Desde un campamento de refugiados en Camboya hasta la dirección del Frederick National Laboratory for Cancer Research, uno de los centros de investigación oncológica más prestigiosos del mundo, la trayectoria de Ethan Dmitrovsky, médico, científico y actual director de esta institución, es un ejemplo de cómo la oncología traslacional y la investigación traslacional pueden convertir descubrimientos científicos en tratamientos reales para pacientes con cáncer.
Su recorrido profesional conecta la experiencia clínica con la investigación básica y la toma de decisiones estratégicas en instituciones dedicadas a la salud global y la investigación oncológica.
Esta visión fue el eje de la conversación que sostuvo durante su participación en el Congreso Internacional de Investigación Educativa (CENI) del Tecnológico de Monterrey, un evento emblemático que reúne a líderes en ciencia, innovación y educación. Durante su ponencia, Dmitrovsky compartió cómo su vocación científica nació de una profunda convicción ética. “Mi motivación está profundamente arraigada en el concepto de liderazgo de servicio”, afirmó, retomando las ideas de Robert Greenleaf, al explicar que la investigación cobra verdadero sentido cuando se pone al servicio de los demás.
Para el especialista, investigar no se limita a generar conocimiento técnico o avances académicos. Su enfoque está anclado en una responsabilidad social clara: lograr que la ciencia trascienda el laboratorio y tenga un impacto directo en la vida de las personas, particularmente en el desarrollo de nuevas estrategias para el tratamiento del cáncer.
De la experiencia clínica a la oncología traslacional
Uno de los momentos que definió su carrera ocurrió cuando, como voluntario médico, diagnosticó leucemia a un niño en un campamento de refugiados. Sin acceso a tratamiento, la enfermedad era incurable.
Esa experiencia lo llevó a cuestionar la forma en que se desarrollaban los tratamientos oncológicos. “Ahí entendí que necesitábamos terapias menos agresivas y más accesibles, capaces de aplicarse en cualquier parte del mundo”. Este impulso marcaría su camino hacia la oncología traslacional, con el fin de llevar los hallazgos del laboratorio a la práctica clínica.
El reto de acercar los descubrimientos al paciente
Durante décadas, el cáncer se concibió como una enfermedad única. Hoy, ese enfoque ha cambiado de forma radical. “Antes definíamos el cáncer por su apariencia al microscopio; ahora sabemos que está definido por su perfil genético”, explica el especialista. Este cambio abrió la puerta a tratamientos dirigidos a mutaciones específicas, lo que ha transformado el pronóstico de muchos pacientes.
Estos avances no solo redefinieron la investigación básica, sino también la manera en que se diseñan terapias personalizadas. Para Dmitrovsky, ahí reside una de las mayores razones para el optimismo actual en oncología. Sin embargo, a pesar de los logros, muchos hallazgos prometedores nunca llegan a convertirse en tratamientos. El directivo reconoce que esta brecha sigue siendo uno de los mayores desafíos.
“Históricamente, la investigación científica y la práctica clínica no han estado tan integradas como deberían”, señala. La solución, afirma, pasa por equipos donde científicos y médicos compartan la responsabilidad de trasladar el conocimiento al ámbito clínico.
Hacer ciencia y decidir qué investigar en tiempos difíciles
Más allá del laboratorio, Dmitrovsky también ha asumido un rol clave en la definición de prioridades científicas y ha tenido que decidir qué proyectos reciben financiamiento. Estas decisiones, explica, no se basan solo en métricas académicas.
El criterio central es el impacto potencial en los pacientes, junto con la solidez metodológica, la reproducibilidad y la capacidad de los equipos para trabajar de forma interdisciplinaria. Para él, financiar ciencia es también una forma de orientar el futuro de la investigación. En un contexto global marcado por recortes presupuestales, desinformación y presiones políticas, Dmitrovsky defiende con firmeza el valor de esta labor.
Para él, hacer ciencia sigue valiendo la pena porque representa una forma de servicio público. Muchas de las respuestas a crisis sanitarias globales, recuerda, surgieron de décadas de investigación básica que en su momento no parecía tener una aplicación inmediata.
Tecnologías que están transformando la investigación
La inteligencia artificial (IA), el análisis de grandes volúmenes de datos, la biología computacional y la edición genética están acelerando el ritmo del descubrimiento científico. Sin embargo, Dmitrovsky subraya que ninguna tecnología sustituye al criterio científico. La clave, afirma, está en integrar estas herramientas para formular mejores preguntas y tomar decisiones más informadas.
Uno de los mensajes centrales de su charla estuvo dirigido a las nuevas generaciones. Para Dmitrovsky, la formación científica debe ir más allá del dominio técnico. “No es posible ser igualmente experto en la clínica y en el laboratorio; hay que elegir dónde se puede generar mayor impacto”, señala. Aun así, destaca la importancia de comprender ambos mundos y de cultivar la pasión y la perseverancia.
Liderar ciencia no es solo administrarla
Desde su experiencia, liderar ciencia implica visión, confianza y la capacidad de proteger el talento. No se trata solo de gestionar recursos, sino de crear las condiciones para que el conocimiento florezca. Para Dmitrovsky, muchas de las barreras más complejas no son técnicas, sino culturales, y superarlas requiere convicción y colaboración.
Al proyectar el futuro de la investigación oncológica, Dmitrovsky anticipa una medicina cada vez más personalizada, interdisciplinaria y preventiva.
Para él, los grandes avances no surgirán de laboratorios aislados, sino de redes colaborativas capaces de integrar distintas disciplinas y tecnologías con un propósito común: mejorar la vida de los pacientes. Su mensaje es claro: el futuro de la investigación oncológica dependerá no solo de la tecnología, sino de la capacidad de la ciencia para colaborar, adaptarse y mantener su compromiso con la sociedad.
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