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Fracking en México: entre la urgencia energética y los costos ambientales

La creciente demanda eléctrica y la dependencia del gas importado reactivan el debate sobre el fracking en México y sus impactos ambientales y geológicos.
Ilustración con foto del columnista
“Si deseamos un futuro con inteligencia artificial, internet y aire acondicionado, es necesario entender nuestro rol en el sector energético. Sin energía, toda nuestra actividad moderna se paraliza”. (Foto: Cortesía. Ilustración: TecScience)

Por Gerardo Castañeda

Hace unos días, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, presentó una iniciativa que introduce el fracking como una posibilidad para incrementar la seguridad energética del país frente a Estados Unidos (EUA). De acuerdo con la información que compartió el 15 de abril, el 75% del gas natural que importa México proviene del país vecino, una dependencia significativa si se considera que más del 60% de la electricidad nacional se genera a partir de este recurso energético [1].

El fracking, una práctica reconocida como “controvertida” que no logró avanzar en México hace más de una década, vuelve ahora al centro del debate ante la necesidad del Estado de garantizar la seguridad y asequibilidad energética.

Antes de abordar la relevancia de este momento histórico, es necesario repasar el origen del fracking, su expansión y el papel que ha llegado a tener en la seguridad energética.

Fracking en lo contemporáneo

En el sector energético, la fractura hidráulica (fracking) consiste en la inyección de un fluido a alta presión en formaciones rocosas subterráneas para generar fisuras que permitan acceder a gas o petróleo crudo atrapado y extraerlo a la superficie. Este proceso no es nuevo; se utiliza desde la década de 1940 en el sur de EUA, y cobró mayor popularidad en la década de 1990 gracias a nueva tecnología, diseños de taladros para perforar y equipo de telemetría.

En nuestro país, la lógica de explorar nuevas fuentes de energía surge a partir de la crisis de petróleo árabe de los años setenta, cuando el precio del barril de hidrocarburo se elevó considerablemente –con incrementos de hasta 400%– impactando toda la cadena de suministro y la actividad económica. Este episodio evidenció la necesidad de contar con una política energética clara en materia de suministro, consumo y eficiencia.

La consolidación del fracking a nivel global tomó forma en 2012 cuando la actividad económica de EUA se vio beneficiada por tener el mayor incremento histórico en producción de petróleo, con esto pudo reposicionarse geopolíticamente frente a otros países exportadores de petróleo, como Irán, Venezuela y Rusia [2].

Esta capacidad de tener mayor independencia energética y participar como exportador en mercados internacionales es algo deseable para la economía de cualquier país. Sin embargo, las consecuencias ambientales y sociales comenzaron a hacerse visibles en las comunidades cercanas a estos proyectos.

Riesgos del fracking

Hablar de los riesgos del fracking sigue siendo motivo de debate. La discusión oscila entre quienes la consideran una práctica que debería prohibirse y quienes sostienen que puede gestionarse de manera responsable. Por un lado, las consecuencias ambientales, sanitarias y geológicas han sido atribuidas, en algunos casos, a omisiones regulatorias, errores operativos y malas prácticas de algunos proyectos que priorizaron los beneficios económicos a expensas de los impactos socioambientales.

Aunque el tiempo ha pasado y la regulación ha mejorado, las preocupaciones persisten y han dejado una huella difícil de olvidar en quienes las experimentaron. A partir de experiencias de la última década en EUA, algunos de los riesgos que México podría enfrentar incluyen:

  • Consumo y contaminación de agua: En Texas, por ejemplo, se estima que cada proyecto utiliza un consumo de agua de 64 millones de litros o más (solo una minoría usa cantidades menores). El agua utilizada en estos procesos, si no es tratada adecuadamente, corre el riesgo de ser vertida en acuíferos locales, afectando fuentes de agua para uso humano y silvestre, y arriesgando la salud.

  • Daño geológico: De acuerdo con la Sociedad Sismológica de América, temblores de baja magnitud en estados como Ohio, Pennsylvania, Virginia del Oeste, Oklahoma y Texas pueden estar relacionados con la fractura hidráulica de dichas regiones. De no manejarse cautelosamente, existe la preocupación de que dicha actividad pueda alterar la actividad sísmica de una región o incrementar la frecuencia o magnitud de algunos temblores.

¿Debería México acceder a hacer fracking?

La respuesta a esta pregunta no es sencilla, ya que existen dilemas éticos complejos. Si bien el fracking puede tener costos ambientales, ¿son realmente peores que los que asume la sociedad mexicana en otros proyectos de extracción? Por otro lado, si se decide no implementar el fracking, ¿qué alternativa podría ser aceptada por la sociedad? ¿Estaríamos dispuestos a reducir nuestro consumo energético o a invertir en la generación de nuestra propia energía? Incluso si la respuesta fuera sencilla para un individuo o un grupo, el contexto mexicano se caracteriza por una fuerte polarización al hablar de transiciones energéticas.

Dependiendo de los futuros escenarios, existen soluciones que pueden dar pequeños empujes para reducir nuestra dependencia al gas natural y producir energía eléctrica propia, como la autogeneración. Tal como se destaca en este artículo sobre prosumidores, los hogares mexicanos tienen el potencial de producir parte de la energía que consumen y hasta de aportar excedentes a la red, lo que ayuda a mitigar el impacto del consumo energético del país. Dicha estrategia se ve aún más favorecida por la posición geográfica del país, que está situado en un cinturón solar privilegiado para la generación fotovoltaica.

Sin embargo, sea cual sea la alternativa seleccionada, todas tendrán beneficios e impactos en el ambiente. La energía nuclear, por ejemplo, es una de las opciones más prometedoras, pero plantea preocupaciones con relación a su ubicación y procesamiento de residuos. Además, a diferencia de la rapidez con la que se puede poner en marcha una iniciativa de hidrocarburos, muchas de estas alternativas requieren tiempos de planeación más largos y enfrentan obstáculos administrativos y técnicos en su desarrollo.

¿Qué nos espera?

Para México, retomar el tema del fracking no solo es una necesidad, sino que también refleja las fallas pasadas en la planeación de infraestructura energética que se requiere hoy. Más allá de decisiones políticas inmediatas, la definición y los errores de hoy en política energética determinarán si mañana tendremos energía o no, a qué costo y bajo qué condiciones.

En este contexto, el desarrollo energético no puede recaer solamente en las decisiones que toman el gobierno o las empresas; también es una tarea desde la educación que brindamos a la sociedad.

La conversación no debe reducirse solo a si México debe o no implementar el fracking, sino ampliarse a una revisión sistémica de las diferentes barreras que frenan el desarrollo energético del país: la falta de coordinación entre fuerzas políticas para establecer una agenda común de desarrollo energético, incentivos que no promueven la transición energética, la ausencia de esfuerzos para promover la alfabetización energética [3, 4], hasta la inseguridad histórica que ha alejado o paralizado inversiones en el sector.

Si deseamos un futuro con inteligencia artificial, internet y aire acondicionado, es necesario entender nuestro rol en el sector energético. Esta tarea es una deuda que tenemos los habitantes de toda ciudad con relación a la energía, a partir de la cual la vida contemporánea ocurre, y en cuya ausencia, toda actividad moderna se paraliza.

Referencias

  1. https://www.iea.org/countries/mexico/electricity
  2. https://time.com/5922/fracking-energy-boom-natural-gas-geopolitics-iran/
  3. https://link.springer.com/article/10.1007/s11191-025-00657-w
  4. https://www.tandfonline.com/doi/epdf/10.1080/13504622.2022.2135687
  5. https://www.inegi.org.mx/temas/educacion/
  6. https://tecscience.tec.mx/es/divulgacion-ciencia/prosumidores-energias-renovables/


Autor

Gerardo Castañeda Garza es líder en iniciativas de Inteligencia Artificial para la Educación en el Instituto para el Futuro de la Educación (IFE) del Tec de Monterrey. Cuenta con un Doctorado en Innovación Educativa por el Tec de Monterrey. Es miembro dentro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) de México. Ha colaborado en proyectos nacionales e internacionales, como investigador en alfabetización energética en el Laboratorio Binacional para la Gestión Inteligente de la Sustentabilidad Energética y Formación Tecnológica (CONACYT-SENER),

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