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Transfobia: causas, consecuencias en la salud mental y cómo combatirla

La ciencia ha documentado por qué ocurre la transfobia, cómo afecta la salud mental y qué estrategias ayudan a reducirla.
ilustración de un individuo caminando sobre una bandera trans
La transfobia tiene impactos profundos en la salud mental de las personas trans y no binarias. (Ilustración: Getty Images)

La transfobia es el rechazo, la discriminación y la intolerancia hacia personas transgénero o no binarias. No es un fenómeno aislado ni reciente: afecta a millones de personas y, en sus formas más extremas, puede costar vidas.

Desde la ciencia, se han hecho esfuerzos para entenderla y hoy en día se reconoce como algo complejo que involucra múltiples factores sociales, culturales y psicológicos. 

“Cuando hablo de este tema, siempre digo que es como un mole de factores y elementos que condicionan la transfobia y que no se pueden separar”, dice Hamid Vega, médico psiquiatra e investigador del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz.

Uno de los ingredientes es el desconocimiento y la desinformación. Diversos estudios muestran que cuando las personas no tienen información clara sobre qué es la identidad de género, es más probable que adopten ideas equivocadas, como creer que solo existen dos géneros o que el sexo biológico define completamente quiénes somos.

“Ser trans es algo natural”, afirma Tecelli Domínguez, investigadora del Centro de Investigación de Salud Global del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz.

Lejos de ser una excepción, en México, 0.9% de las personas de 15 años o más se identifican como trans o no binarias. Y aunque no siempre se les ha llamado trans, las identidades de género diversas han estado presentes desde hace miles de años y en distintas culturas.

En línea con esta evidencia, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha actualizado su postura y en 2019 dejó de clasificar la transexualidad como un trastorno mental. Asociaciones médicas coinciden en que no se trata de una patología

“La variabilidad sexogenérica es lo mismo que sucede con la variabilidad de la estatura humana”, dice Vega.

Causas de la transfobia: desinformación, machismo y normas culturales

Además de la desinformación, distintas investigaciones también muestran que el contexto cultural es una raíz fuerte detrás de la transfobia

En países como México, donde persisten normas tradicionales de género, la presión por encajar en roles masculinos y femeninos rígidos sigue siendo fuerte y provoca un rechazo a todo lo que sea distinto de eso.

Este sistema, descrito como machista y heteronormativo, deja poco espacio para la diversidad y quienes lo desafían suelen enfrentar discriminación, rechazo y violencia.

En un estudio reciente, investigadoras mexicanas encontraron que en el país, los hombres exhiben más prejuicios hacia las personas trans y son menos tolerantes con las personas que no se ajustan a las normas de género tradicionales, en comparación con las mujeres.

“Es curioso porque de las personas que respondieron la encuesta, la mayoría eran mujeres y aun así predomina el nivel de rechazo en hombres”, cuenta Domínguez, quien fue una de las autoras del estudio.

Además, se ha encontrado que las actitudes negativas hacia las personas trans o no binarias están relacionadas con niveles más altos de sexismo, autoritarismo y creencias religiosas rígidas. Es decir que forman parte de una visión del mundo más amplia y de lo que es supuestamente natural.

“A las personas de la diversidad sexual y de género se nos ha asociado con estos prejuicios y cosas inmorales entre comillas”, señala Vega. “Por eso hay crímenes de odio; está este elemento de querer castigarte por representar eso que, moralmente hablando, supuestamente no está bien”.

Así, la transfobia parece involucrar a la desinformación, los prejuicios y las normas sociales profundamente arraigadas.

Consecuencias de la transfobia en la salud mental y la seguridad

Las consecuencias de la transfobia van mucho más allá de un comentario o un gesto de desagrado. Para muchas personas trans y no binarias, es una realidad cotidiana que impacta negativamente su salud, su seguridad y sus oportunidades de vida.

Desde 2009, un proyecto que monitorea los asesinatos a personas trans ha registrado 5,322 de estos crímenes de odio alrededor del mundo, pero la cifra probablemente es mayor.

México ocupa el segundo lugar a nivel mundial en transfeminicidios, solo por debajo de Brasil. Esta violencia —la manifestación más deshumanizante de la transfobia— es solo la punta del iceberg de un problema más amplio.

Antes de llegar a ese extremo, se manifiesta en formas normalizadas de discriminación, como el rechazo familiar, el acoso o bullying escolar, la discriminación laboral y el trato desigual en los servicios de salud.

“Todo lo que sea rechazo o violencia hacia lo que es diferente está aceptado y normalizado, o al menos no es sancionado”, señala Domínguez.

En México, las personas trans tienen mayor probabilidad de que se les niegue una oportunidad de empleo, de vivir violencia en el trabajo y de recibir un trato desigual.

Todo este rechazo sistemático y estructural les ocasiona graves problemas de salud mental. La evidencia muestra que la exposición constante al estigma y la discriminación se asocia con mayores niveles de ansiedad, depresión, estrés crónico e ideación suicida.

También es mucho más probable que consuman drogas de una forma adictiva o preocupante. 

“Hace que tengas que buscar formas de afrontar el miedo, el dolor, la tristeza, el enojo y la frustración que sientes”, dice Vega.

Además, muchas personas trans evitan acudir a servicios de salud por miedo a ser maltratadas, lo que agrava problemas médicos prevenibles.

Cómo combatir la transfobia: educación, familia y políticas públicas

Aunque el panorama es gris, la ciencia también ofrece pistas sobre cómo se puede combatir.

Una de las herramientas más poderosas es la educación: los programas que explican la diversidad de género y orientación sexual de forma clara y con evidencia reducen prejuicios, especialmente cuando se implementan desde edades tempranas.

El apoyo desde los hogares también es esencial. Estudios muestran que el apoyo familiar puede ser un factor protector para la salud mental.

“Cuando su núcleo primario les entiende y apoya, van a poder lidiar con todo lo de afuera mucho más fácil”, dice Vega. “Aunque sea un solo integrante de la familia, va a tener una mejor calidad de vida y va a ser mucho más feliz que una persona que es total y absolutamente rechazada”.

Otro elemento clave es el contacto. Conocer e interactuar con personas trans reduce significativamente los prejuicios, al transformar una idea abstracta en una experiencia humana, permitiendo que predomine la empatía. 

A nivel estructural, las políticas públicas también juegan un papel fundamental. Contar con leyes antidiscriminación, acceso a servicios de salud inclusivos y el reconocimiento legal de la identidad de género no solo protege derechos, sino que ayuda a transformar lo que una sociedad considera aceptable.

“En México hemos visto cambios porque a nivel legislativo se han hecho muchísimas modificaciones para promover la aceptación de la identidad de género que no es binaria”, dice Domínguez.

La evidencia sugiere que combinar educación, apoyo familiar y políticas públicas puede reducir los prejuicios y prevenir la violencia.

“Ser trans no los hace más o menos personas, más o menos humanos”, concluye Vega.

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Autor

Picture of Inés Gutiérrez Jaber