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Cómo enseñar empatía a profesionales de la salud

Los planes de estudio en las escuelas de medicina suelen dejar de lado las herramientas emocionales necesarias para atender pacientes.
Ilustración de doctores con pacientes
“Es importante recordar que todos somos personas, no estamos tratando con robots”, dice Jessica López, médica cirujana de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud del Tec de Monterrey. (Ilustración: Blair Frame)

Para muchos, ir al doctor puede ser una experiencia difícil. Vamos cuando algo nos duele o nos sentimos mal, así que, además de este miedo a que nuestros síntomas sean resultado de una terrible enfermedad, la consulta puede complicarse cuando nos atienden de manera indiferente.

Esta relación entre los profesionales de la salud y los pacientes ha sido estudiada a lo largo de los años, ya que, se cree que tiene una influencia en qué tan buenos serán los resultados de la atención.

En distintos estudios, se ha encontrado que una consulta en donde hay empatía y buena comunicación resulta en que los pacientes sigan su tratamiento como se les indicó.

“Mejorar esta relación hace que el paciente se sienta más involucrado y entienda mejor lo que le está pasando o por qué tiene que hacer lo que tiene que hacer”, dice Jessica López, médica cirujana de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud del Tec de Monterrey, en entrevista con TecScience.

También, se ha encontrado que en prácticas de medicina alternativa, como la acupuntura, las preguntas que se le hacen al paciente sobre su estado de ánimo o historia de vida les hacen sentir vistos y escuchados y pueden influir en que sus síntomas mejoren.

A pesar de la importancia de esta relación, muchas de las escuelas de medicina no incluyen en sus planes de estudio módulos que les permitan a los estudiantes desarrollar sus habilidades sociales y de comunicación interpersonal.

Los programas suelen más bien estar enfocados en que desarrollen un conocimiento teórico profundo sobre las distintas enfermedades y padecimientos, así como sus causas.

“Esto es importante, porque −al final− lo que tratamos son personas”, dice América Valero, médica cirujana de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud del Tec de Monterrey.

Falta la educación emocional

Tanto Valero, como López participaron en la redacción de un capítulo de libro enfocado en cómo enseñarles a los estudiantes de medicina las claves emocionales que se necesitan para tener un buen desempeño en el entorno clínico.

Este forma parte del libro The Lifelong Learning of Health Professionals: Continuing Education and Professional Development, que profundiza sobre la educación continua para profesionales de la salud, conceptualizado y editado por Helena Prior del Hospital Egas Moniz, Portugal, y Mildred López, de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud del Tec de Monterrey.

“Debemos atender a los pacientes con buenas herramientas de comunicación, sin discriminar, ni dejar de lado la barrera profesional”, dice Valero.

Fuera del aprendizaje de conceptos clínicos, los médicos en formación deben aprender a darle prioridad a la empatía, el respeto y la inclusión en sus consultas, cultivar confianza y a contener las emociones de sus pacientes.

El comunicar la enfermedad o condición que padecen sus pacientes con un lenguaje sencillo y claro, de forma tranquila y no estigmatizante es indispensable para el éxito de su manejo.

Debido a que la carga de trabajo, las horas sin dormir que involucran las rotaciones y las preocupaciones personales de los profesionales de la salud pueden abrumarles, es necesario que tengan las herramientas para regular sus propias emociones y no permitir que interfieran a la hora de atender pacientes.

También, se les deben enseñar el lenguaje específico y el conocimiento necesario para abordar la discriminación social cuando atienden a personas de comunidades, religiones o grupos marginados -por ejemplo, el preguntar los pronombres del paciente al inicio de la consulta-.

“Como profesionales de la salud, no nos deben importar las ideologías o creencias, sino darle el mejor trato a cualquier persona”, dice López.

Los planes de estudio también deben concientizar a los estudiantes sobre los sesgos, el racismo y la discriminación que existen en la medicina, como el estudio de padecimientos y síntomas predominantemente en hombres caucásicos, por ejemplo.

De esta forma, pueden saber que al atender a un paciente hay más cosas a considerar, como la etnia o su sexo.

Tratar el burnout

Afortunadamente, con los años, la relación médico-paciente ha ido evolucionando. “En un inicio era una relación muy paternalista”, dice López. “Ahorita se busca algo más recíproco y de confianza”. 

El mejorar esta relación no solo es importante para asegurar la mejor atención posible para los pacientes si no también para proteger la salud mental de los profesionales de la salud.

De acuerdo con López, a partir de la pandemia, debido al cansancio, la atención constante a pacientes, el sufrimiento y las muertes que observaron empezó a reportarse una crisis de empatía entre ellos.

Tener espacios para hablar sobre estas situaciones entre pares y con un profesional de la salud mental es indispensable para que puedan lidiar con la parte emocional que involucra su trabajo.

Lidiar con la muerte de un paciente y el dolor de sus familiares no es algo sencillo y deben proveerles de herramientas para poder hacerlo.

“Practicar esas claves emocionales nos ayuda con los pacientes, con nuestros pares y nosotros mismos”, dice Valero.

Al final, para ellas se trata de pensar en todos los involucrados y saber que no nacemos con herramientas emocionales, si no que las debemos aprender.

“Es importante recordar que todos somos personas, no estamos tratando con robots”, dice López. “La información teórica la podemos encontrar en la computadora, pero la parte emocional es la más complicada, en la que más tenemos que trabajar».

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Autor

Inés Gutiérrez Jaber