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De la silla de ruedas a poder caminar: el protocolo mexicano con células madre contra la esclerosis lateral amiotrófica (ELA)

Un equipo del Tec de Monterrey prueba una terapia regenerativa que busca modificar su progresión.
Ilustración 3D de una neurona conectada a fibras nerviosas que representan el sistema motor del cerebro.
El protocolo utiliza células madre del propio paciente, que se cultivan y se implantan en la zona motora del cerebro para estimular la función neuronal. (Ilustración: Getty Images)

La esclerosis lateral amiotrófica (ELA) es una de las enfermedades neurodegenerativas más devastadoras con una expectativa de vida de dos a cinco años después de la aparición de los primeros síntomas. En México, un grupo de investigadores ha mostrado que el trasplante autólogo de células madre puede aumentar los años y la calidad de vida de quienes viven con ella.

ELA es el padecimiento con el que vivió el físico Stephen Hawking y afecta a las neuronas motoras que controlan el movimiento, dejando a los pacientes sin poder hablar, caminar, comer o respirar por sí mismos. 

A nivel global se calcula que unas 350,000 personas tienen ELA y hasta la fecha no existe una cura. Los tratamientos, generalmente, incluyen medicamentos tomados, como el riluzol, que pueden alentar su progresión, controlar los síntomas y mejorar la calidad de vida.

Para Héctor Ramón Martínez, director del Instituto de Neurología y Neurocirugía de TecSalud, los fármacos disponibles son muy caros y sus resultados son modestos. “Por eso siempre estuvo en mi cabeza buscar alternativas”, dice el experto.

En 2005, él y un grupo multidisciplinario de médicos e investigadores propusieron utilizar células madre del propio paciente —de ahí el término autólogo— y trasplantarlas directamente en su cerebro para regenerar las neuronas dañadas.

Hasta la fecha, el grupo ha tratado a 62 pacientes. Estos mostraron una marcada mejoría de sus síntomas y una sobrevida superior a la esperada.

Un nuevo tratamiento para la esclerosis lateral amiotrófica

El equipo, liderado por Martínez, diseñó un protocolo en el que se extraen células madre de la sangre del propio paciente a través de una vena periférica, previamente estimulando la médula ósea con el medicamento filgrastim para que las produzca en exceso. 

Después, se cultivan en el laboratorio y se les añade un anticuerpo con partículas magnéticas, que permite que después se puedan separar del resto de los contenidos de la sangre utilizando un magneto. 

Una vez separadas, se extrae el líquido cefalorraquídeo del paciente y en él se colocan las células madre.

“Al ser del propio paciente, no necesitamos usar ningún medicamento modulador de la respuesta inmune, eliminando el riesgo de rechazo”, cuenta Martínez.

Finalmente, las células madre son implantadas directamente en la franja motora del cerebro a través de dos pequeños agujeros, llamados trépanos.

De los primeros 10 pacientes tratados, ninguno requirió de una traqueostomía ni de una gastrostomía, para respirar o comer, a diferencia de varios en el grupo control que sí las requirieron.

De los 10 del grupo control habían fallecido cinco al año de seguimiento, y del grupo experimental, dos; la sobrevida había sido mayor”, dice Martínez.

En su momento, los resultados eran tan prometedores que un consorcio internacional, llamado NEALS, enfocado en la investigación y el tratamiento de ELA pidió hacer una auditoría de su protocolo.

“Estuvieron cinco días revisando expediente por expediente”, recuerda Martínez. Después de distintas evaluaciones y pruebas, lo aprobaron e incluyeron al Tecnológico de Monterrey en el consorcio, que incluye instituciones como el Massachusetts General Hospital y Duke University.

La cirugía es realizada con anestesia local, por lo que los pacientes pueden ser dados de alta al siguiente día. Además, no han reportado hemorragias cerebrales, infecciones ni focos epilépticos ocasionados por el procedimiento.

Posibles mecanismos detrás de la mejora en los síntomas

En los pacientes tratados, además de que observaron mejoras en sus síntomas y una mayor sobrevida, al hacerles resonancias magnéticas observaron que el haz corticoespinal —área del cerebro que transmite impulsos nerviosos desde el cerebro hasta la médula espinal para controlar los movimientos voluntarios— estaba más gruesa.

“Cuando llegaban los pacientes esta zona estaba muy delgadita y a los seis meses del tratamiento estaba al doble del tamaño, con muchas fibras”, dice Martínez.

El investigador piensa que las células madre trasplantadas en la zona promueven que las neuronas motoras dañadas se recuperen y que esta podría ser una de las explicaciones físicas detrás de las mejoras que se observan tras el procedimiento. 

Aunque los mecanismos no son del todo claros, las células madre no generan nuevas neuronas motoras como tal, sino que estimulan la supervivencia y función de las que quedan y reducen procesos inflamatorios asociados a la degeneración.

El futuro de las terapias regenerativas para tratar enfermedades raras

A lo largo de los años, Martínez recuerda a pacientes que lo han marcado y motivado a seguir, como una mujer que entró casi sin poder moverse y que a los pocos meses del tratamiento ya estaba de pie dándose un baño por sí misma.

Otro llegó en silla de ruedas la primera vez y la segunda, caminando”, dice.

Con el tiempo, su protocolo experimental ha evolucionado hacia una plataforma de terapia regenerativa para tratar ELA.

Recientemente, el equipo se trasladó al Hospital Zambrano Hellion donde se desarrolló un laboratorio de alta especialidad que será utilizado para terapias avanzadas. 

“Lo vamos a utilizar para poder hacer trasplantes de células madre no solo en ELA, si no en cardiología, hematología y oncología”, cuenta Martínez.

Además, tienen otros proyectos, como trabajar en el diagnóstico temprano de ELA y otras enfermedades raras.

También planean continuar con los pasos necesarios para que el trasplante autólogo de células madre pueda ser un tratamiento ampliamente utilizado para tratar esta enfermedad.

La experiencia detrás de este proyecto fue presentada en diciembre de 2025 en el 18th International Congress of the Cell Transplantation and Regenerative Medicine Society, en Japón, donde despertó el interés de grupos internacionales.

Y aunque la terapia sigue en fase de investigación, y no es una cura, el proyecto representa un importante esfuerzo en América Latina y el mundo para tratar con medicina regenerativa esta enfermedad.

“Cuando a un paciente le dicen ‘no hay nada que hacer’, ahí empieza nuestra responsabilidad como médicos: encontrar algo que sí se pueda hacer”, invita Martínez.

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Autor

Picture of Inés Gutiérrez Jaber