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Las ciudades mexicanas crecen hacia la periferia, pero sus centros se vacían

Un estudio del Tec de Monterrey y el Complexity Science Hub revela que 69 ciudades mexicanas perdieron población en sus centros, alargando los traslados diarios de sus habitantes.
Mosaico de imágenes satelitales de nueve ciudades mexicanas mostrando zonas urbanas en rosa y áreas de expansión en verde
Vista satelital de distintas ciudades mexicanas analizadas en el estudio. En rosa, las zonas de mayor concentración poblacional; en verde, las áreas de expansión urbana. Imágenes: Centro para el Futuro de las Ciudades y Complexity Science Hub. (Imagen: Cortesía)

En México, las ciudades han duplicado la cantidad de gente que las habita y se están expandiendo a un ritmo acelerado. Al mismo tiempo, están perdiendo población en sus centros de forma masiva. Desde hace años se había especulado que esto estaba sucediendo, pero hasta ahora no había sido posible demostrarlo con evidencia.

“No es únicamente que las zonas metropolitanas hayan crecido en las periferias, sino que la gente que solía vivir en los centros ha sido expulsada”, dice Gonzalo Peraza, investigador del Centro para el Futuro de las Ciudades (CFC) y profesor asociado de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública (EGobiernoyTP) del Tecnológico de Monterrey.

En un estudio reciente, Peraza y un grupo de investigadores encontraron que entre 1990 y 2020, los centros urbanos de 69 áreas metropolitanas perdieron alrededor de 2.5 millones de habitantes y se desplazaron hacia zonas intermedias y periféricas.

La colaboración entre el CFC y el Complexity Science Hub, de Austria, demostró que esta pérdida se repite en ciudades de distintos tamaños y distintas características, incluso cuando su población general aumenta. 

Esto repercute directamente en la calidad de vida de quienes habitan estas ciudades.

Entre algunos de los efectos se encuentran mayores tiempos de traslado, más emisiones de gases de efecto invernadero y la pérdida de salud mental debido al tráfico y la saturación de los sistemas de transporte.

“Cuando ves la parte demográfica te hace pensar que es un sinsentido lo que estamos haciendo”, expresa Roberto Ponce, director de investigación del CFC y líder del proyecto. “Hemos invertido tantos recursos en los centros y los estamos abandonando para irnos a las periferias, donde no hay servicios”.

Las matemáticas detrás de cómo crecen las ciudades mexicanas

Para demostrarlo, los investigadores construyeron una base de datos espacial de 69 áreas metropolitanas mexicanas a partir de los censos de población y vivienda del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) de 1990, 2000, 2010, y 2020.

“Tuvimos que diseñar un flujo de datos que nos permitiera arreglar los errores de alineación geométrica”, explica Peraza.

Después dividieron el mapa de cada ciudad en una cuadrícula de celdas de aproximadamente 470 por 470 metros, como un tablero de ajedrez superpuesto sobre el territorio. Esto les permitió dejar de ver a la ciudad únicamente como un conjunto de municipios o áreas administrativas y observar cómo estaba distribuida la población dentro de ella.

Para cada ciudad establecieron como centro su punto histórico de fundación y calcularon qué tan lejos estaba cada celda de ese punto, organizando el territorio en anillos concéntricos para medir cómo se distribuía la población conforme aumentaba la distancia al centro.

Con el fin de poder comparar ciudades enormes, como la Ciudad de México, con una pequeña, como Zamora, utilizaron matemáticas sofisticadas para comprimir o expandir la población de cada una de las ciudades para que terminaran con un millón de habitantes

“Ya que todas tienen esta población hipotética, puedo ver dónde está la ganancia y dónde la pérdida”, explica Rafael Prieto, investigador del Complexity Science Hub.

De esta manera pudieron distinguir entre el efecto de que una ciudad simplemente fuera más grande y un verdadero cambio en la forma en que su población se distribuía.

Finalmente, compararon estas distribuciones entre los distintos años y calcularon cuánto se había desplazado hacia afuera la población. A este indicador lo llamaron urban expansion factor (o factor de expansión urbana).

También separaron cuánto de esa expansión podía explicarse por el crecimiento demográfico y cuánto correspondía a otros procesos. 

De arriba a abajo, izquierda a derecha: Gonzalo Peraza, investigador del Centro para el Futuro de las Ciudades (CFC) y profesor asociado de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública; Roberto Ponce, director de investigación del CFC y líder del proyecto; Rafael Prieto, investigador del Complexity Science Hub; Eugen Reséndiz, fellow del CFC y profesora investigadora de la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño; y Rodolfo Figueroa, científico de datos del CFC. (Foto: Cortesía)

Los impactos de la gran pérdida

Lo que encontraron fue sorprendente para los investigadores involucrados: todas las ciudades analizadas habían perdido población en el centro.

En 1990, más del 40% de la población urbana vivía en las zonas centrales. Para 2020, esa proporción había caído a 22%, creando ciudades más extensas, pero menos densas.

“En algunos casos pierden miles, en otros cientos de miles”, expresa Rodolfo Figueroa, científico de datos del CFC. 

Aunque el hallazgo no suena tan impactante, hay que considerar que es una pérdida universal en todo el país y que sucedió a pesar de que cada ciudad tuvo distintos gobiernos.

“Tuvimos partidos diferentes, alcaldes diferentes, gobernadoras o gobernadores distintos y aún así sucedió”, analiza Prieto. “No hubo una mano invisible, simplemente dejamos la demografía de un país pasar”.

Comparación de la expansión urbana entre la Ciudad de México y Puebla-Tlaxcala entre 2000 y 2020, según datos del estudio del Centro para el Futuro de las Ciudades y el Complexity Science Hub. (Imagen: Cortesía)

A pesar de que el objetivo del estudio era únicamente diagnosticar el problema, los autores señalan que esta gran pérdida tiene repercusiones negativas: cada vez más personas viven lejos de las zonas centrales, aumentando las distancias que deben recorrer diariamente para ir a trabajar.

“La gente viaja casi un 30% más para llegar a los centros”, cuenta Eugen Reséndiz, fellow del Centro para el Futuro de las Ciudades y profesora investigadora de la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño (EAAD) del Tec de Monterrey.

Este aumento en la necesidad de trasladarse tiene un impacto directo en el tráfico, la saturación de los sistemas de transporte público, la salud mental de la población al tener que pasar tanto tiempo en tránsito y las emisiones de gases de efecto invernadero de vehículos motorizados.

Cada gráfica muestra la evolución de 69 ciudades mexicanas por década. El rojo marca la pérdida de población en los centros urbanos; el verde, el crecimiento en las periferias. Fuente: Centro para el Futuro de las Ciudades y Complexity Science Hub.

La periferia rica y la periferia pobre

Otra de las consecuencias es que los centros se vuelven más inseguros, pues hay gente durante el día trabajando, pero en la noche se vacían. También se desperdician los recursos que tienen.

Llevar infraestructura y servicios a las periferias es más costoso y complicado, lo cual dificulta poder garantizarlos para toda la población, afectando principalmente a los más vulnerables.

“Las personas que terminan siendo expulsadas de los centros son las que trabajan en los centros”, dice Reséndiz.

También, los expertos señalan que con la expansión de las ciudades se han gestado dos periferias: la rica y la pobre.

En la rica, el principal impacto de este fenómeno es el aumento de los tiempos de traslado, mientras que en la pobre se le suman la inseguridad y la falta de servicios básicos como agua potable, drenaje, electricidad y transporte público.

“En Chalco, por ejemplo, la posibilidad de que tengas agua es casi cero y hay una ausencia del gobierno terrible”, señala Prieto.

Además de estas consecuencias, está la pérdida de contacto con actividades culturales por la distancia a los centros históricos. “Cuando vemos dónde están los museos, casi ninguno está en las zonas periféricas”, dice Reséndiz.

De esta manera, los investigadores argumentan que la pérdida de población en los centros de las ciudades es un problema que debe atenderse con urgencia para que el patrón no se siga repitiendo en las siguientes décadas.

“Al permitir que se pierda población en las zonas céntricas, haces las ciudades menos funcionales y eficientes”, agrega Peraza.

Las posibles causas de esta pérdida

La pérdida de población en los centros puede sonar a algo natural que simplemente sucedió, pero los investigadores argumentan que algunas de las causas pudieron haberse evitado.

Uno de los factores principales fue el cambio en las políticas de vivienda en México durante los años noventa, que permitió la venta de terrenos ejidales donde el suelo era más barato, pero estaba más lejos. 

“Hay algo intrínseco que está fallando en nuestros modelos urbanos”, señala Prieto.

Otra de las causas —probablemente la más importante— fue la falta de vivienda asequible en los centros de las ciudades. Desde hace décadas, vivir en ahí resulta muy caro, independientemente del nivel de ingresos de las personas.

Las reformas a los organismos de financiamiento permitieron que empresas privadas construyeran grandes cantidades de vivienda en las periferias, donde es más barato comprar una casa o departamento, o rentar.

“La accesibilidad a la vivienda es el tema más relevante a atacar”, dice Peraza. “También creo que realmente nadie entiende cómo funciona el mercado de vivienda actual”. 

Además, se suman causas como el aumento exponencial en la compra de automóviles, el cambio de la pirámide poblacional y la falta de una política pública de densificación de la ciudad. Los investigadores plantean que estos procesos pueden reforzarse entre sí y producir una redistribución de la población hacia zonas más remotas.

Cómo frenar la pérdida de población en los centros

Saber que en México se está perdiendo población en los centros de las ciudades y reconocer que es algo malo es indispensable para frenar la tendencia.

“Sin diagnóstico no hay siguientes pasos”, señala Prieto. “Debemos entenderlo como algo negativo, un proceso que no debería de estar pasando”.

Los investigadores contribuyen a esto no solo con la publicación del artículo, sino con la utilización de esta misma información para desarrollar el Atlas de Ciudades, donde tomadores de decisiones y ciudadanos pueden consultar la información, presentada de forma didáctica.

Entre algunas de las posibles soluciones, está promover ciudades más compactas y evitar que el crecimiento urbano siga extendiéndose sin control hacia las periferias. 

Para ello, proponen coordinar las políticas de vivienda, transporte y desarrollo económico, de manera que las nuevas viviendas y oportunidades no se concentren únicamente en zonas cada vez más alejadas. El objetivo sería mantener la densidad de población existente y aprovechar mejor las zonas urbanas ya consolidadas.

“Esto no depende de la voluntad de un solo actor, es un juego de incentivos en la que participan una serie de actores”, dice Ponce.

Tres de los instrumentos políticos y económicos que más podrían ayudar son la regulación del uso del suelo, los incentivos fiscales y las obras de infraestructura para desarrollar otras zonas en las ciudades con buena infraestructura, servicios y oferta laboral, lo cual le quita la presión al valor del suelo de la zona central.

Con esto, podrían empezar a reconvertirse y regenerarse edificios y viviendas del centro, invitando a las personas a regresar.

“Las ciudades no tienen por qué condenarse a un futuro de contaminación, suburbios, autos, claxones y tráfico”, concluye Prieto. “Más bien pensemos en cómo queremos que sea México para 2050”.

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Autor

Picture of Inés Gutiérrez Jaber