En México, casi la mitad del agua potable se pierde antes de que llegue a los usuarios. De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), alrededor del 46% se desperdicia por fugas en las redes de distribución.
La pérdida de este recurso se asocia a factores como la falta de mantenimiento y el envejecimiento de presas, acueductos, plantas potabilizadoras y miles de kilómetros de tuberías. Además del desperdicio de agua, el deterioro de estas obras aumenta el riesgo de interrupciones en el servicio y mayores costos de operación.
Ante este panorama, Aldo Iván Ramírez e Ismael Aguilar, investigadores del Centro del Agua del Tecnológico de Monterrey, analizaron para un estudio el envejecimiento de la infraestructura hidráulica a nivel nacional y en las zonas metropolitanas de Monterrey, Guadalajara y Ciudad de México.
El proyecto Obsolescencia de la Infraestructura Hidráulica en México: Retos y perspectivas, cofinanciado por el Tecnológico de Monterrey y la Fundación Gonzalo Río Arronte (FGRA), tenía por objetivo generar un diagnóstico que orientara decisiones de política pública.
“Infraestructura quiere decir servicio, para eso construimos las cosas y, en la medida en la que la infraestructura no esté funcionando bien o prestando ese servicio, pues entonces tenemos un problema”, explica Ramírez, quien es director del centro e investigador de la Escuela de Ingeniería y Ciencias (EIC).
Los resultados del diagnóstico se publicaron en un reporte que muestra que algunas de estas obras y sistemas ya superaron, en promedio, la vida útil para la que fueron diseñados. Además, en las ciudades, el envejecimiento no es uniforme y algunas de las redes más antiguas se ubican en las zonas centrales.
Un indicador para medir la vejez de la infraestructura

Aguilar, quien es investigador del centro y profesor de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno (ESCG), dice que para realizar el diagnóstico desarrollaron un indicador que relaciona la edad de una infraestructura con la vida útil para la que fue diseñada: el factor de envejecimiento.
La lógica de este indicador consiste en que si una tubería tiene 30 años y fue diseñada para funcionar durante 40, su factor es de 0.75. Es decir, cuando el indicador supera 1.00, significa que la infraestructura ya rebasó la vida útil para la que fue diseñada.
Superar ese tiempo no significa necesariamente que la obra vaya a dejar de funcionar, aclara Aguilar, pues su estado también depende de los materiales, las condiciones en las que opera y el mantenimiento que haya recibido. El indicador funciona, más bien, como una señal de alerta para identificar dónde podría requerirse una evaluación más detallada, mantenimiento o un posible reemplazo.
Además, aunque ya existen modelos más complejos para estimar el deterioro y posibles fallas en la infraestructura, requieren información histórica que no siempre está disponible en el país.
“México no tiene esos datos. No podíamos avanzar hacia esquemas más sofisticados de medición y de pronóstico de fallas de la infraestructura, pero este indicador, aunque se ve muy sencillo, es muy poderoso. Detrás de su desarrollo está el análisis de literatura internacional muy relevante, donde hay métricas más complejas”, señala.
Los investigadores aplicaron el factor de envejecimiento a nivel nacional en infraestructuras de las que encontraron información sobre su antigüedad en bases de datos oficiales de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y del Servicio Meteorológico Nacional (SMN). En el caso de las estaciones climatológicas e hidrométricas, fue necesario desarrollar un algoritmo para extraer el año en que comenzó a operar cada una y, a partir de ese dato, calcular su edad.

Presas y redes de monitoreo superan su vida útil
Después compararon la edad de cada infraestructura con los años que se espera que pueda funcionar, de acuerdo con la literatura especializada y criterios técnicos que consultaron para realizar el estudio.
“Encontramos que hay tres sistemas que ya tienen un factor arriba de uno, que es donde ya nos ponen focos rojos: las redes de medición climatológicas, las redes hidrométricas y las grandes presas”, señala Ramírez.
El mayor envejecimiento se identificó en 208 de las principales presas del país, con una edad promedio de 67.3 años frente a una vida útil de referencia de 50 y un factor de envejecimiento de 1.42.
Les siguen las redes climatológicas, con un factor de 1.34, y las hidrométricas, con 1.27. En las primeras, 81% de las estaciones analizadas ya habían superado su vida útil estimada de 40 años; en las segundas, 64%.
Los acueductos registraron un factor de envejecimiento de 0.85, con una edad promedio de 34 años frente a una vida útil estimada de 40. Sin embargo, aunque en conjunto están debajo del límite, el reporte señala que el 40% de los principales acueductos ya superó su vida útil y más de la mitad tiene al menos 35 años de operación.
El envejecimiento no es igual en toda la ciudad
Los investigadores también analizaron las zonas metropolitanas de Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara, donde pusieron especial atención en las redes de distribución de agua potable y alcantarillado sanitario, así como en acueductos y plantas potabilizadoras y de tratamiento. El análisis mostró que el envejecimiento varía según el tipo de infraestructura y la zona de cada ciudad.
Ciudad de México presentó el mayor factor promedio de las tres, con 1.14, seguida de Monterrey, con 0.87, y Guadalajara, con 0.78. Sin embargo, los investigadores identificaron que estos promedios pueden ocultar infraestructura mucho más antigua en determinadas zonas.
En Ciudad de México, los mayores niveles de envejecimiento se encontraron en los acueductos y el alcantarillado; en Monterrey, en las plantas potabilizadoras; y en Guadalajara, en los acueductos y la red de distribución.
Para Ramírez, identificar estas diferencias puede ayudar a los organismos operadores a decidir dónde concentrar recursos para el mantenimiento, la rehabilitación o el reemplazo.
“Este factor podría orientar incluso las inversiones, que a veces son muy poquitas, pero finalmente hay que sacarles el mayor provecho posible. Los organismos operadores de agua usualmente tienen un gran problema entre manos con muy pocos recursos”, señala el director del Centro del Agua.
Como siguientes pasos, los investigadores buscan llevar el diagnóstico a otras ciudades y países, trabajar con organismos nacionales, como el INEGI, para mejorar la información disponible y avanzar hacia una nueva etapa que permita estimar cuánto costaría rehabilitar, modernizar o reemplazar la infraestructura que ya muestra señales de envejecimiento.
¿Te interesó esta historia? ¿Quieres publicarla? Contacta a nuestra editora de contenidos para conocer más marianaleonm@tec.mx







