Los incidentes viales son una de las principales amenazas para niñas, niños y adolescentes en América Latina y el Caribe. De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), son la tercera causa de muerte entre la población de 5 a 14 años en la región.
En sus traslados escolares, las infancias enfrentan riesgos asociados con el diseño y las condiciones de las calles, además de la falta de regulaciones y las desigualdades económicas que incrementan su vulnerabilidad.
Ante este escenario, investigadores del Centro para el Futuro de las Ciudades (CFC) del Tecnológico de Monterrey participan en MoviLab Escolar: Caminos seguros, sostenibles e inclusivos, un proyecto de investigación aplicada que busca fortalecer los programas que hacen más seguros los trayectos hacia la escuela.
“La idea es que podamos mejorar y avanzar los programas de movilidad escolar segura en la región”, señala Nélida Escobedo, profesora de la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño e investigadora del centro.
El laboratorio que busca mejorar la movilidad escolar
Su operación se basa en tres componentes: el primero es un diagnóstico de los programas de movilidad para conocer sus cuellos de botella y así identificar indicadores para medir su impacto.
El segundo componente es el análisis de políticas públicas y la creación de hojas de ruta con las necesidades particulares de los países y las ciudades para mejorar los programas.
El último busca difundir el conocimiento, capacitar a servidores públicos y promover el intercambio de experiencias.
“Este proyecto está inscrito dentro de la modalidad de proyectos de Bien Público Regional que tiene el BID, una cooperación técnica en donde el banco apoya a que se genere conocimiento que derive en mejoras regulatorias de política pública y mejoras también en la ejecución y en el mantenimiento de programas”, explica Escobedo.

Un diagnóstico para saber si los programas funcionan
Como parte del diagnóstico, MoviLab analizó siete casos de movilidad escolar en América Latina: Argentina, República Dominicana y Perú, a nivel país; y Bogotá, en Colombia, y Jundiaí, Salvador y Recife, en Brasil, a nivel ciudad.
El diagnóstico considera aspectos como la visión y estrategia de los programas, el diseño vial, su operación, regulación, monitoreo y sostenibilidad financiera.
El análisis mostró que existen diferencias importantes en el nivel de desarrollo de las iniciativas. Por ejemplo, en Bogotá, Niñas y Niños Primero es un programa que se ha consolidado como parte de la operación de la ciudad, cuenta con presupuesto asignado y un equipo con experiencia para su implementación.
En Recife, Brasil, los esfuerzos se han concentrado más en intervenciones físicas, como la rehabilitación de las calles.
Sin embargo, pese a las diferencias entre los programas y en sus niveles de madurez, el equipo identificó un desafío en común: la evaluación de su impacto. Es decir, hay un rezago para medir los resultados que generan estas iniciativas.
“Algo que nos dimos cuenta en todos los beneficiarios y en toda la región es que el tema del monitoreo y de la evaluación del impacto en los programas sigue siendo un desafío”, señala Escobedo.

Medir más que la seguridad vial
Con esto en mente, el equipo ya trabaja en un modelo para evaluar el impacto de los programas de movilidad escolar de una manera estandarizada.
El objetivo es ir más allá de medir únicamente la reducción de accidentes o hechos viales. Los investigadores plantean evaluar los beneficios de estos programas en cuatro dimensiones: seguridad vial, bienestar, salud y educación.
Por ejemplo, si niñas y niños caminan hacia la escuela, el equipo puede considerar beneficios relacionados con una mayor actividad física y la reducción del estrés; incluso, se busca contemplar indicadores relacionados con el desempeño escolar.
“La idea con este modelo de evaluación que estamos desarrollando es aumentar la cantidad de indicadores para tener una visión muchísimo más integral y completa de los beneficios que aportan este tipo de programas”, explica Escobedo.

Hacia una visión con cero accidentes
Las personas en cada ciudad podrán acceder a una plataforma digital gratuita en donde habrá una especie de «brújula» y mediante una encuesta de autodiagnóstico, los usuarios podrán identificar qué tan avanzado se encuentra su programa de movilidad escolar.
La plataforma podrá ofrecer recomendaciones, lecturas y recursos que puedan ayudar a fortalecerlo e información que podrá aprovecharse en todos los niveles de toma de decisión.
El espacio también incluirá el modelo de evaluación y un repositorio digital con los diagnósticos, reportes, manuales y otros materiales.
Además, para acercar estos aprendizajes a las comunidades escolares, el equipo prepara un cuento sobre seguridad vial y un corto animado sobre las experiencias de niñas y niños en sus trayectos hacia la escuela. Ambos materiales estarán dirigidos también a madres, padres y comunidades escolares, y serán presentados durante la Feria Internacional del Libro Monterrey 2026.
Recientemente, MoviLab también presentó el informe Caminos Seguros a la Escuela en América Latina y el Caribe: Diagnóstico regional y lineamientos para fortalecer la movilidad escolar, que incluye los resultados del estudio y que funciona como una guía práctica para fortalecer este tipo de iniciativas.
“Nuestra visión es justo reducir a cero, tener una visión cero, que es tener cero siniestros y hechos viales”, señala Escobedo. “Para llegar ahí es un camino largo. En algunos casos hay más avance, en otros quizás muchos retos. Entonces la idea de nosotros es traer este conocimiento, seguir impulsando, seguir compartiendo experiencias”.
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