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¿Qué es un transgénico?

Desde el descubrimiento de la doble hélice del ADN en 1953 y el desarrollo de otras herramientas moleculares, así como el inicio de la biotecnología, los organismos genéticamente modificados forman parte de nuestra cotidianidad
doble helice del adn transgen
Si un fragmento de ADN foráneo ingresa a una célula y no es degradado, puede integrarse en su genoma mediante un proceso llamado recombinación genética. De este modo, el nuevo ADN se vuelve parte del organismo receptor y le confiere propiedades asociadas a ese gen, de acuerdo con el libro Transgénicos, grandes beneficios, ausencia de daños y mitos. (Foto: Getty Images)

La definición corta de un transgénico es un organismo o célula cuyo genoma ha sido alterado mediante la introducción por medios artificiales de una o más secuencias de ADN ajeno proveniente de otra especie. Los organismos transgénicos, sin embargo, se generan en el laboratorio para fines de investigación, de acuerdo con el National Human Genome Research Institute.

Un inicio marcado de los organismos genéticamente modificados (GMO) o transgénicos es cuando se descubrió la Agrobacterium tumefaciens, una bacteria del suelo con la capacidad de infectar células vegetales y transferir una secuencia definida de su ADN a la célula vegetal por infección y un agente causante de la enfermedad de la agalla de la corona.

El inicio de la biotecnología moderna

Para poder desarrollar organismos genéticamente modificados se une la información genética y da inicio una nueva rama, que es la biotecnología moderna, dentro de la cual están las distintas formas de manipular la información genética.

“No siempre es meter información de una especie a otra, pero siempre se busca hacer algo nuevo que no existe en la naturaleza, con un propósito de interés humano para la producción”, explica Ana Wegier, investigadora en el Jardín Botánico del Instituto de Biología, UNAM.

Lo que ocurre a nivel molecular

Al descubrirse la doble hélice del ADN en 1953, se hallaron más herramientas moleculares que permitieron conocer al ADN recombinante y no recombinante.

“Para poder hacer un ADN recombinante, necesitas ciertas tijeras moleculares, vamos a decirlo así. Que fue el descubrimiento de las enzimas de restricción en algunos microorganismos y son parte de su mecanismo de defensa. Así como otras enzimas distintas que se llaman ligasas, que justo el nombre lo dice, permiten pegar segmentos”, explica Paola Angulo, profesora investigadora en el Departamento de Bioingenierías y parte de la iniciativa de investigación de Food Security en el Tecnológico de Monterrey.

Cuando una célula incorpora un gen nuevo a su ADN, su material genético se reorganiza y modifica, lo que puede otorgarle nuevas características. Los organismos transgénicos existen porque las células son capaces de integrar genes de otros seres vivos. Esto es posible porque el ADN tiene una estructura común en todos los organismos, lo que permite su incorporación de manera natural.

Si un fragmento de ADN foráneo ingresa a una célula y no es degradado, puede integrarse en su genoma mediante un proceso llamado recombinación genética. De este modo, el nuevo ADN se vuelve parte del organismo receptor y le confiere propiedades asociadas a ese gen, explica el libro Transgénicos, grandes beneficios, ausencia de daños y mitos, publicado en 2017 por el Colegio Nacional y coordinado por Francisco Bolívar Zapata.

Así, en 1973 los genetistas Stanley Cohen y Herbert Boyer desarrollaron el primer organismo transgénico mediante la inserción de un fragmento de ADN de rana en un plásmido (utilizado como vector para clonar molecularmente el ADN transgenes) bacteriano, introducido luego en la bacteria Escherichia coli, señala el libro.

“Con estas metodologías (de ADN recombinante) la biotecnología alcanzó una nueva dimensión; gracias a ellas fue posible aislar genes específicos de cualquier organismo, amplificarlos e introducirlos a otro mediante mecanismos de transferencia horizontal de ADN y generar así organismos transgénicos o genéticamente modificados”, explica la publicación.

En 1983 la investigadora Mary-Dell Chilton dirigió el equipo que produjo la primera planta genéticamente modificada, al demostrar que una célula bacteriana podía transferir ADN a una célula vegetal.

La diferencia con la crianza selectiva

Wegier resalta la importancia de entender la diferencia entre un organismo genéticamente modificado y las otras técnicas que existen para hacer mejoramiento genético que no causan los mismos efectos que las de los organismos genéticamente modificados, como los métodos de hibridación o la selección fenotípica, esta última se refiere a identificar los rasgos observables.

Los organismos criados selectivamente son variantes genéticas o cepas seleccionadas por los humanos en función de sus fenotipos (y no de sus genomas) mediante un proceso de selección repetida de descendencia y apareamiento, de acuerdo con el artículo de 2023, Genetic engineering and genome editing in plants, animals and humans: Facts and myths publicado en 2023 en el journal Gene.

“Los organismos seleccionados naturalmente experimentan cambios genéticos aleatorios a lo largo de largos periodos de tiempo y son seleccionados fenotípicamente por la naturaleza para adaptarse mejor a su entorno”, explica la publicación.

Tanto la ingeniería genética como la crianza selectiva requieren intervención humana, de acuerdo con el artículo, pero conceptualmente se asemejan a la selección natural en cuanto a la producción de variantes genéticas nuevas de plantas y animales.

Precauciones y acercamiento a la bioética

Por su parte, Angulo llama a la importancia de aplicar principios precautorios en cuanto a los organismos genéticamente modificados y a acercarse a la bioética, ya que se deben analizar los diferentes casos y contextos de propuestas para introducir organismos transgénicos a un determinado ecosistema.

“Como ejemplo, llegamos a una jungla y tú de repente decides que necesitas talar todas esos árboles altos porque vas a extraer algún compuesto y las partes de abajo se van a ver negativamente impactadas. ¿Por qué? Porque están adaptadas a la sombra que provee la humedad y no sería una adaptación sencilla y rápida”, comenta la biotecnóloga.

Enfatiza que todo en la naturaleza es el resultado de millones de años de evolución, con una adaptación muy alta a las presiones de selección, al tema de fitness, a qué puede y no puede quedarse.

“Esto se llama deriva genética, cuáles genes se quedaron, cuáles no sirvieron y la naturaleza los seleccionó para que ya no estuvieran ahí porque todo en un hábitat está altamente diseñado, integrado para coexistir y obviamente para subsistir y dejar su legado y continuar con las generaciones”.

Para Angulo, la evolución es una fuerza muy poderosa en la naturaleza y llegar y “brincarnos” como el que se mete en la fila, llegar miles de años después como humanos y decir, “aquí está mi transgénico plántalo aquí” sí puede tener un impacto en el medio ambiente.

Transgénicos en el día a día

En la actualidad encontramos organismos genéticamente modificados en nuestro día a día, por ejemplo en fármacos como en la insulina, el interferón para atender el herpes y algunos tipos de cáncer o vacunas que previenen las enfermedades infecciosas como la hepatitis y la influenza, señala Bolívar Zapata en el libro.

De igual forma algunos alimentos ya cultivados en solo 29 países, según reportó en 2022 la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y consumidos directa o indirectamente en el mundo como la soya, la canola, la papa, la papaya, el maíz y en otras plantas como en el algodón, organismos secuenciados genéticamente que lo han permitido.

Sin embargo, para garantizar la máxima inocuidad alimentaria en términos de riesgos alimenticios, existen regulaciones a nivel mundial –como el Protocolo Cartagena–, sumadas a las legislaciones de cada país respecto al manejo de cultivos, exportaciones y consumo de organismos transgénicos.


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