Innovar en educación es una misión central de las instituciones académicas en todo el mundo. Para lograrlo, los especialistas coinciden en que la investigación debe guiar ese proceso.
“Lo fundamental es tener evidencia en educación y saber qué sí funciona y qué no”, señaló Javier Guzmán, vicepresidente de Investigación del Tec de Monterrey, durante su participación en el panel Without Evidence, There is No Innovation. The Power of Educational Research, realizado en el primer día del IFE Conference 2026.
El panel fue moderado por Luis Portales, director de Experimentación y Medición de Impacto del Institute for the Future of Education (IFE) del Tec de Monterrey, y en él Javier Guzmán, junto con Juan José Mena, investigador de la Universidad de Salamanca, y Francisco García, profesor investigador de la misma institución, analizaron por qué es necesario hacer investigación sobre las nuevas tecnologías, herramientas e intervenciones que se usan para educar.
Los especialistas coincidieron en que la educación tiene el poder de transformar sociedades, pero para saber si realmente funciona, la investigación es su mejor aliada. “Es importante para que la innovación genere impacto”, dijo Mena. “Yo creo que porque orienta, legitima y hace responsable a la innovación”.
Desde su perspectiva, cuando la innovación no se pone a prueba, puede convertirse en una creencia, en lugar de una evidencia, lo cual podría impedir que se tomen decisiones informadas para el progreso de la educación.

Investigación y nuevas tecnologías en educación
Para los panelistas, la investigación debe ser el eje de la innovación, especialmente en el uso de nuevas tecnologías aplicadas a la educación, como la inteligencia artificial (IA). “En diez años estaremos hablando de otra tecnología y tendremos que incorporarla, pero siempre tenemos que regresar a la pregunta fundamental de por qué hacemos esto”, enfatizó Guzmán.
La IA y otras tecnologías pueden ayudar, pero si no se aplican entendiendo el contexto específico de cada salón de clases, país y región, el riesgo de que existan sesgos que frenen los beneficios que podrían traer es alto.
“Es importante ir más allá de la mera tecnología; hay que darle un uso para que realmente se provoque ese cambio”, explicó García.

Más allá de la coyuntura tecnológica, los ponentes coincidieron en un punto central: la educación necesita evidencia para avanzar.
Aunque históricamente ha sido guiada por la tradición, en años recientes la evidencia se ha vuelto clave para mejorar la enseñanza y el diseño curricular.
De acuerdo con los especialistas, avanzar en educación y evaluar si las innovaciones funcionan requiere investigación. Además, debe ser longitudinal, con generación de datos abiertos y contextualizada a cada situación particular.
“La brecha entre los diseños de investigación y la práctica en la vida real siempre ha existido, es entre teoría y práctica”, dijo Mena. “Te tienes que ajustar a los contextos, a las dificultades que tienen tus alumnos o las dinámicas de las instituciones”.
Hacia una innovación educativa basada en evidencia
De acuerdo con Guzmán, en México y América Latina, la evidencia no siempre ha guiado la toma de decisiones en educación u otras áreas de desarrollo, lo cual ha frenado su poder de transformación. “La investigación que hagamos tiene que ser aplicada, necesitamos definir qué significa eso para la educación”, dijo Guzmán.
A futuro, los especialistas coinciden en que la investigación debe incorporarse desde la primera fase de cualquier innovación educativa, para que realmente tenga impacto, concluyó Guzmán.
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