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El burnout docente es un problema del sistema educativo, no de los maestros

Un estudio con docentes de escuelas públicas muestra que el burnout responde a factores estructurales como la sobrecarga laboral, la violencia, la escasez de recursos y el escaso respaldo institucional.
en la imagen se ve a una mujer estresada
El agotamiento docente fue estudiado mediante entrevistas en profundidad con 20 profesores de preescolar y primaria de escuelas públicas mexicanas. (Foto: Getty Images)

Por Angélica Janeth Cortez y Yolanda Heredia

El burnout (o síndrome de agotamiento profesional) entre docentes de escuelas públicas mexicanas no es consecuencia de fallas individuales, sino el resultado de condiciones laborales que superan cualquier capacidad humana de respuesta. 

Las cargas de trabajo excesivas, el financiamiento insuficiente y la escasez crónica de recursos deterioran el bienestar de quienes enseñan. Mientras estas condiciones estructurales no se atiendan, cualquier programa orientado al bienestar docente tendrá efecto limitado. 

Esta es la conclusión central de un estudio cualitativo realizado con veinte maestros y maestras de preescolar y primaria, del cual se analizaron a profundidad seis casos que ilustran los patrones más contrastantes.

El análisis se apoya en el modelo de Demandas-Recursos Laborales [1], que explica cómo el agotamiento aparece cuando las exigencias del trabajo superan de forma sostenida los recursos disponibles. Bajo este marco, el burnout de los docentes mexicanos no es una falla de carácter: es el resultado de un sistema que exige mucho y provee poco.

El estudio sugiere que los directores escolares necesitan promover estrategias de acompañamiento emocional, mediar en conflictos y hacer valer reglas que protejan la autoridad docente. Por su parte, los supervisores deben coordinar esfuerzos, contener demandas parentales y reducir la carga administrativa. 

Sin consecuencias reales para la agresión o la negligencia, la capacitación se convierte en un arma de doble filo: responsabiliza al docente de conflictos que no puede resolver solo.

El burnout no es una condición fija ni una característica personal: es un proceso que avanza o se detiene según el equilibrio entre lo que el trabajo exige y los recursos con que se enfrenta [7][8]. 

Lo que reportan los docentes mexicanos hace eco de hallazgos en sistemas de altos ingresos [9][10] y en contextos postconflicto [11], y contrasta con el compromiso global de que todo docente debería poder ejercer en condiciones de seguridad y dignidad [12]. 

Romper este ciclo exige reconocer el burnout como un problema del sistema, no de quienes lo sostienen.

Cinco causas de agotamiento

En el estudio Perspectives on Burnout: Mexican Preschool and Primary School Teachers’ Experiences and Solutions, los docentes identificaron cinco fuentes principales de agotamiento.

La primera es la falta de infraestructura y apoyo. Mientras que en países de altos ingresos la presión de tiempo —preparación fuera de horario, ritmo sin pausa, sobrecarga constante— suele ser el estresor dominante [2], en México se suma a condiciones físicas inseguras. A eso se suma la expectativa cultural del maestro como figura protectora, lo que impone una carga emocional adicional [3].

La segunda es la microgestión y pérdida de autonomía: vigilancia constante, papeleo excesivo y decisiones que deben autorizarse fuera del aula, todo lo cual desgasta el juicio profesional.

La tercera es la violencia e inseguridad. El mal comportamiento estudiantil es un estresor reconocido internacionalmente, pero en México este desafío se agrava con la violencia generalizada. 

Los seis participantes del estudio se refirieron a algún tipo de violencia, desde amenazas directas (agresión estudiantil, hostilidad de padres, cercanía con el crimen organizado) hasta formas más difusas como el abuso infantil o el acoso laboral. 

La violencia no apareció solo en los casos con burnout alto, sino que atravesó todo el espectro. A diferencia de otros sistemas educativos, los docentes mexicanos enfrentan estas amenazas casi sin respaldo institucional.

La cuarta es la negligencia parental y la expansión del rol docente. Cuatro de los seis participantes vincularon su agotamiento con la falta de involucramiento de las familias: disciplina inconsistente, ausencia de refuerzo académico, descuido de necesidades básicas. Muchos docentes mexicanos terminan absorbiendo funciones parentales sin el acompañamiento institucional suficiente para hacerlo de forma sostenible.

La quinta es la fatiga por compasión, el desgaste que produce acompañar durante años el sufrimiento de los estudiantes [4]. Su impacto se intensifica por la escasez crónica de psicólogos escolares. Sin espacios de contención, los maestros absorben el dolor ajeno hasta que la empatía se convierte en agotamiento.

Acción colectiva docente

La prioridad más mencionada durante el estudio fue el apoyo psicológico dentro de la escuela, tanto para estudiantes como para el personal. En lugares donde no existe una cobertura mínima, el análisis sugiere comenzar con medidas asequibles: sesiones grupales de desahogo, horarios fijos de consulta o psicólogos itinerantes, mientras se construye una inversión mayor.

Otra prioridad es la colaboración real entre escuelas y familias, con programas estructurados que establezcan corresponsabilidad clara y en línea con las recomendaciones de la UNESCO sobre alianzas comunidad-escuela [5]. Las políticas mexicanas suelen limitar la participación parental a reuniones esporádicas, sin programas sostenidos que promuevan una colaboración significativa.

También aparece como prioridad el liderazgo escolar comprensivo. Los directores que promueven oportunidades de desarrollo profesional y una cultura de cooperación ayudan a reducir las tasas de burnout [6]. En un sistema con jerarquías rígidas y alta supervisión burocrática, un buen liderazgo es a veces el único recurso institucional que ayuda a amortiguar el estrés.

El hallazgo más distintivo del estudio es que la acción colectiva protege a los docentes mucho más que cualquier estrategia individual. Donde los equipos enfrentaron los problemas en conjunto (círculos de pares, defensa mutua, responsabilidad compartida) hubo mayor resiliencia. Donde predominó el aislamiento, el agotamiento se agravó.

Esto plantea un desafío directo a la lógica dominante: talleres de mindfulness, programas de autocuidado y entrenamientos en resiliencia tienen su lugar, pero no pueden sustituir la creación de condiciones institucionales que los sostengan. Asimismo, el desarrollo profesional sigue siendo necesario (los participantes con menor burnout describieron hábitos como planear con calendario, meditar o dedicar tiempo al ocio), pero estas acciones funcionan solo cuando existe un respaldo estructural.

Referencia principal

Cortez Soto, A. J.; Heredia Escorza, Y. (2025). Perspectives on Burnout: Mexican Preschool and Primary School Teachers’ Experiences and Solutions. Journal of Education0(0).

Otras referencias
  1. Bakker, A. B., & Demerouti, E. (2007). The job demands-resources model: State of the art. Journal of Managerial Psychology, 22(3), 309–328. https://doi.org/10.1108/02683940710733115
  2. Skaalvik, E. M., & Skaalvik, S. (2017). Dimensions of teacher burnout: Relations with potential stressors at school. Social Psychology of Education, 20(4), 775–790. https://doi.org/10.1007/s11218-017-9391-0
  3. Romero Andrade, M. (2024). El trabajo emocional docente en la dimensión del cuidado. Revista Mexicana de Investigación Educativa, 29(101), 389–413. https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-66662024000200389
  4. Figley, C. R. (1995). Compassion fatigue: Toward a new understanding of the costs of caring. In E. B. H. Stamm (Ed.), Secondary traumatic stress: Self-care issues for clinicians, researchers, and educators (pp. 3–28). The Sidran Press.
  5. Landeros Aguirre, L. G., Lo Priore Infante, I., & López Santibáñez González, M. I. (Eds.). (2023). Transformar desde la educación: contribuciones del modelo social de la Fundación Alberto Baillères a la luz de la Agenda 2030. Oficina de la UNESCO en México D.F. y Fundación Alberto Baillères. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000390052
  6. Tornuk, N., & Gunes, D. Z. (2020). Perception of professional social support as a predictor of burnout level of pre-school teachers. International Journal of Current Instruction, 12(Special Issue), 105–114. https://ijci.net/index.php/IJCI/article/view/339/127
  7. Maslach, C., & Leiter, M. P. (1997). The truth about burnout: How organizations cause personal stress and what to do about it. Jossey-Bass.
  8. Hakanen, J. J., Schaufeli, W. B., & Ahola, K. (2008). The job demands-resources model: A three-year cross-lagged study of burnout, depression, commitment, and work engagement. Work & Stress, 22(3), 224–241. https://doi.org/10.1080/02678370802379432
  9. Oxley, L., Asbury, K., & Kim, L. E. (2024). The impact of student conduct problems on teacher wellbeing following the onset of the Covid-19 pandemic: An interpretative phenomenological analysis. British Educational Research Journal, 50(1), 200–217. https://doi.org/10.1002/berj.3923
  10. Dzuka, J., & Dalbert, C. (2007). Student violence against teachers: Teachers’ well-being and the belief in a just world. European Psychologist, 12(4), 253–260. https://doi.org/10.1027/1016-9040.12.4.253
  11. Rojas-Flores, L., Herrera, S., Currier, J. M., Foster, J. D., Putman, K. M., Roland, A., & Foy, D. W. (2015). Exposure to violence, posttraumatic stress, and burnout among teachers in El Salvador: Testing a mediational model. International Perspectives in Psychology, 4(2), 98–110. https://doi.org/10.1037/ipp0000029
  12. Global Coalition to Protect Education from Attack. (2015). Safe Schools Declaration. https://ssd.protectingeducation.org/

Autoras

Angélica Janeth Cortez Soto. Profesora de cátedra en el Tec de Monterrey. Es Doctora en Innovación Educativa y Maestra en Educación por el Tecnológico de Monterrey. Ha publicado en revistas indexadas como Frontiers in Psychology, Journal of Education y Texto Livre, entre otras.

Yolanda Heredia Escorza. Profesora investigadora de la Escuela de Humanidades y Educación, del Tecnológico de Monterrey. Es Doctora en Política Social de Bienestar Comparado y posee amplia experiencia en investigación educativa y políticas públicas.

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