En 1998, el reportero de Science, Robert Service, describía una tecnología vegetal que hacía que las plantas genéticamente modificadas produjeran semillas estériles, obligando a los agricultores a comprarlas cada año. Era la llamada “Tecnología Terminator”, patentada por la empresa semillera Delta & Pine Land, subsidiaria de Monsanto, junto con el Departamento de Agricultura de Estados Unidos.
Se trataba de una patente otorgada a Delta & Pine Land (D&PL) y la tecnología incluía «interruptores» genéticos de encendido y apagado a las semillas de plantas genéticamente modificadas y las cuales producían una toxina en sus propias semillas que las hacía estériles.
Para Delta y otras compañías, la tecnología Terminator significaba “salvaguardar” sus inversiones en la mejora de variedad en las plantas, sin embargo, su venta implicaba consecuencias graves a agricultores empobrecidos y la erosión de la biodiversidad de cultivos.
Al final, la tecnología terminator que buscaba ser comercializada por Monsanto, fue retirada por el jefe ejecutivo de esa misma empresa, Robert Shapiro, cediendo a la presión internacional de no desarrollar y vender la tecnología de semillas estériles.
Aunque la tecnología no rindió frutos, fue una movida complicada para quienes defendían a los alimentos transgénicos como una “alternativa segura” de solución a la desnutrición global y a la seguridad alimentaria. Sin embargo, no todas las empresas que producían alimentos transgénicos tenían estos objetivos lucrativos.
El inicio del comercio de alimentos transgénicos
Las plantas genéticamente modificadas en general se comercializan desde 1996, después de décadas de estudio en la biotecnología moderna. Sin embargo, la aprobación de estos organismos como alimento humano o animal requiere de un protocolo de análisis para demostrar su inocuidad, según el libro Transgénicos, grandes beneficios, ausencia de daños y mitos, publicado en 2017 por el Colegio Nacional y coordinado por Francisco Bolívar Zapata.
Técnicas para producir plantas genéticamente modificadas
Uno de los métodos más utilizados para producir plantas genéticamente modificadas es mediante el uso de Agrobacterium tumefaciens, una bacteria del suelo con la capacidad de infectar células vegetales y transferir una secuencia definida de su ADN a la célula vegetal por infección.
En la actualidad existen otros tipos de técnicas: biobalística, sonicación, liposomas, vectores virales, productos químicos, fibras de carburo de silicio, el método floral dip, microinyección y tratamiento con microláser, dependiendo de la especie que se desee transformar.
Caso Tomate Flvr Svr
Desde 1988 la empresa Calgene tenía el visto bueno del gobierno estadounidense para hacer pruebas de campo con el tomate cuya modificación genética retardaba su maduración. Así, tenía un periodo más largo de conservación en la cadena de suministro.
Fue hasta 1994 que el tomate Flavr Savr salió al mercado, incluso aprobado en México. En 1996 se retiraron del mercado después de varios efectos inesperados en el producto, como que la piel del tomate fuera más blanda, tuviera un sabor extraño y presentara cambios en su composición que aunque no afectaba el consumo, no destacaba de otros productores, además que costaba más.
Para muchas empresas interesadas en los alimentos genéticamente modificados, esta historia fue una lección de que la etiqueta que los distinguía podría resultar contraproducente.
El caso de la papaya SunUp
De la lista de los alimentos genéticamente modificados existentes que se cultivan y consumen en distintas partes del mundo, las características añadidas varían desde ser resistentes a los herbicidas durante su cultivo, hasta la adición de vitaminas o nutrientes.
El caso de la papaya SunUp es distinto. Su desarrollo se hizo en la década de los 90 con el objetivo de sobrevivir el virus de la mancha anular de la papaya, que devastaba los cultivos de la Isla Puna en Hawaii.
En el código genético de la papaya Carica no existía la resistencia natural al virus. Con la técnica de transformación por bombardeo de partículas, un grupo de investigadores desarrolló la papaya transgénica “SunUp”, que lleva consumiéndose en Hawaii y se exporta a Canadá, Estados Unidos y Japón desde hace tres décadas, sin encontrar hasta ahora algún efecto negativo en sus consumidores.
La lista de alimentos transgénicos
Se estima que en al menos 35 países se permite parcialmente el cultivo de alimentos genéticamente modificados, como Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, República Checa, Honduras, Malaui, México, Myanmar, Nigeria, Pakistán, Paraguay, Filipinas, Portugal, Sudáfrica, Eslovaquia, España, Sudán, Eswatini, Estados Unidos, Uruguay, Vietnam, Zambia, Kenia, Zimbabue, Burkina Faso y Cuba.
Algunas características que contienen estos distintos tipos de alimentos genéticamente modificados son: resistencia a herbicidas y virus, a plagas y mayor calidad nutricional. Entre los alimentos permitidos a julio de 2024 en algunos de estos países, considerados como eventos transgénicos (y no variedades, que es como se denomina al tipo sin modificación en laboratorio), están:
- Alfalfa (Medicago sativa) – forraje animal.
- Manzana (Malus x domestica) – fruta, consumo humano.
- Canola argentina (Brassica napus) – aceite comestible, consumo humano.
Cártamo (Carthamus tinctorius L.) – semillas para aceite comestible. - Frijol (Phaseolus vulgaris) – legumbre, consumo humano.
- Achicoria (Cichorium intybus) – raíces y hojas comestibles, consumo humano.
- Algodón (Gossypium hirsutum L.) – semillas procesadas para aceite comestible, subproducto alimentario.
- Berenjena (Solanum melongena) – hortaliza, consumo humano.
- Lino (Linum usitatissimum L.) – semillas y aceite comestible, consumo humano.
- Maíz (Zea mays L.) – grano, forraje, alimento humano y animal.
- Papaya (Carica papaya) – fruta, consumo humano.
- Piña (Ananas comosus) – fruta, consumo humano.
- Canola polaca (Brassica rapa) – aceite comestible, consumo humano.
- Papa (Solanum tuberosum L.) – tubérculo, consumo humano.
- Arroz (Oryza sativa L.) – cereal, consumo humano.
Plátano australiano (QCAV-4) - Soya (Glycine max L.) – grano, aceite, forraje, alimento humano y animal.
- Remolacha azucarera (Beta vulgaris) – azúcar, consumo humano.
- Trigo (Triticum aestivum) – cereal, consumo humano.
De igual forma en la cadena de suministro de alimentos, algunos animales que son para consumo humano comen follaje de origen transgénico, y en Estados Unidos, por ejemplo, se consumen animales transgénicos como el salmón AquAdvantage y carne de cerdo GalSafe.
No cultiva, pero importa:
Aunque muchos países de la Unión Europea no cultivan OGM, Europa es uno de los mayores consumidores a nivel mundial. Todos los países de la UE importan anualmente más de 30 millones de toneladas de maíz y soya biotecnológicos para alimentación animal, lo que convierte al continente en el mayor consumidor regional de OGM en el mundo.
En la UE se permite la importación de ciertos alimentos transgénicos para su uso en forraje animal, consumo directo humano o como ingredientes. La aprobación incluye algunos tipos de maíz, soya, canola y algodón, la mayoría desarrollados por empresas como Bayer o Corteva. A diferencia de otras regiones, la UE también autoriza el uso de remolacha azucarera o betabel transgénico. Solo en España y Portugal se cultiva un tipo de maíz transgénico (maíz Bt) desde hace 28 años.
En África, por ejemplo, al menos 11 países permiten la siembra y consumo de alimentos transgénicos sobre todo maíz, soya, trigo, canola y arroz
Por el momento los debates sobre consumir, importar o sembrar alimentos transgénicos son vigentes desde varias aristas: científicas, biotecnológicas y a nivel ético en varias regiones del mundo debido a su relevancia en el tema de la inseguridad alimentaria.
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