En México, la desigualdad en la atención de la salud materna suele explicarse por factores como pobreza, educación o acceso a servicios. Sin embargo, un estudio reciente sugiere que una parte importante del problema se debe a la discriminación étnica y racial dentro del propio sistema de salud.
La investigación analizó datos de más de 72,000 mujeres mexicanas que tuvieron hijos entre 2009 y 2023. Para hacerlo, combinaron información recabada por tres ediciones de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID).
Su objetivo era medir la cobertura efectiva de atención materna, un indicador que no solo considera si una mujer fue atendida en el sistema de salud, sino si recibió los cuidados necesarios: consultas prenatales adecuadas, un parto atendido por personal capacitado, seguimiento después del nacimiento y ausencia de complicaciones graves.
Sus resultados mostraron que, en promedio, esta cobertura fue del 25.3% para mujeres no indígenas y de solo 18.3% para mujeres indígenas.
La brecha aparece en distintos momentos del proceso de atención. El 87.4% de las mujeres no indígenas recibió atención prenatal adecuada, en el caso de las mujeres indígenas fue del 76.6%. El parto atendido alcanzó el 98% en no indígenas, pero cayó a 84.6% en indígenas.
“Encontramos una discriminación estructural en la atención médica que reciben las mujeres indígenas en México”, dice Rocío García-Díaz, profesora investigadora de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tec de Monterrey y una de las autoras del artículo.
En conjunto, estos datos sugieren que muchas mujeres indígenas enfrentan obstáculos a lo largo del embarazo, el parto y el posparto para recibir la atención adecuada.
Violencia obstétrica: ¿Qué parte de esa brecha se debe al racismo y la discriminación?
Aunque algunas de estas diferencias pueden explicarse porque las mujeres que viven en áreas rurales están más lejos de los servicios de salud y tienen menor cobertura del seguro social, los investigadores tenían la hipótesis de que también se debe al racismo y la discriminación.
Para ponerla a prueba, utilizaron un análisis estadístico llamado descomposición Oaxaca-Blinder que permite separar cuánto de una diferencia entre dos grupos –en este caso mujeres indígenas y no indígenas– se explica por características observables, como educación o ingresos, y cuánto por factores no observables, como la discriminación.
“A falta de otra explicación y conscientes de que existen formas de racismo que afectan a poblaciones indígenas, asignamos esa diferencia a formas de discriminación”, señala Sergio Meneses, investigador del Instituto Nacional de Salud Pública y otro de los autores de la investigación.
Los resultados indicaron que el 51.7% de la brecha en atención materna se puede atribuir a discriminación étnica y racial, el 30.8% se relaciona con diferencias socioeconómicas y el 17.5% a la interacción entre ambos factores.
Esto significa que más de la mitad de la desigualdad de atención no se explica solo por condiciones sociales, sino por cómo el sistema de salud responde a las mujeres indígenas.
De acuerdo con Meneses, hay quienes buscan atribuir estas diferencias a los llamados usos y costumbres de las poblaciones indígenas, como que se atiendan con parteras o prefieran no ir a un hospital.
Sin embargo, para el investigador, es claro que hay una parte importante que se debe a mecanismos sistemáticos de exclusión, marginación y opresión.
“En general, ser racista es algo vergonzoso, algo que no queremos admitir”, reflexiona Meneses. “Pero la verdad es que en la práctica, por supuesto que hay espacios en los que sistemáticamente se practican formas de exclusión hacia poblaciones indígenas”.
Desigualdades estructurales
La cobertura sanitaria universal es uno de los objetivos principales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y busca que todas las personas puedan acceder a servicios de salud de calidad sin enfrentarse a barreras económicas.
Sin embargo, de acuerdo con los resultados de este estudio, en México todavía estamos lejos de alcanzar la equidad en el sistema de salud.
Aunque no toda la diferencia en el acceso se debe a la discriminación y el racismo, es evidente que es un factor sumamente importante.
En sus resultados, también reportan que el 49.4% de las mujeres indígenas dijeron haber tenido algún problema de salud durante el embarazo, mientras que 33.7% de las mujeres no indígenas lo hicieron.
“Un reto de la salud pública es cómo acercar a las mujeres indígenas al sistema de salud en esta etapa tan vulnerable”, se cuestiona García-Díaz.
El estudio también observa que algunos cambios en políticas públicas coincidieron con retrocesos en la cobertura. Uno de ellos fue la desaparición del Seguro Popular en 2019, que había sido diseñado para ampliar el acceso a servicios de salud entre la población sin seguridad social.
Esto sugiere que las políticas de cobertura universal no solo dependen de ampliar la infraestructura o el financiamiento, sino que también requieren enfrentar las desigualdades estructurales que afectan a ciertos grupos.
Más allá de la cobertura universal
Los autores señalan que en México y América Latina, las jerarquías sociales basadas en ideas raciales han contribuido históricamente a marginar a las poblaciones indígenas. Esto se refleja en la falta de acceso a la educación, territorio y servicios básicos, así como menores ingresos.
En el sistema de salud, esto puede manifestarse en una menor calidad de la atención, en la falta de servicios culturalmente adecuados o en el trato discriminatorio por parte del personal médico.
Aunque se han logrado avances para reducir la desigualdad en la atención materna entre mujeres indígenas y no indígenas, esta persiste.
Para resolverlo es necesario entender esta realidad y enfrentarla. “Todos los que formamos parte del sistema de salud, incluyendo administrativos y personal de vigilancia, debemos tener muy presente que brindar un trato digno a todas las personas es un objetivo, no algo adicional”.
Así, ampliar la cobertura de los servicios de salud no es suficiente si no se abordan los factores estructurales que generan esta desigualdad. Continuar haciendo esfuerzos para garantizar el acceso a la salud a mujeres indígenas es indispensable.
“México tiene un gran porcentaje de población indígena”, dice García-Díaz. “Seguramente el gobierno estará interesado en hacer que el proceso de gestación sea lo más inclusivo y equitativo posible entre las mexicanas, no importa si eres indígena o no”.
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