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Los festivales de música también son decisiones financieras y los jóvenes sí las planean

El estudio de investigadores de la Escuela de Negocios se enfocó en identificar comportamientos financieros en el contexto de entretenimiento y ocio de un festival como Pa'l Norte.
imagen de jóvenes asistiendo a un festival
Estos eventos convocan a multitudes por hasta tres días, con artistas de talla internacional, y generan derramas económicas que pueden superar los 1,000 millones de pesos. (Foto: Getty Images)

Cientos de miles de personas asisten cada año a los grandes festivales de música que se realizan en México, como el Vive Latino (alrededor de 150,000), el Corona Capital (más de 230,000) o el Tecate Pa’l Norte (unas 300,000). Más allá del espectáculo, estos eventos implican una serie de decisiones financieras para los asistentes: desde boletos que pueden superar los 10,000 pesos hasta gastos en alimentos y bebidas durante varios días.

Para entender cómo se toman estas decisiones, investigadores del Tecnológico de Monterrey han realizado estudios sobre los comportamientos financieros de quienes asisten a estos eventos. 

Uno de ellos es el Informe de Cultura Financiera: Hábitos financieros y de consumo en entretenimiento en el Festival Pa’l Norte que realizaron Francisco Javier Orozco y Christian Reich, profesores investigadores del FAIR Center for Financial Access, Inclusion and Research de la Escuela de Negocios.

“Entender los hábitos financieros y de consumo de las personas abre la posibilidad de brindarles herramientas financieras antes, durante y después de estos eventos”, dice Orozco, líder de la Región Monterrey del FAIR Center.

Francisco Javier Orozco, investigador y líder de la Región Monterrey del FAIR Center for Financial Access, Inclusion and Research de la Escuela de Negocios del Tec. (Foto: Cortesía Francisco Javier Orozco)

Festivales de Música en México: ¿Cuánto gastamos?

Según el investigador, estudios previos realizados por el equipo, en particular, el Informe de Cultura Financiera en Estudiantes del Tecnológico de Monterrey, arrojan que el esparcimiento, la música y los eventos en vivo, como estos grandes festivales, forman parte de los principales rubros de gasto personal en el apartado de estilo de vida y consumo. Además, estos eventos convocan a multitudes por hasta tres días, con artistas de talla internacional, y generan derramas económicas que, según estimaciones de expertos, pueden superar los 1,000 millones de pesos. 

Con esa premisa, el equipo llevó a cabo el estudio durante la edición 2024 del festival que se realiza en Monterrey, Nuevo León, con el objetivo de entender cómo los asistentes planifican, financian y gestionan su dinero en un contexto de ocio y entretenimiento masivo. Para obtener información sobre el comportamiento financiero, el equipo diseñó una encuesta que fue aplicada a 167 asistentes al festival, durante y después del evento.

Orozco explica que, con la información obtenida, se realizó un análisis que se enfocó principalmente en dos dimensiones: los hábitos financieros, es decir, cuánto gastan las personas, cómo financian su asistencia y qué tanto planifican su presupuesto; y los hábitos de consumo, con una revisión sobre en qué gastan dentro del festival, cuáles son las principales categorías de gasto y qué factores influyen en sus decisiones, así como medios de pago más utilizados.

Según los resultados del estudio, el perfil de los asistentes está entre una edad joven adulta que va de los 18 a los 34 años; más del 80% del público está en ese rango de edad. Además, un 54.5% de los encuestados se identificó como profesionista y un 35.9% como estudiantes, lo que indica que se trata de eventos que atraen tanto a quienes ya son parte del mercado laboral como a jóvenes en formación.

Entre los hallazgos sobre los hábitos financieros, el estudio revela que la mayoría de los asistentes no utilizó crédito para pagar su experiencia, sino que lo hizo con ahorros personales.

El análisis reveló que 67.7% de los participantes usó dinero previamente ahorrado, mientras que solo un 10.2% utilizó tarjeta de crédito, y una proporción menor solicitó préstamos a familiares o amigos.

“Queríamos entender estos estigmas o etiquetas que se han impuesto a las nuevas generaciones, como la idea de que todo se financia con crédito. Pero encontramos que el evento es financiado ─principalmente─ con ahorro”, explica Orozco. 

Planeamos cuánto gastar

Agrega que este hallazgo sugiere que, lejos de tratarse de un gasto impulsivo, asistir a un festival implica una planificación financiera previa. Esto se alinea con otro resultado del estudio, que indica que 69.5% de asistentes ya habían participado previamente en el festival, por lo que podría tratarse de una experiencia que se repite y se integra de manera recurrente en un presupuesto anual de entretenimiento.

Como parte de la planeación para la experiencia, el estudio indica que aproximadamente 33.5% de los asistentes sigue un presupuesto para su consumo; sin embargo, 32.9% toma decisiones por impulso. Aunque también intervienen otros factores, por ejemplo, la influencia del grupo, es decir, cuando las personas asisten acompañadas de amigos o familiares.

“Ir acompañado al evento tiene un impacto positivo en el gasto. Es correlacionado que quienes van con alguien terminan consumiendo más”, señala Orozco.

“Dentro de las finanzas conductuales están los sesgos cognitivos y en estos eventos hay principalmente tres que impactan al gastar: el sesgo del presente, gratificación de manera inmediata y no pensar en el futuro; el efecto manada, que es porque todos lo hacen, yo también lo voy a hacer; y el sesgo de confirmación, es decir, tener información que valide o refuerce mi decisión de gastar. Si tu compañía con quien vas al evento te dice (o anima), lo vas a hacer”.

En cuanto a la forma de pago, según el estudio, 71.9% de los asistentes reportó utilizar dinero en efectivo para hacer compras, 19.8% las realizó con tarjeta de débito, y un 8.4% lo hizo con crédito. El resultado indica que pese a los avances en infraestructura para hacer pagos digitales en estos eventos, el público mantiene el efectivo como el medio preferido para pagar. 

Esto también se puede relacionar con la planeación del presupuesto de los asistentes, por ejemplo, 59.3% señala que planeaba gastar menos de 1,000 pesos al día, mientras que 67% reportó un gasto real dentro de ese rango. El resto de los asistentes se distribuyó en rangos superiores de consumo, principalmente entre 1,000 y 3,000 pesos al día.

El análisis a los hábitos de consumo revela que el principal gasto dentro del festival se relaciona con las bebidas, pues 83.8% de los asistentes reportó haber destinado su dinero para esta categoría. Luego están los alimentos, con 58.7%, y las bebidas alcohólicas con 55.7%. Otros gastos reportados por los asistentes son transporte, con 32.9%, y la compra de mercancía oficial del evento, con 16.8% de los encuestados.

​​“Lo interesante es que el gasto número uno son bebidas, pero no bebidas alcohólicas. Eso también habla mucho de cómo han cambiado los hábitos de consumo en las nuevas generaciones”, dice el experto en finanzas. 

Orozco agrega que los resultados de este estudio pueden coincidir con los patrones de otros festivales y eventos, no solo en conciertos o espacios relacionados con la música, sino también en distintos formatos de entretenimiento en vivo que son parte de la industria creativa. Esto incluye aspectos como la planeación para asistir, las formas de financiamiento y los comportamientos de consumo en este tipo de experiencias. 

Además, pueden servir para que instituciones financieras y organizadores de este tipo de eventos entiendan mejor los hábitos de consumo de las personas para crear herramientas financieras que ayuden a traducir una educación financiera a comportamientos para promover buenas prácticas entre los consumidores.

Destaca que este tipo de estudios  permite diseñar estrategias de planeación financiera con acciones concretas para mejorar la gestión del dinero en este tipo de experiencias. Por ejemplo, planificar con anticipación, ya que entre más se acorta la ventana de tiempo, el costo se puede incrementar; establecer un presupuesto claro tomando en cuenta todos los gastos, no solo el boleto; y utilizar herramientas digitales como apoyo para mejor gestión y seguridad. También, reconocer factores como el impulso o la influencia del entorno social para tomar decisiones para un consumo equilibrado, consciente e informado.

“Asistir a estos eventos es, creo, una inversión emocional, pero, conceptualmente hablando, definitivamente es un gasto”, concluye Orozco.

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Autor

Picture of Ricardo Treviño