Hace más de una década, el Tec de Monterrey apostó por los emprendedores de su ciudad e imaginó algo poco común para una universidad mexicana: transformar las calles alrededor de su campus en un ecosistema donde estudiantes, investigadores, vecinos, emprendedores y empresas convivieran en un mismo espacio.
Así nació Distrito Tec. Y ahora, ese proyecto suma una nueva pieza clave: el Hub de Innovación y Emprendimiento Eduardo Garza Tec, un edificio diseñado para ayudar a que ideas nacidas en laboratorios, aulas o startups encuentren el camino hacia el mercado.
“El Hub es el corazón vibrante del polígono que hoy es el Distrito de Innovación Monterrey”, dice Jessica Fonseca, su directora.
El espacio abre oficialmente el 26 de mayo y forma parte del Distrito de Innovación Monterrey, un ecosistema impulsado por el Tec que busca acelerar la conexión entre investigación aplicada, emprendimiento científico-tecnológico e industria.
Más que un edificio para startups, el Hub representa un cambio más profundo: la evolución de la relación entre universidad, ciencia y emprendimiento.
“La universidad ha pasado de ser esta torre de marfil a convertirse en un playground de ideas innovadoras”, explica Ulrick Noel, director del Eugenio Garza Lagüera Institute for Entrepreneurship. “Eso es algo muy fácil de decir, pero muy difícil de mantener”.
El reto de convertir investigación en empresas
Monterrey tiene una larga tradición emprendedora. Durante décadas, la ciudad construyó algunos de los grupos industriales más importantes de América Latina desde el sector privado, mientras las universidades formaban el talento que eventualmente trabajaría en esas empresas. Pero la investigación académica rara vez llegaba al mercado.
Lo que hoy busca cambiar el Hub es precisamente esa desconexión histórica. Las startups que quiere atraer no son compañías tradicionales que después adoptan tecnología, sino empresas que nacen desde la ciencia o desde desarrollos tecnológicos con potencial de escalar rápidamente.
“Siempre hemos necesitado un espacio así”, dice Fonseca. “Simplemente no estábamos listos, o nuestra cultura no había llegado a la suficiente madurez para apostarle a que la ciencia y la tecnología lleguen más rápido al mercado”. La apuesta del Hub es que ese momento finalmente llegó.
Dos edificios, un mismo ecosistema
El Distrito de Innovación Monterrey tiene dos anclas físicas que, en teoría, forman una cadena. Expedition FEMSA, que lleva un año operando y está enfocada en investigación aplicada con la industria, y el Hub, que tiene la función de tomar el conocimiento de Expedition, del Tec y de emprendedores afuera de la universidad, incluyendo patentes con potencial comercial que llevan años sin salida, y encontrar los equipos y recursos para llevarlo al mercado.
Noel describe la relación de forma simple: Expedition es parte del hardware; el Instituto de Emprendimiento funciona como el software que activa el ecosistema.
“El foco ha sido cómo hacemos que esos espacios vivan y se conviertan en lo que tienen que ser: espacios para experimentar, crear y potencialmente escalar”, explica.
Un edificio pensado para crear comunidad
El diseño del hub intenta reflejar esa lógica de crecimiento. El primer piso está abierto hacia la ciudad y busca atraer a quienes recorren las calles de Distrito Tec. Ahí conviven espacios públicos, una cervecería artesanal y un showroom donde las startups residentes exhiben prototipos y productos.
Más adentro aparecen los hangares y laboratorios: espacios modulares capaces de adaptarse a distintas etapas de desarrollo, desde pruebas de concepto hasta pequeñas líneas de manufactura.
“Estamos democratizando la innovación y dándole oportunidad a nuestro talento para que no se tenga que ir a otros ecosistemas”, afirma Fonseca.
Los llamados “startup garages”, ubicados entre el segundo y cuarto piso, están destinados a empresas más avanzadas. Pero también cumplen otra función: hacer visible el recorrido emprendedor.
La idea es que quienes llegan con proyectos en etapa temprana puedan ver físicamente hacia dónde podría evolucionar su empresa.
El desafío real no es el edificio, sino el talento
Para Noel, el mayor riesgo de proyectos como este es pensar que la infraestructura por sí sola crea innovación. Un edificio bien equipado en una buena ubicación no garantiza nada si no llega el talento que lo active.
Ese desafío —crear masa crítica de talento— es uno de los principales retos de cualquier ecosistema emprendedor emergente. Por eso el modelo del Hub se inspira en Station F, en París, uno de los campus de startups más grandes del mundo. La lógica es atraer aliados estratégicos —corporativos, fondos de inversión, aceleradoras, instituciones gubernamentales— que a su vez atraigan nuevas redes, emprendedores y oportunidades.
Fonseca lo resume como un “hub de hubs”. “Trae a los aliados correctos y esos aliados van a atraer a sus propios aliados y clientes”, dice. “En cinco años, el Hub tiene que ser el startup hub de Latinoamérica”.
Una cultura de colaboración
Parte de la apuesta del proyecto también está en construir una cultura distinta dentro del ecosistema. Uno de los criterios para integrarse al Hub es la disposición de contribuir activamente a la comunidad mediante mentoría, acompañamiento o intercambio de conocimiento.
Fonseca lo llama una filosofía de “give first”: quienes reciben apoyo también deben estar dispuestos a ayudar a otros emprendedores. Para ella, esa colaboración no es un extra, sino una condición necesaria para construir un ecosistema sostenible.
Noel, por su parte, tiene una medida muy distinta para evaluar el éxito del proyecto en el futuro. “No me interesa que en diez años el edificio siga pareciendo nuevo”, dice. “Me gustaría que hubiera que renovarlo, que hubiera que pintarlo. Eso significaría que se usó, que se gastó. Si sigue intacto, entonces no hicimos bien nuestro trabajo”.
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