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La molécula que mantiene los ojos hidratados

Aunque pasa desapercibida, la mucina es un componente clave para mantener estable la película lagrimal, proteger la superficie ocular y estudiar el ojo seco.
representación de la molécula de mucina
La mucina es una molécula que tiene la capacidad de retener agua y formar estructuras elásticas y pegajosas, lo que ayuda a que la lágrima se adhiera a la superficie del ojo y lo mantenga lubricado. (Foto: Getty Images)

Por Michelle Elizondo González
Autor revisor Jorge Valdez García

Cada vez que parpadeamos, ocurre un proceso casi imperceptible, pero realmente muy importante: una capa fina cubre la superficie del ojo para protegerlo, mantenerlo húmedo y permitir que veamos bien. Sin embargo, lo más interesante de este sistema no es el agua de la lágrima, sino la mucina, una molécula casi invisible que ayuda a mantener la película lagrimal en su lugar.

La estabilidad de la película lagrimal depende de la interacción y el equilibrio de tres capas: la capa lipídica externa que reduce la evaporación; una capa acuosa que contiene agua, proteínas y electrolitos; y una capa interna rica en mucinas que interactúa directamente con la superficie del ojo y ayuda a mantenerla hidratada.

Aunque durante mucho tiempo se pensó que estas tres capas funcionaban cada una por separado, ahora se sabe que la capa de mucina es fundamental para organizar y estabilizar todo el sistema.

Mucina: el ‘pegamento’ del ojo 

La mucina es una glicoproteína grande, es decir, una molécula que está formada por una proteína unida a múltiples cadenas de azúcares. Esta estructura le da características especiales, como la habilidad de retener agua y elaborar estructuras con propiedades elásticas y pegajosas. En buena medida, es el “pegamento” que permite que la lágrima se adhiera bien a la superficie del ojo. 

Esto es necesario porque la superficie del ojo rechaza el agua, haciéndola hidrofóbica. La mucina ayuda a que esta superficie sea más amigable y permite que la parte líquida de la lágrima se reparta de manera uniforme. Con este mecanismo, la película lagrimal no cambia su composición cuando se parpadea, es decir, no genera zonas secas en la superficie, lo cual contribuye a su estabilidad. 

Más allá de su función estructural, la mucina tiene capacidad para almacenar agua y mantener hidratado el epitelio corneal; además, sus características viscoelásticas reducen la fricción mecánica generada por el parpadeo. Por otra parte, algunas mucinas que se localizan en la membrana celular (MUC1, MUC4 y MUC16) forman una barrera protectora contra microorganismos y partículas externas, y desempeñan un papel importante en la defensa inmunológica del ojo. 

Cuando la mucina se altera

No todas las mucinas son iguales. En la superficie del ojo hay dos tipos principales de mucinas: las mucinas secretadas (MUC5AC) que son producidas por células caliciformes de la conjuntiva, y las mucinas transmembranales, que están unidas a las células epiteliales. Las primeras preparan geles que colaboran con la dispersión de la lágrima en la superficie ocular y las segundas estabilizan y protegen el epitelio. 

Cuando este sistema se altera, las consecuencias pueden ser importantes. Una disminución de la producción o del funcionamiento de las mucinas resulta en inestabilidad en la película lagrimal, lo que aumenta la evaporación y deja la superficie del ojo expuesta. Este fenómeno está íntimamente ligado al síndrome de ojo seco, que es una de las enfermedades oculares más comunes en la actualidad. 

El ojo seco no es solo una molestia leve. Es una condición más complicada que puede causar inflamación y daño en la superficie del ojo.

Las personas que padecen de esta enfermedad suelen sentir ardor, sensación de algo extraño en el ojo, sensibilidad a la luz y visión borrosa. Puede aparecer por varias razones, como enfermedades autoinmunes (síndrome de Sjögren), falta de vitamina A, envejecimiento, cambios hormonales o por el uso de algunos medicamentos. 

También existen otras enfermedades que afectan la parte externa del ojo (tracoma, síndrome de Stevens-Johnson) que reducen las células encargadas de producir mucina (células caliciformes), lo que mantiene el ojo húmedo. Además, problemas como la diabetes o alteraciones del sistema nervioso pueden influir en la producción de lágrimas y empeorar la situación. 

La mucina ha generado un interés científico creciente, no solo como componente estructural, sino también como un posible biomarcador y objetivo para tratamientos. Entender su función en la película lagrimal podría revelar nuevas formas para estudiar y tratar enfermedades oculares, sobre todo las que tienen relación con la sequedad ocular. 

La evidencia actual indica que cuidar la capa de mucina es fundamental para mantener la salud en los ojos. A pesar de que parece simple, esta glicoproteína es muy importante en la conexión entre el ojo y su entorno. Esto muestra que incluso los elementos más pequeños pueden afectar de manera significativa la fisiología humana. 

Referencias

  1. Morales-Mancillas, Nallely R.1; Garza-Garza, Lucas A.1,2; Hernandez-Camarena, Julio C.1; Castrejón-Perez, Gabriela1; Valdez-García, Jorge E.1. Correlation between the Ocular Surface Disease Index and dry eye functional parameters measured with the OCULUS Keratograph 5M in a Hispanic population. The Pan-American Journal of Ophthalmology 6(3):108, October 2024.
  2. Rebeka Goldmann, Carlos A. Rodríguez-Barrientos, Jorge E Valdez; Tear Meniscus: a comparative study between meniscometry and tear meniscus height. Invest. Ophthalmol. Vis. Sci. 2025;66(8):5659.
  3. Raul Trejo Treviño, Daniel Bastán-Fabián, José Carlos Guerrero-Acosta, Jan Moisés Guillén-Ortiz, Jorge Eugenio Valdez-García; Meibomian gland dysfunction treated with a novel device: A case series. Invest. Ophthalmol. Vis. Sci. 2024;65(7):6581.

Autora

Michelle Elizondo González. Estudiante de sexto semestre de Ingeniería en Biotecnología en el Tecnológico de Monterrey. Colabora en proyectos académicos orientados al uso de microorganismos y herramientas biotecnológicas para proponer soluciones innovadoras y sostenibles.

Este artículo fue supervisado por Jorge Valdez García, líder de la Unidad de Investigación e Innovación Educativa en Ciencias de la Salud, del Institute for the Future of Education (IFE) del Tec de Monterrey. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores y de las Academias Mexicanas de Cirugía y de Ciencias.

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