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Descarbonizar comunidades vulnerables: la apuesta por una transición energética participativa

ilustración colorida de edificios
El proyecto busca construir rutas de descarbonización para comunidades vulnerables a partir de la participación directa de sus habitantes. (Ilustración: Eduardo Ramón)

Aunque rara vez forman parte de la conversación sobre cambio climático, las viviendas generan una parte importante de las emisiones de gases de efecto invernadero. Para enfrentar este desafío, investigadores del Tec de Monterrey desarrollan un proyecto de descarbonización de comunidades vulnerables en Chihuahua, Puebla y Chiapas que busca diseñar rutas de transición energética a partir de la participación directa de sus habitantes.

La descarbonización consiste en reducir al máximo las emisiones de dióxido de carbono (CO2) asociadas a las actividades humanas. En las viviendas y edificios, esto implica disminuir el consumo energético, utilizar materiales con menor huella ambiental para construirlos, incorporar energías renovables y mejorar el confort térmico sin depender de sistemas de calefacción o aire acondicionado.

En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP29), el gobierno de nuestro país renovó sus compromisos de sostenibilidad, pero la ruta para la descarbonización no es del todo clara.

“Lo que vimos es que estas estrategias venían de arriba hacia abajo”, dice Caribay Godoy, investigadora de la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño (EAAD) del Tec de Monterrey y parte del grupo de investigación. “No se está tomando en cuenta lo que está pasando en las comunidades”.

Con esto en mente, Godoy e investigadores de la EAAD y de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) comenzaron un proyecto que, más allá de una estrategia tecnológica, propone hacer una transición energética participativa, equitativa y sostenible de estas comunidades. 

Su objetivo es identificar soluciones que no solo sean viables, sino que también respondan a las necesidades reales de las comunidades y puedan ser adoptadas a largo plazo.

“Muchas otras intervenciones fallan porque no hay apropiación de los recursos tecnológicos por parte de los habitantes”, dice Emanuele Giorgi, profesor investigador de la EAAD y líder del equipo.

Escuchar a las comunidades para diseñar estrategias de descarbonización

El proyecto está pensado para desarrollarse en tres etapas a lo largo de dos años y tres meses, aunque los tiempos pueden variar.

La primera etapa consistió en seleccionar tres comunidades en estados con contextos climáticos distintos: Chihuahua, Puebla y Chiapas para diagnosticar el consumo energético y las emisiones asociadas a las viviendas.

También realizaron talleres de acercamiento con sus habitantes, para entender su contexto, sus necesidades, inquietudes y posibilidades. 

“El proyecto entiende la vulnerabilidad de manera contextual”, dice Cecilia Hernández, investigadora postdoctoral de la EAAD y parte del grupo. “El objetivo es establecer una metodología transversal adaptable a cada uno”.

En Chihuahua, el trabajo se llevó a cabo en las colonias Paso del Norte y Rodolfo Aguilar. En Puebla, en la Inspectoría Emiliano Zapata y en Chiapas, en Chiapa de Corzo.

Durante la primera etapa, se implementó la metodología “Historias de vida”, un ejercicio participativo mediante el cual los habitantes compartieron experiencias relacionadas con su comunidad y sus viviendas. 

Los talleres permitieron documentar 44 historias de vida y construir mapas colaborativos que ayudan a entender las dinámicas sociales, espaciales y culturales de cada territorio.

Chihuahua, Puebla y Chiapas: tres realidades para la transición energética

Los primeros hallazgos muestran que las condiciones de vulnerabilidad son profundamente distintas entre las tres regiones. Mientras que en Chihuahua predominan viviendas construidas con block y techos de lámina que incrementan la exposición al calor, en Puebla existe una mayor diversidad de materiales de construcción y un creciente interés por tecnologías como los calentadores solares. 

En Chiapas, los desafíos están más relacionados con la transformación de viviendas familiares y la adaptación de los espacios habitados.

Uno de los hallazgos más relevantes fue que los habitantes muestran un alto nivel de conciencia sobre los efectos del cambio climático y los problemas energéticos de sus viviendas, desafiando la idea de que estos temas son ajenos a las comunidades con mayores niveles de vulnerabilidad.

“Muchas personas perciben que los últimos años han sido más difíciles debido a las temperaturas extremas”, dice Hernández. Por ello, buscan alternativas para mejorar el confort de sus hogares sin aumentar sus gastos.

Las soluciones que podrían reducir emisiones en las viviendas

Con esta información, el proyecto avanzará hacia una segunda etapa en la que se evaluarán e implementaran estrategias de descarbonización.

Entre ellas destacan mejoras en la envolvente de las viviendas, una estrategia que consiste en optimizar elementos como los muros, techos o ventanas para que mantengan condiciones de temperatura cómodas sin necesidad de instalar equipos de enfriamiento o calefacción.

También incorporarán tecnologías más eficientes para la cocción de alimentos, como las estufas eléctricas, y el uso de energías renovables, como energía solar o eólica, dependiendo de la que abunde en la región.

Hacia una metodología replicable para todo México

El objetivo final es construir una metodología replicable que permita diseñar rutas de descarbonización para viviendas adaptadas a distintos contextos del país.

«Para poder garantizar una buena calidad de vida, trabajar en la vivienda es fundamental», dice Giorgi.

Para hacerlo, en una tercera fase los investigadores replicarán las intervenciones realizadas en gemelos digitales y evaluarán su impacto en el consumo energético y las emisiones de las viviendas. 

Más allá de reducir emisiones, la iniciativa busca demostrar que la transición energética puede convertirse también en una herramienta para mejorar la calidad de vida, fortalecer las capacidades locales y construir ciudades más resilientes frente al cambio climático.

Si la metodología funciona, podría convertirse en una herramienta para que otras comunidades del país diseñen sus propias rutas de descarbonización y transición energética. “Estas nuevas alternativas pueden transformar las comunidades y además descarbonizamos”, concluye Godoy.

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Autor

Picture of Inés Gutiérrez Jaber