede mejorar sus operaciones logísticas generando una reducción en los costos de transporte e incluso disminuyendo su impacto ambiental.
Para este caso, los investigadores trabajaron con empresas que tenían sus instalaciones dentro de un mismo parque industrial en Canadá. Cada compañía tenía su propia logística y su propio proveedor de transporte con el que operaba de manera independiente.
Esto generaba varios problemas, como una circulación innecesaria de camiones por el parque durante varios días, mayores costos para las empresas por transportar cargas pequeñas que no aprovechaban toda la capacidad de los vehículos y un aumento de emisiones contaminantes.
El equipo analizó los datos de las operaciones de transporte y presentó una propuesta de colaboración a los representantes de las empresas. Esta consistía en coordinar a las compañías para reunir sus mercancías en un punto y días de recolección compartidos.
“Nos sentamos juntos, recopilamos algunos datos, reunimos a estas personas alrededor de una mesa y les dijimos: miren, ustedes no compiten entre sí, pero quizá puedan colaborar”, explicó. “Realizamos un proyecto piloto y las cosas realmente funcionaron. Estas empresas comenzaron a colaborar, ahorrando dinero y ayudando al medio ambiente al mismo tiempo”, señaló.
Coelho destacó que en este proyecto las compañías lograron una reducción de aproximadamente 50% en los costos de transporte y hasta 80% menos emisiones de gases de efecto invernadero en el parque. “A veces, los costos y el medio ambiente no son objetivos opuestos, sino que van de la mano”, dijo.
De la investigación a soluciones reales para el transporte
El investigador también compartió un proyecto que combinó herramientas de simulación y modelos matemáticos con una implementación en el mundo real al optimizar el funcionamiento de un sistema de semáforos para reducir las detenciones de los camiones de carga.
Los investigadores usaron la información del tráfico para desarrollar un sistema inteligente que ajustaba los tiempos de duración de las luces de los semáforos.
“Modificamos los semáforos para que funcionaran de manera autónoma, ajustando los tiempos de las luces, y estábamos evitando más del 30% de las detenciones de los autobuses que circulaban con retraso y los vehículos pesados”, agregó. “Este sistema sigue funcionando hasta el día de hoy. Miles de camiones se están beneficiando de él, al igual que todos los autobuses de la ciudad”.
Rumbo al cierre de su conferencia, Coelho dijo que este tipo de proyectos demuestra que la colaboración entre las universidades y las empresas es importante para identificar problemas y desarrollar soluciones para las cadenas de suministro.
“Tenemos el conocimiento y sabemos cómo aplicarlo en la práctica. Con un poco de buena voluntad de ambas partes, podemos generar un impacto real”, señaló.
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