×

Suscríbete a nuestro boletín semanal

Suscribirme

La cultura científica: un imperativo para una mejor sociedad

La ciencia forma parte de decisiones que afectan la vida cotidiana y la democracia. Pero fortalecer la cultura científica requiere algo más que divulgar conocimiento: implica involucrar a científicos, comunicadores, educadores y ciudadanos.
Ilustración de Jorge Valdez
“Es preocupante que, algunos sectores, consideran que la ciencia no es necesaria para tener una buena vida”. (Foto: Cortesía. Ilustración: TecScience)

Por Jorge Valdez García

Desde el inicio de la humanidad, esta ha buscado superarse a sí misma, creando un ideal que garantice la dignidad humana, la justicia y el bien común. La cultura científica es un pilar clave para construir una sociedad avanzada y justa. Ayuda a que las personas piensen de forma crítica, tomen mejores decisiones y participen en la democracia. Sin embargo, habría que decir también que no basta por sí sola para crear un mundo mejor, ya que necesita el apoyo de la ética y las humanidades.  

Tiene también la cultura científica un gran valor para la democracia, dada su presencia en varios ámbitos de la vida, pues da a la sociedad la oportunidad de tener una opinión e involucrarse en asuntos de interés general que dependen cada vez más de su relación con la ciencia.

Tanta es su importancia, que la cultura científica se considera un derecho humano fundamental. Está reconocido en el artículo 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en el artículo 15 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, los cuales establecen que toda persona tiene derecho a participar en el progreso científico y a gozar de sus beneficios.

Retos que enfrenta la cultura científica

Es válido que nos preguntemos qué debe saber de ciencia y tecnología una persona común, que le permita vivir mejor o tomar decisiones bien documentadas e informadas en su vida diaria. Sin embargo, la percepción sobre la ciencia no siempre es positiva entre la sociedad, incluso existen sectores de la población que la miran con cierto grado de desconfianza y recelo. Algunos sectores incluso consideran que la ciencia no es necesaria para tener una buena vida.

Es preocupante lo encontrado por Cambre (2001) en un estudio en el que estudiantes destacan entre estos grupos, ya que el 50 % de los mismos considera que no necesita saber de ciencia y tecnología para vivir mejor, seguidos por el grupo de docentes, donde 4 de cada 10 opinan lo mismo (1). 

Estos datos deberían preocuparnos a quienes estamos involucrados en la educación, en particular en la educación superior. El reto no es solo el ciudadano que habita un mundo donde los avances de la ciencia y la tecnología son innegables y que no le interesa saber de ciencia y tecnología, sino también gran parte de las personas que están a cargo de crear una cultura científica, quienes tampoco la consideran relevante.

¿Cómo desarrollamos una cultura científica?

La cultura científica no es el simple resultado de la divulgación de la ciencia. Sin embargo, aunque es un fenómeno multidimensional complejo que puede expresarse en una diversidad de planos y generar diversos tipos de experiencias, la divulgación juega un papel fundamental en facilitarla.

En este sentido, existen oportunidades de mejorar la divulgación científica, es decir, el proceso de transferencia de conocimiento (donde los científicos llevan el mensaje hacia la ciudadanía) e incluso de modificar la estructura del propio proceso.

Entre los principales retos está que los científicos que trabajamos y producimos resultados podríamos generar una mejor y más intensa divulgación; hoy en día tenemos un área de oportunidad muy clara. Sin embargo, habría que decir que existe una falta de incentivos curriculares a la divulgación, y esta llega incluso a ser un demérito en muchas áreas de conocimiento.

Una oportunidad está en la rendición de cuentas de los resultados de la investigación. Aprovechar las convocatorias de financiamiento de proyectos de investigación e ir más allá de un reporte final no solo ante los pares científicos, sino también ante los stakeholders que no llegan a saber qué se está haciendo con los recursos dedicados.

Pero esto no es solo de los científicos; también es responsabilidad de los profesionales de la comunicación de la ciencia. Bien sabemos que hay una oportunidad en cuanto al número de profesionales preparados para este campo. Muchas veces encontramos en los medios una ciencia donde el lado humano, los aspectos políticos o los dilemas éticos suelen estar ausentes. Usualmente se nos presenta a través de una visión triunfalista y sin el contexto histórico o de actualidad. Varios formadores han destacado que es deseable tener un mayor bagaje de los contenidos de filosofía, historia y sociología de la ciencia en los currículos de periodistas científicos y profesionales de la divulgación.

Un imperativo en el establecimiento de una cultura es la apropiación social del conocimiento científico-tecnológico. Esto, desde luego, no puede limitarse a mejorar la presencia de la ciencia en los medios de comunicación; hay también que actuar en todos los ámbitos y replantearnos que los ciudadanos no son solo sujetos pasivos con un déficit de información y actitudes.

El 28 de septiembre, aniversario del inicio de las emisiones de la serie Cosmos, uno de los programas de divulgación más influyentes de la historia, fue elegido para celebrar, cada año, el Día Internacional de la Cultura Científica, el cual tiene como objetivo difundir el concepto de cultura científica, destacando su importancia en el mundo actual; promover la integración de la ciencia como parte de la cultura ciudadana, y subrayar la necesidad de que los ciudadanos en estén “alfabetizados” científicamente. 

Referencia

  1. Cambre, M. (2021). ¿La cultura científica es importante para los ciudadanos? JCOMAL 4(01), R01. https://doi.org/10.22323/3.04011001. 
  2. Padilla, J., Patiño, M. L. y Herrera, S. (2020). ¿Qué ciencia necesita el ciudadano? Ciudad de México, México: Editorial SOMEDICYT, A.

Autor

Jorge E. Valdez García es líder de la Unidad de Investigación e Innovación Educativa en Ciencias de la Salud, del Institute for the Future of Education (IFE) del Tec de Monterrey. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores y de las Academias Mexicanas de Cirugía y de Ciencias.

Notas relacionadas
Videos

Te sugerimos:

ilustración de moléculas de dopamina
Mientras gobiernos y escuelas discuten cómo limitar su uso, la neurociencia ayuda a explicar por qué nos cuesta tanto desconectarnos, cuáles son las consecuencias de un sistema secuestrado y cómo recuperar el control de nuestra atención.

¿Te gustó este contenido? ¡Compártelo!