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Plásticos bajo la lupa: reciclar no siempre reduce el impacto ambiental

No existe el plástico “bueno”. Investigación señala que la sostenibilidad de los empaques depende del contexto: qué contienen, cuánto duran y la gestión final del material.
Cientos de botellas de PET en proceso de reciclaje o reuso
De acuerdo al estudio, el PET es una buena opción ambiental cuando se recicla, pero si termina como residuo, entonces pierde su ventaja ambiental. (Foto: Getty Images)

Por Lydia Elena Pérez Pastrana e Iván García Kerdan

Los plásticos de un solo uso están en el debate ambiental contemporáneo. 

A nivel global, en 2022, la producción de plásticos superó los 400 millones de toneladas por la demanda de envases y empaques de un solo uso, especialmente para sistemas agroalimentarios [1]. 

Aunque estos envases facilitan la conservación de alimentos y el acceso a bienes básicos, su producción y disposición generan impactos ambientales significativos. Es un problema que se ha abordado con el reciclaje como solución, pero reciclar no es tan sencillo para lograr una reducción significativa del impacto ambiental.

El estudio “Environmental performance of single-use plastic packaging: A life cycle assessment of end-of-life scenarios in the agri-food sector” revisa —desde una perspectiva integral y mediante el análisis de ciclo de vida (LCA)— una metodología científica que permite evaluar impactos ambientales considerando todas las etapas de un producto: desde la extracción de materias primas hasta su disposición final [3]. 

Resulta que solo 9% de los materiales se recicla de forma efectiva, mientras el resto termina en rellenos sanitarios, incineradores o, peor aún, disperso en el ambiente [4], [5]

Así que, a diferencia de los enfoques centrados únicamente en la gestión del residuo, este estudio evaluó 102 escenarios distintos que combinan el tipo de plástico, el producto que contienen, el contenido reciclado y las distintas formas de disposición final, para analizar el impacto ambiental del sistema completo de empaque.

Efectividad del reciclaje: cómo medirla

La investigación consideró la composición de material: plástico virgen, mezclas con material reciclado y opciones con recuperación de energía. Así como cinco estrategias de disposición final: 1) reciclaje mecánico, 2) reciclaje  químico, 3) incineración, 4) incineración con recuperación de energía y 5) relleno sanitario. Esto sumado a seis productos agroalimentarios comunes: arroz, frijol, maíz, aceite vegetal, agua y detergente.

Lo anterior permitió identificar no solo qué material es “mejor”, sino también en qué condiciones y en qué contexto.

Al revisar si, al incrementar el contenido reciclado, se garantiza una reducción proporcional del impacto ambiental, resultó que en algunos casos sí se observan beneficios claros en la etapa de fabricación. Sin embargo, en otros, estos beneficios son marginales o quedan opacados por impactos en la etapa de uso o en el fin de vida.

Hay que aclarar que el reciclaje es importante, pero su efectividad depende de las tasas reales de recuperación, la calidad del material reciclado y la infraestructura disponible.

Uno de los hallazgos más relevantes es que el impacto ambiental del empaque depende en gran medida de lo que contiene. En varios escenarios, los impactos asociados al producto —particularmente alimentos con alta huella hídrica o uso intensivo de fertilizantes— superaron ampliamente a los del propio plástico.

Por ejemplo, una bolsa de LDPE (polietileno de baja densidad, un plástico flexible y ligero común en bolsas y envolturas) utilizada para envasar arroz o aceite vegetal puede tener un impacto ambiental mucho mayor que la misma bolsa usada para frijoles o maíz, independientemente de si el plástico es virgen o reciclado, porque estos productos requieren más agua, energía y procesamiento desde su producción.

Esto demuestra que evaluar la sostenibilidad del empaque sin considerar su función puede conducir a conclusiones incompletas. Esto significa que cambiar el plástico no compensa un producto ambientalmente intensivo de origen.

No todos los plásticos se comportan igual ni se reciclan de la misma manera. Las bolsas de LDPE tendieron a mostrar los mayores impactos ambientales, especialmente cuando se combinaron con productos intensivos en recursos y estrategias de disposición poco eficientes. 

En contraste, los envases de HDPE (polietileno de alta densidad, un plástico más rígido y resistente, común en botellas de leche, detergentes o garrafones) presentaron un mejor desempeño general, debido a su durabilidad y mayor reciclabilidad.

El PET (tereftalato de polietileno, un plástico transparente y ligero, común en botellas de agua y refrescos), aunque ampliamente reciclado en México, resultó sensible a la estrategia de fin de vida. Es decir, es una buena opción ambiental si realmente se recupera y recicla; si termina como residuo, pierde su ventaja frente a otros materiales.

En tanto  que el PP (polipropileno, un plástico más rígido y resistente al calor, usado en tapas, envases de yogurt o recipientes reutilizables) mostró una alta variabilidad dependiendo del uso específico. Es decir, su impacto ambiental no es fijo: puede ser bajo o alto según si se reutiliza, cuánto dura y qué ocurre con él al final de su vida.

Mapa del Estado de México que destaca su ubicación dentro del país y los municipios de Toluca y Tlalnepantla de Baz, seleccionados como caso de estudio por su alta generación de residuos, consumo de plásticos y disponibilidad de datos.

El contexto mexicano

El caso de estudio tomado fue el Estado de México, donde viven cerca de 17 millones de personas. Ahí se generan todos los días 16,739 toneladas de basura —alrededor de 1 kilo por persona—, y una parte importante son empaques (32%) y plásticos (13%), como PET, HDPE, PP y LDPE. 

Municipios como Toluca y Tlalnepantla, con alto consumo y generación de residuos, muestran cómo en un contexto de gran volumen de basura —el estado aporta alrededor del 12% del total nacional— el impacto de los empaques no puede analizarse por separado, sino dentro de un sistema local donde influyen tanto el consumo como la forma en que se gestionan los residuos.

Esto se traduce en que no basta con que un material sea “mejor” en teoría, porque si se usa masivamente o no se gestiona bien, su impacto crece igual.

En el país, la recuperación de materiales depende en gran medida de recicladores informales, actores fundamentales que rara vez se incluyen en evaluaciones ambientales. Incorporar su papel permite una representación más realista del sistema de gestión de residuos y refuerza la idea de que no existen soluciones universales [9].

Los resultados cuestionan la noción de que la sostenibilidad de los plásticos se resuelve únicamente cambiando de material o aumentando el reciclaje. En muchos casos, los mayores beneficios ambientales se logran repensando qué se envasa, cómo se consume y cómo se gestiona el residuo, desde una perspectiva sistémica.

No existe un “plástico ideal” en abstracto. La sostenibilidad depende de una combinación de factores: el tipo de producto, el diseño del envase, su vida útil y la eficiencia del sistema de gestión de residuos en el que se inserta.

Referencias
  1. Plastic Europe, “Plastics the fast Facts 2023-1,” Brussels, Oct. 2023. Accessed: Mar. 26, 2024. [Online]. Available: Circular Economy for Plastics – A European Overview’ report, early 2024.
  2. “ISO 14040:2006 – Environmental management — Life cycle assessment — Principles and framework.” Accessed: Sep. 29, 2025. [Online]. 
  3. L. Perez-Pastrana, Z. Guevara, E. Castillo, J. Ascencio Gutierrez, R. Bustamante-Bello, and I. García Kerdan, “Environmental performance of single-use plastic packaging: A life cycle assessment of end-of-life scenarios in the agri-food sector,” Cleaner and Responsible Consumption, vol. 20, p. 100383, 2026
  4. R. Hossain, M. T. Islam, A. Ghose, and V. Sahajwalla, “Full circle: Challenges and prospects for plastic waste management in Australia to achieve circular economy,” J Clean Prod, vol. 368, p. 133127, Sep. 2022
  5. P. Prajapati et al., “Critical review on technological advancements for effective waste management of municipal solid waste — Updates and way forward: Advancements in Municipal Solid Waste Management,” Environ Technol Innov, vol. 23, 2021
  6. J. Treviño Aguado, “PLAN DE MANEJO ECOCE,” CDMX, Nov. 2019. Accessed: Oct. 23, 2023. [Online]. Available: https://www.ecoce.mx/plan_nacional
  7. Ecología y Compromiso Empresarial, “2020: El Reciclaje en México es la mejor solución para el cuidado del medio ambiente y generación de empleos,” ECOCE, 2020.
  8. “Informe de 20 años ECOCE”
  9. B. Espinosa-Aquino, X. Gabarrell Durany, and R. Quirós Vargas. “The Role of Informal Waste Management in Urban Metabolism: A Review of Eight Latin American Countries,” Sustainability (Switzerland), vol. 15, no. 3, Feb. 2023

Autores

Lydia Elena Pérez Pastrana. Estudiante del Doctorado en Ciencias de la Ingeniería y profesora de cátedra en el Tec de Monterrey. Su investigación se enfoca en el análisis de ciclo de vida aplicado al reciclaje de plásticos y la economía circular, con énfasis en la evaluación de impactos ambientales de materiales y empaques de un solo uso. Su trabajo integra análisis ambiental y modelos sustitutos basados en machine learning, contribuyendo a la toma de decisiones en la gestión de residuos plásticos. Sobre estos temas ha colaborado como divulgadora de la ciencia con TecScience.

Iván García Kerdan. Profesor asociado y director de división, en Campus Santa Fe, de la Escuela de Ingeniería y Ciencias (EIC) del Tec de Monterrey. Su investigación aborda la descarbonización, el cambio climático y la economía circular, con énfasis en edificaciones de baja emisión de carbono, simulación energética y materiales sustentables en entornos urbanos densos. Ha publicado más de 30 artículos científicos arbitrados y es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

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