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Raúl Monroy: repensar la IA 

Tras cuatro décadas explorando la inteligencia artificial, el investigador Raúl Monroy recibe el Premio Insignia –máximo galardón del Rómulo Garza–, como reconocimiento a una trayectoria que combina rigor científico, formación de talento y una mirada crítica sobre el futuro tecnológico actual.
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Para Raúl, la inteligencia artificial ha tenido diferentes inviernos y primaveras; hoy pasa por lo que él llama un “verano caluroso”. (Foto: Alejandro Salazar/TecScience)

La inteligencia artificial hoy ocupa titulares, conversaciones cotidianas, además de ser la principal apuesta de las grandes empresas tecnológicas; pero en los ochenta, cuando Raúl Monroy se adentró en el mundo de la IA, el término apenas circulaba fuera de los círculos especializados. El investigador recuerda que cuando comentaba que tenía un posgrado en IA, la gente lo miraba entre sorprendida y escéptica.

El Profesor investigador de la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tecnológico de Monterrey campus Estado de México ha dedicado su carrera al desarrollo de modelos de aprendizaje automático para automatización, ciberseguridad y procesamiento de lenguaje natural. Es fundador y líder de un grupo de investigación en inteligencia artificial avanzada; fue presidente de la Sociedad Mexicana de Inteligencia Artificial y ahora recibe el Premio Insignia 2025 del Premio a la Investigación e Innovación Rómulo Garza.

Nos encontramos en la biblioteca del campus Monterrey; él llega súper puntual y me saluda con un fuerte apretón de manos y una sonrisa cálida. Frente a la cámara, se muestra cooperativo y amable, pero cuando la conversación comienza y el tema gira hacia algoritmos y líneas de investigación, su tono se vuelve preciso, casi quirúrgico, sin perder cercanía.

Hablar de su niñez lo lleva a matizar: no se considera alguien “precoz” en tecnología, pero sí profundamente curioso. Creció en Acapulco, en una familia cuyo negocio era una refaccionaria; su padre, mecánico, le enseñó a entender los motores y a mirar la ingeniería detrás del movimiento. Luego empezó a “investigar” en los aparatos de radio y televisión para entender cómo funcionan las cosas. Esa inquietud lo acompañó cuando tomó una decisión que marcaría su vida: salir de Acapulco para estudiar ingeniería.

Esta no es la primera vez que Raúl es distinguido con un Premio Rómulo Garza. En un par de ocasiones ya fue reconocido por su labor científica. (Foto: Alejandro Salazar / TecScience)

¿Cómo decides hacer una carrera en electrónica?

A principios de los ochenta no había muchas opciones de educación superior ni en Acapulco ni en Chilpancingo. La Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, se veía como una oportunidad fresca, incluso libre de esos “pecados capitales” como las huelgas que todavía preocupaban a muchos padres por el recuerdo del 68.

Yo tenía muy claro que quería estudiar ingeniería. Me atraían las ciencias duras, sobre todo el área de las ciencias físico-matemáticas. Pero también había el deseo de que mi profesión me permitiera mejorar mi situación económica. Esa combinación —interés por las ciencias y posibilidad de movilidad— fue lo que me motivó a salir y estudiar ingeniería electrónica.

En 1985, tras terminar sus estudios de profesional y trabajar como asistente de laboratorio en la UAM, su supervisor de tesina, Emanuel Moya, lo invitó a integrarse como profesor asistente al Tec, campus Estado de México. Ese mismo año se incorporó al Departamento de Computación, algo que, sinceramente, no le interesaba tanto como las comunicaciones electrónicas; pero dos años más tarde, conoció la inteligencia artificial.

Hoy, tras una larga trayectoria en el Tec de Monterrey, se ha convertido en una de las voces con mayor experiencia en este campo, ha formado varias generaciones de estudiantes, ha publicado decenas de artículos científicos y consolidado un grupo de investigación en inteligencia artificial avanzada.

¿Tiene alguna ventaja ser investigador del Tec de Monterrey?

Gracias a la institución tuve la licencia para hacer mis estudios de posgrado y eso genera gratitud. También encuentro que aquí las cosas suceden cuando las buscas; no hay esa lentitud que a veces limita. El Tec es competitivo y tiene un ambiente muy agradable. Es un entorno que ha crecido mucho. Hay colegas con quienes siempre es interesante trabajar y espacios como el Congreso de Investigación —hoy TecScience Summit— que han sido puntos de encuentro.

A Raúl Monroy le gusta mucho viajar y conocer otros centros de investigación. Esto le permite intercambiar ideas, dialogar con otras personas, establecer relaciones interpersonales no sólo profesionales. (Fotos: Cortesía)

La IA: de los inviernos al “verano caluroso”

Para Raúl, la inteligencia artificial ha tenido diferentes inviernos y primaveras; hoy pasa por lo que él llama un “verano caluroso”. Recuerda que incluso hubo programas de posgrado que dejaron de usar el término porque dificultaba la obtención de fondos. Sin embargo, en México existía tanto interés que en 1987 se formalizó la Sociedad Mexicana de Inteligencia Artificial (SMIA) y comenzaron a organizarse reuniones académicas.

A finales de los noventa, decidió profundizar en la IA desde sus fundamentos y, tras concluir la Maestría en Sistemas Computacionales en el Tec de Monterrey, viajó al Reino Unido para obtener un Doctorado en Inteligencia Artificial en la Universidad de Edimburgo.

Con el tiempo, Raúl Monroy ha figurado como uno de los referentes en este campo en el país; por ejemplo, entre 2010 y 2012 fue presidente de la SMIA y, en 2015, fue uno de los fundadores de la Academia Mexicana de Computación.

Considera que la IA vive un gran momento, tiene más de 40 subdisciplinas, como planeación, comprensión del lenguaje y visión, entre otras, pero también esto convive con expectativas que no siempre se cumplirán.

Frente al futuro de la IA, ¿debemos emocionarnos o preocuparnos?
Las dos cosas. El gran riesgo es que mucha gente cree lo que le dice un chatbot sin cuestionarlo. La manipulación, consciente o no, es algo común y todos estamos expuestos a narrativas.

Pero al mismo tiempo hay muchas razones para emocionarse. Enfermedades que antes no tenían tratamiento, por falta de tiempo o de recursos, ahora pueden abordarse. Hay beneficios claros en el diseño y la verificación de tecnologías. Lo que necesitamos son programas que eduquen a la sociedad para usar la IA de forma responsable y más investigación que garantice que estos modelos sean seguros.

Raúl cuenta cómo cree que este premio impulsa su carrera como investigador. (Foto: Alejandro Salazar / TecScience)

Más allá del laboratorio, la búsqueda de equilibrio

Raúl es parte del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII) donde tiene Nivel 3. También es miembro regular de la Academia Mexicana de Ciencias y ha sido investigador visitante en el Centro de Investigación Alemán para la Inteligencia Artificial (DFKI)​​, en Saarbrücken, Alemania. En su perfil institucional destaca que lo que más le gusta de su profesión es la capacidad de transformar vidas, generar y transferir conocimiento, y resolver problemas. Sin embargo, reconoce que la academia no puede ocuparlo todo y que, para alcanzar la plenitud, es necesario cuidar otras dimensiones igual de importantes, como la familia y la salud mental.

Hace tiempo te escuché decir que para los investigadores debe haber un balance entre lo personal y lo profesional
Es difícil lograr el equilibrio, sobre todo cuando tienes metas ambiciosas; pero definitivamente hay que intentar el balance entre la familia y el trabajo y darle prioridad a tu salud mental. Necesitamos comprender que todo tiene su tiempo y sus momentos.

¿Cómo es tu relación con tu familia? [Por un momento, el investigador eleva la mirada, se pone pensativo y responde emocionado]
Mi esposa (Claudia Fraustro) y yo llevamos 35 años de casados y nuestros dos hijos, Diego y Daniela, ya son mayores; son personas que me hacen sentir muy orgulloso.Siempre he tratado de que el trabajo no se colara en la casa, que nuestra relación fuera más allá: compartir actividades, salir, practicar deporte. Claro que se interesan en mi carrera, pero sobre todo me apoyan como persona y eso es lo más importante.

¿Tienes algún hobbie? ¿Qué actividades disfrutas?

Me apasiona la lectura, sobre todo me gusta leer novelas, aunque no tengo un autor favorito me gustan los autores latinoamericanos como Roberto Bolaño, Cortázar, Benedetti, y más contemporáneos Xavier Velasco. También disfruto mucho caminar, tanto en el bosque como en el centro de una ciudad. Acostumbro mucho ir a museos, uno de los que más frecuento es el Museo del Estanquillo de Carlos Monsiváis, en la Ciudad de México, que tiene exposiciones temporales muy buenas.

La responsabilidad del reconocimiento

Esta no es la primera vez que Raúl es distinguido con un Premio Rómulo Garza. En un par de ocasiones ya fue reconocido por su labor científica; una de ellas en 2011, cuando obtuvo un tercer lugar como coautor de artículo. Sin embargo, en esta ocasión se trata del Premio Insignia, el máximo reconocimiento que otorga el Tec de Monterrey a una trayectoria de excelencia en investigación.

¿Cómo crees que este premio impulsa tu carrera como investigador?
Tiene muchos efectos. Espero que abra puertas, pero también que impacte directamente en el grupo de investigación, porque es la distinción más importante dentro del Tec. Lo esencial es el compromiso que implica un reconocimiento así.

¿A quién dedicas este galardón?
Como hablábamos de las dimensiones, es mi persona que se siente muy orgullosa, pero también estoy muy agradecido con el Instituto, con mis estudiantes y colegas. Ha habido personas en diferentes entidades que me han ayudado muchísimo, con las cuales he crecido.También a mis hijos y a mi esposa, que me ha acompañado. Al final, yo solo recibo este premio, pero en realidad viene acompañado del esfuerzo de muchos.


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Autor

Picture of Ricardo Treviño