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Cómo superar el “valle de la muerte” y escalar startups tecnológicas

El emprendimiento científico en México enfrenta uno de sus mayores retos: el “valle de la muerte”. Un modelo desarrollado en el Tec busca articular universidades, inversionistas y gobierno para que más startups tecnológicas logren escalar.
Emprendimiento científico en México y el reto del valle de la muerte para startups tecnológicas.
El emprendimiento de base tecnológica enfrenta desafíos de financiamiento y coordinación en etapas tempranas. (Ilustración: Getty Images)

En el mundo de las startups, el éxito es una palabra controversial. El emprendimiento de base tecnológica exige conocimiento científico, desarrollo de prototipos, financiamiento para madurar la idea, trámites legales para asegurar una patente y conexiones reales con el mercado. No ocurre de un día para otro.

Es un proceso que, según Odille Sánchez Rodríguez, líder en el Centro de Excelencia de Emprendimiento de Base Tecnológica del Tecnológico de Monterrey, funciona por etapas. Y cada etapa tiene su propia definición de éxito.

Desde su papel en el Instituto de Emprendimiento Eugenio Garza Lagüera, Sánchez trabaja con startups de base científico-tecnológica: desde ideas tempranas hasta empresas que ya venden en mercados internacionales.

Durante 2025, el centro apoyó a más de 2,000 fundadores en casi 600 proyectos, startups y empresas. “Es un sistema de generación, maduración y fortalecimiento de startups”, destacó la experta. La palabra clave —y lo que distingue al centro— es el sistema.

El desafío, explica, es articular un ecosistema compuesto por universidades, empresas, gobiernos e inversionistas para que trabajen de manera coordinada en el apoyo a un emprendedor.

La metodología detrás del acompañamiento

Durante su doctorado en la EGADE Business School, Sánchez desarrolló una metodología basada en hitos que permite medir momentos críticos en el ciclo de vida de una startup y conectar a los emprendedores con el apoyo adecuado.

Una startup tecnológica necesita recursos que pueden provenir de universidades, inversionistas, gobiernos y corporativos. Sin embargo, en muchos casos, estos actores no están coordinados para intervenir en el momento preciso.

El resultado es que muchas ideas innovadoras fracasan por no recibir apoyo cuando más lo necesitan. Ese fue el problema que Sánchez se propuso resolver: organizar los recursos del ecosistema en función de las necesidades reales de la startup.

La experta compara el modelo con una consulta médica: alguien llega con un dolor, se realizan estudios y, a partir del diagnóstico, se prescribe el tratamiento adecuado. Aquí, el diagnóstico va más allá de identificar la etapa del emprendimiento. También considera el tipo de tecnología que se desarrolla y la industria a la que pertenece.

Para Sánchez, ese acompañamiento personalizado es lo que diferencia al centro de otras incubadoras o aceleradoras. Aunque ofrecen intervenciones en distintos niveles, su trabajo se centra en construir comunidad entre fundadores, startups y el propio centro. “Todo lo que hacemos es en base a qué necesitan, qué les damos, qué les duele”, explica Sánchez.

Cómo superar el “valle de la muerte”

El acompañamiento se articula en cuatro pilares: creación de pipeline, validación y reducción de riesgo, crecimiento y expansión.

El modelo también incorpora el contexto regional de México y América Latina, donde el acceso al capital tiene dinámicas particulares.

Una de las preguntas más frecuentes que recibe Sánchez es sobre la aparente falta de capital para startups. Sin embargo, el problema es doble. Por un lado, faltan empresas en etapas suficientemente avanzadas que puedan absorber ciertos tipos de inversión. Por otro, escasea el capital en etapas tempranas, cuando el riesgo es mayor.

Es en ese punto donde muchas startups científico-tecnológicas enfrentan el llamado “valle de la muerte”: el tramo crítico entre tener una idea viable y conseguir los recursos necesarios para convertirla en un producto. “Específicamente en Latinoamérica, hay mucho talento, muchas ideas y muchas soluciones que no pasan ese valle de la muerte justo porque no está esa inyección de capital disponible en esa etapa”, señaló.

Sin recursos, las empresas no pueden comprar materiales, terminar prototipos o realizar pruebas clave. “Hay unos milestones muy específicos que no se pueden lograr si no tienen esta intervención”, dijo.

No se trata solo de entender lo que la startup necesita internamente, sino de identificar cuándo y cómo requiere apalancamiento del ecosistema: iniciativa privada, comunidades, proveedores de servicios, gobiernos, inversionistas y expertos.

Un ecosistema conectado a inversión y mercados

En el último año, el centro vinculó a fundadores con una red de 85 fondos de inversión. Su portafolio incluye startups fintech, foodtech y de diversos sectores tecnológicos. Casi el 50% de los casos corresponden a financiamiento semilla y más de una cuarta parte a ronda semilla A.

Este enfoque permitió desarrollar un modelo de incubadora como servicio para gobiernos y corporativos, con ingresos anuales de entre 10 y 11 millones de pesos.

Han trabajado con los gobiernos de Jalisco, Guanajuato, Chihuahua y la Ciudad de México. También colaboran con empresas como Daikin, Heineken, Fundación José Cuervo y AstraZeneca.

Entre las startups acompañadas se encuentra BioGrip, que desarrolló un software capaz de controlar movimientos precisos de una prótesis a través de señales cerebrales. Otro caso es BioEsol, enfocada en soluciones energéticas sostenibles. En 2024 cerró una ronda de inversión de 15 millones de dólares y alcanzó una valuación superior a los 100 millones.

También destaca Greenfluidics, que combina biotecnología y arquitectura para crear espacios urbanos sostenibles. Sus fundadores han presentado ante inversionistas en Berlín y París y colaboran con la Secretaría de Energía en México.

Innovar desde la ciencia: paciencia y sofisticación

“Desarrollar ciencia y tecnología requiere un enfoque sofisticado”, afirmó Sánchez. “En toda la extensión de la palabra: recursos sofisticados, métodos sofisticados, incluso las metodologías y los modelos”. Los desafíos cambian con el tiempo. En una etapa, el reto puede ser el acceso a infraestructura de laboratorio; en otra, los marcos regulatorios para llevar el producto al mercado.

“Si lo ves en tiempos de desarrollo, cada etapa presenta un reto diferente”, dijo. Además del rigor científico, el proceso exige paciencia. El desarrollo tecnológico, por naturaleza, toma tiempo.

Sánchez observa que muchos equipos subestiman ese recorrido. “Una cosa es entenderla y otra cosa es vivirla”, comenta sobre los fundadores que se desaniman ante procesos largos.

Un modelo orientado a resultados

La metodología del centro identifica hitos concretos —una patente, una ronda cerrada, un producto lanzado— y determina qué debe hacer cada actor del ecosistema para alcanzarlos.

Lo innovador es que integra tres dimensiones que antes se analizaban por separado: los roles de los actores, las actividades que realizan y los resultados medibles que generan. “Es una intervención orientada a resultados”, dijo Sánchez. “Qué tiene que hacer el gobierno, qué tiene que hacer la industria para llegar a ese hito”.

Su marco nace de una convicción personal: la ciencia y la tecnología pueden resolver problemas complejos. Aunque no esté en el laboratorio, encontró su forma de contribuir: “No con mis manos directamente, pero sí orquestando cosas para que sea en función de más emprendedores innovadores”.

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Autor

Picture of Nuria Márquez Martínez