Cada año, miles de mexicanos que migran a los Estados Unidos regresan al país con la esperanza de reintegrarse a la sociedad, reconstruir sus vidas y tener un nuevo comienzo. Sin embargo, suelen enfrentar diferentes desafíos para alcanzar su reinserción social y económica, que van desde la escasez de documentos oficiales hasta la falta de habilidades que demanda el mercado laboral nacional.
Este fenómeno fue estudiado por José Jorge Mora, profesor experto en temas de migración e investigador de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey, campus Ciudad de México, y Arturo Larios, para su tesis de maestría en el Instituto Politécnico Nacional (IPN).
Ellos realizaron una investigación en el municipio de Mariscala de Juárez, Oaxaca, una comunidad rural con alrededor de 4,000 habitantes y donde se estima que más del 25% de la población ha emigrado a los Estados Unidos.
Los migrantes que regresan
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), entre 2018 y 2023 hubo más de un millón de personas que migraron de México hacia Estados Unidos. Además, se estima que alrededor de 150,000 regresan al país cada año.
El trabajo de los investigadores se centró en analizar cómo y por qué algunos migrantes retornados pueden reintegrarse con éxito en la vida económica y social de su comunidad, mientras que otros encuentran dificultades que los llevan a considerar volver a migrar.
Mora explica que el estudio combinó técnicas cualitativas y cuantitativas, como entrevistas, encuestas y análisis estadísticos. “Queríamos saber cuál era su experiencia en Estados Unidos, cómo había sido el trayecto de regreso y con qué contaban al volver”.
Para entender la experiencia de los migrantes, los investigadores hicieron entrevistas y aplicaron la Encuesta de Migración de Retorno y Reintegración (EMIRR), una herramienta que diseñaron integrando preguntas de tres bases de datos: la Encuesta Nacional de Dinámica Demográfica (ENADID), las Encuestas sobre Migración en las Fronteras de México (EMIF) y la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) y adaptándolas al contexto rural de ese municipio en Oaxaca.
Mora señala que, a partir de las primeras entrevistas, buscaron ganar la confianza de los participantes para obtener datos más honestos y precisos en las encuestas. En total, se obtuvo información de 124 migrantes retornados, quienes compartieron datos sobre su paso por el mercado laboral estadounidense y su regreso al país, en el ámbito social y económico. Luego, hicieron un análisis econométrico para encontrar correlaciones entre las variables más importantes.
Entre los temas que tocaron con los participantes estuvieron su experiencia migratoria —años en EU, tipo de empleo y envío de remesas—, el motivo de su regreso —voluntario o por deportación—, vínculos familiares y comunitarios —antes y después de migrar—, así como recursos para su reintegración —habilidades adquiridas, ahorros, acceso a empleo o emprendimiento, redes de apoyo y programas sociales— y sus expectativas.
Dejar de existir
Entre los hallazgos que identificaron está la falta de documentación para los migrantes que regresaron después de varios años —incluso décadas—, pues ya no contaban con identificaciones oficiales, como credencial de elector o acta de nacimiento, lo que limita su acceso a servicios públicos, como trámites de licencias o inscripciones escolares. Eso deja a muchos en un limbo legal y social.
“Cuando han pasado décadas, dejaste de existir. Ya no tienes INE, ya no tienes contacto con el mercado laboral y desapareciste para el SAT”, señala Mora. “Muchos de los que regresan están en el limbo. Algunos regresan con sus familias”.
Barreras para emprender y el deseo de migrar de nuevo
El estudio también arrojó que la mayoría de los migrantes retornados quiso emprender, pero pocos lo consiguieron. Por ejemplo, cerca del 70% intentó poner en marcha un negocio, pero solo el 38% lo logró.
El investigador señala que las personas se enfrentaron a trámites complicados y una falta de infraestructura institucional que las llevó a desistir y a que sus ahorros, que estaban destinados a invertir, se convirtieran en solo una manera de subsistir. En algunos casos, eso las llevó a pensar en volver a EU: “Si en los primeros seis meses no pudiste poner en marcha el negocio, emprendes nuevamente el camino”.
Los investigadores también identificaron un desfase entre las habilidades que los migrantes adquirieron en Estados Unidos y las que demanda el mercado laboral en sus comunidades rurales, lo que implica menos oportunidades de empleo. Por ejemplo, en oficios especializados como jardinería, construcción o atención al cliente, aunque sí existen en México, se realizan de maneras distintas o no tienen demanda en las localidades rurales.
“Pareciera que hay un desperdicio de cerebros cuando se van de México a Estados Unidos. Las personas aprenden ciertas habilidades y oficios que, en términos de localidad, no pueden aprovechar”, señala Mora. “Desarrollan habilidades en carpintería, pero aquí construimos diferente. Los mercados laborales no están preparados para estas habilidades”.
Factores que influyen en una reintegración exitosa
Mediante el análisis econométrico se identificaron factores que influyen en el éxito de la reintegración económica y social de los migrantes retornados. Por ejemplo, las probabilidades de emprender aumentan cuando la persona está casada, tiene un mayor nivel educativo, domina el inglés, tiene documentos migratorios legales y lleva más tiempo desde que regresó al país.
Por otro lado, en el ámbito social, los investigadores analizaron indicadores como el pertenecer a y el acceso a programas sociales. En ese sentido, identificaron factores clave como haber enviado remesas antes de volver, estar en contacto con redes familiares o comunitarias y acumular tiempo de residencia desde su retorno.
Al final, el estudio arrojó que el 65% de los migrantes encuestados busca regresar a los Estados Unidos, debido a que en sus comunidades las condiciones para su reintegración han sido complicadas.
Implicaciones para la política pública
Mora señala que el estudio ofrece evidencia que puede ser útil para el diseño de políticas públicas que faciliten la reintegración de los migrantes en varias regiones del país. “Esta metodología puede extrapolarse a distintas regiones y localidades de Oaxaca, Chiapas y Guerrero, lugares donde existe poca tradición migratoria y las necesidades de política pública son mayores”.
Agrega que se necesitan programas que ayuden a migrantes a recuperar su identidad legal, facilitando la recuperación de documentos oficiales; iniciativas que ayuden al emprendimiento, con menos trámites y acompañamiento; reconocimiento de habilidades laborales aprendidas en el extranjero, como el idioma inglés; y el acceso a programas educativos y sociales, como servicios de salud y en escuelas para hijos que nacieron en Estados Unidos, aunque no tengan documentación mexicana o se integren fuera del calendario escolar.
Según Mora, los siguientes pasos en esta línea de investigación están orientados a estudiar a grupos poblacionales que enfrentan más dificultades en su reintegración a la vida económica y social, por ejemplo, las mujeres, quienes cada vez más son parte del fenómeno migratorio y que históricamente han sido excluidas por temas de tradiciones y costumbres. En ese sentido, buscarán identificar los elementos clave para su reintegración, como las habilidades que sí logran aprovechar las mujeres, y proponer políticas que consideren el género en las estrategias de apoyo a migrantes retornados.
“Si vemos como héroes a los migrantes cuando se van al extranjero, mandan remesas y recursos, también hay que verlos así cuando regresan, apoyarlos y acogerlos de una manera más afable y amigable”, dice el investigador. “Pensándolo de una manera muy coloquial, hay que darles chamba; generar programas que les permitan nuevamente estar presentes en sus localidades o en otra parte del país”.
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