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Cómo las cadenas de suministro marítimas están contaminando los océanos

Este análisis identifica las amenazas de la actividad económica sobre los océanos, como derrames químicos, contaminación plástica, residuos de barcos y sobrepesca.
Ilustración de un barco de carga en altamar
Más del 80 % del comercio internacional fluye por el océano, pero cada año 11 millones de toneladas de plástico terminan en sus aguas. Sin una gestión responsable de las actividades industriales en altamar, esta cifra podría triplicarse para 2040. (Foto: Getty Images)

Por Miguel Córdova, Mariléia Batista e Ivanete Schneider

El 25 de septiembre de 2025 se celebró el Día Marítimo Mundial, con el lema: “Nuestro océano, nuestra obligación, nuestra oportunidad”. Los océanos, que cubren más del 70 % de la superficie del planeta, son esenciales para la vida y un pilar clave del desarrollo económico global.

A pesar de su importancia, es un ecosistema que enfrenta graves amenazas. El estudio “Impacts of global supply chains on ocean health and mitigation practices: a systematic literature review” analiza los riesgos que las cadenas de suministro globales representan para los océanos.

La investigación identifica cinco grandes amenazas: 1) derrames químicos y contaminación plástica; 2) disposición inadecuada de residuos a bordo de barcos; 3) pesca insostenible y sobreexplotación; 4) vertidos industriales y agrícolas; y 5) extracción de recursos. 

Estas actividades degradan la biodiversidad marina y los ecosistemas, generando zonas muertas en las costas y aumentando la presencia de microplásticos y los riesgos de minería submarina.

Contener la sobreexplotación del océano

La crisis de los océanos comienza en tierra firme. Una parte significativa de los residuos urbanos e industriales que flotan en el mar tiene su origen en una gestión deficiente. De ahí la urgencia de revisar y fortalecer las regulaciones internacionales en cinco temas:

1. Microplásticos

La literatura científica advierte que, si las actividades humanas en el mar no cambian, para 2050 el 99 % de las aves marinas habrá ingerido plástico. Una evidencia visible de esta crisis es el Gran Parche de Basura del Pacífico, una enorme acumulación de microplásticos generados por actividades económicas y pesqueras a escala global (National Geographic, 2024). Cada año se producen 369 millones de toneladas de plástico en el mundo, de las cuales 11 millones terminan en el océano; si la tendencia actual continúa, esta cifra podría triplicarse para 2040 (Naciones Unidas, 2023).

La propuesta para atender esta problemática consiste en revisar y fortalecer las regulaciones sobre la gestión de residuos, al tiempo que se fomente la cooperación internacional entre empresas privadas, gobiernos y sociedad civil, para establecer sanciones estrictas para los actores contaminantes.

2. Desperdicios de barcos

Un informe de la Agencia Europea de Seguridad Marítima (EMSA) identifica residuos críticos generados a bordo de los buques —como aguas residuales, plásticos, restos de alimentos, aceites de cocina y cenizas de incineradores, entre otros— que requieren un manejo estricto.

Frente a este panorama, invertir en tecnologías más avanzadas para modernizar los buques portacontenedores y de carga, junto con sistemas más robustos de rastreo y trazabilidad en las cadenas de suministro marítimas, permitiría identificar puntos críticos, asignar responsabilidades y reducir prácticas que continúan afectando a los océanos.

3. Pesca insostenible

La pesca es un eslabón clave de la cadena alimentaria global, pero con frecuencia se realiza bajo prácticas insostenibles, como la sobrepesca y la captura de especies en peligro (FAO, 2016). Casos emblemáticos, como el colapso de las poblaciones de bacalao en el Atlántico Norte, evidencian la urgencia de adoptar esquemas de pesca sostenible y sistemas de certificación.

A ello se suma el impacto de los subsidios pesqueros otorgados por gobiernos, que, aunque buscan apoyar al sector, han contribuido al agotamiento de las poblaciones marinas al incentivar la sobreexplotación.

Esta situación obliga a revisar y rediseñar los indicadores internacionales de sostenibilidad vinculados al océano, así como fomentar la adopción de tecnologías más eficientes en la pesca de gran escala.

4. Efluentes industriales y agrícolas

Los efluentes industriales y los escurrimientos agrícolas transportan contaminantes químicos desde tierra hacia ríos y océanos, donde generan zonas muertas sin oxígeno. Estos vertidos, asociados a procesos industriales de las cadenas globales de suministro, están provocando la muerte de especies marinas y contribuyen al calentamiento global. De hecho, a nivel mundial, el número de zonas muertas creció de 400 en 2008 a 700 en 2019 (Naciones Unidas, 2021).

Ejemplos emblemáticos incluyen la zona del Golfo de México, donde el arrastre de fertilizantes por el río Misisipi alimenta proliferaciones de algas, cuya descomposición agota el oxígeno del agua; y el Mar de Mármara frente a Estambul, afectado por aguas residuales urbanas e industriales que generan condiciones de hipoxia similares. En ambos casos, estas condiciones provocan la muerte de peces y otras especies, afectando gravemente la biodiversidad marina y la pesca local (National Geographic, 2025).

Esto lleva a promover que se adopten tecnologías de producción sostenibles en tierra, con énfasis en modelos de reciclaje y reutilización de recursos, así como en el uso de energías renovables. Al mismo tiempo, se requiere un monitoreo y regulación más estrictos de industrias específicas, como la del acero, por sus sistemas de descarga de residuos, y la agrícola, debido al uso de fertilizantes y pesticidas.

5. Extracción de recursos del océano

Desde 2013, la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA) autorizó la exploración del lecho marino, pero no ha completado el código de explotación para la minería profunda. Esto es relevante porque minerales clave para baterías de iones de litio —como níquel, cobalto y magnesio— podrían alcanzar un valor de 120 000 millones de dólares para 2027.

Hay que mencionar que la minería submarina y la expansión de la extracción de petróleo en altamar representan graves riesgos para los hábitats y la biodiversidad marina, por lo que las regulaciones internacionales estrictas y técnicas de minería más sostenibles son indispensables.

A esto se suma la importancia de sustituir los combustibles de barcos de carga y pesqueros por fuentes de energía limpia y renovable; además de fortalecer las políticas y los procedimientos de supervisión de estas flotas marítimas, regulando y previniendo derrames de petróleo y actividades ilegales en aguas internacionales.

El comercio global y el mar

El océano es vital para el comercio internacional: más del 80% del comercio global fluye por vías marítimas. Las cadenas de suministro marítimas funcionan como el sistema circulatorio del comercio mundial, transportando bienes estratégicos y valiosos alrededor del planeta.

Este uso intensivo del mar, como medio para transportar mercancía, provoca su sobreexplotación y contaminación, por lo que proteger los océanos requiere replantear cómo operan las cadenas de suministro

Desde la gestión adecuada de residuos y el cumplimiento estricto de las normativas ambientales, hasta la adopción de procesos de producción más limpios, la reducción del uso de químicos agrícolas y la práctica de una pesca sostenible. Incluso la extracción de recursos marinos puede minimizar su impacto mediante el uso de combustibles más limpios y operaciones responsables.

Referencia

Cordova, M., Batista Fertig, M., & Schneider, I. (2025). Impacts of global supply chains on ocean health and mitigation practices: a systematic literature review. Cleaner Logistics and Supply Chain, 15, 100228.

Autores

Miguel Córdova. Profesor en la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey, México. Posee un doctorado en Gestión Estratégica y Sostenibilidad. Sus intereses de investigación incluyen Poder e Influencia, Desarrollo Sostenible, Estrategia, Democracia Económica, Cadenas de Suministro Globales y Economía Azul. Es presidente del Grupo de Interés Especial en Enseñanza y Educación de la Academy of International Business (AIB). Es editor asociado del International Journal of Sustainability in Higher Education y miembro del Consejo de Expertos en Democracia Económica de la Unión Europea.

Marileia Batista Fertig. Profesora en la Universidade Alto Vale do Rio do Peixe (UNIARP), Brasil, y candidata a doctorado en Desarrollo y Sociedad en la misma institución. Posee títulos en Administración de Empresas y Psicología y cuenta con más de 25 años de experiencia como emprendedora en el sector de consultoría. Sus intereses de investigación se centran en psicología organizacional, innovación y estrategia, con un enfoque particular en la dinámica de los equipos de alta dirección y el desempeño organizacional.

Ivanete Schneider Hahn. Profesora en el Departamento de Posgrado en Desarrollo y Sociedad de UNIARP, Brasil, donde enseña desde 2014. Posee un doctorado en Administración de Empresas con énfasis en Estrategia Organizacional y una beca posdoctoral en Innovación por la Escuela de Economía, Administración y Contabilidad de la Universidad de São Paulo (FEA-USP). Sus intereses de investigación incluyen estrategia, negocios internacionales, innovación y desarrollo sostenible.

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