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Desarrollo de vacunas para todos: poner la ciencia al servicio de las comunidades más vulnerables

Millones de personas no tienen acceso a ellas debido a los costos de manufactura y desigualdades globales, pero la experta Elena Bottazzi explica las posibilidades.
Fotografía de viales de vidrio, uno de ellos sostenido por una mano con un guante blanco
Durante su conferencia magistral, Botazzi explicó cómo combinar los mundos de la ciencia, las regulaciones y los negocios para llevar las vacunas a las comunidades más vulnerables. (Foto: Getty Images)

Las vacunas son uno de los componentes más importantes de los sistemas de salud pues entrenan a nuestro sistema inmunológico para reconocer y combatir patógenos. Sin embargo, existe una brecha entre la innovación científica y el acceso equitativo que provoca que no siempre lleguen a quienes más las necesitan.

Desarrollar una vacuna eficaz es un reto enorme, pero lo que viene después también lo es: producirla a gran escala, conseguir que se apruebe y después distribuirla.

Millones de personas no tienen acceso a ellas debido a los costos de manufactura, decisiones geopolíticas, infraestructura sanitaria limitada en países de bajos ingresos y desigualdades globales.

Un grupo de científicos, liderado por María Elena Bottazzi, codirectora del Centro para el Desarrollo de Vacunas del Hospital para Niños de Texas y Baylor College of Medicine, tiene la misión de crear vacunas para todos.

En su conferencia magistral Vaccines for All: Research and Development in the Service of Humanity que tuvo lugar durante el Tec Science Summit 2026, la investigadora lanzó una invitación poco común para una conferencia de vacunas: pensar en los momentos “ajá”. 

Esos instantes —cuando una idea conecta con otra y cambia la manera de entender un problema—, explicó, son el verdadero motor de la innovación científica.

De acuerdo con ella, encontrar la intersección entre la ciencia y los negocios es una forma efectiva de hacer que las innovaciones biomédicas realmente estén al servicio de la comunidad.

“Cuando yo estudié no nos enseñaban nada de esa intersección”, dijo Bottazzi. “Todas mis clases eran puramente científicas”.

“Países grandes, desarrollados, también tienen muchos focos de pobreza, lo vemos aquí en Estados Unidos”, dijo Bottazzi. (Foto: Alejandro Salazar / TecScience)

¿Cómo combinar ciencia y negocios?

Su primer momento “ajá” sucedió mientras estudiaba microbiología y química clínica en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, cuando intentaba desarrollar métodos diagnósticos menos invasivos para detectar cisticercosis. 

Ahí entendió la relación entre la microbiología y la tecnología, lo cuál la llevó a salir de Honduras hacia Estados Unidos a hacer su maestría, doctorado y postdoctorados, especializándose cada vez más en el desarrollo de vacunas.

“También hice un máster en negocios porque tenía una curiosidad enorme de cómo con mi cerebro científico podía realmente avanzar estas tecnologías”, recordó Bottazzi.

Con el paso del tiempo le quedó cada vez más claro que quería dedicar su vida a desarrollar vacunas accesibles para todos, con un énfasis particular en las enfermedades tropicales desatendidas.

Se trata de un grupo de enfermedades, como Chagas, lepra y dengue, que afectan a más de mil millones de personas que viven en comunidades pobres, sin acceso a agua potable o saneamiento, provocando discapacidad, estigmatización y perpetuando ciclos de pobreza.

“En el año 2000, me di cuenta de que quería regresar a mis raíces, a esa inteligencia cultural hispana, hondureña”, dijo la experta. “Con esa aspiración de desarrollar tecnologías que pudieran resolver problemas globales”.

Del laboratorio al mundo real

Uno de los mensajes centrales de la conferencia fue que el desarrollo de vacunas debe pensarse de principio a fin, lo que se denomina una estrategia end-to-end.

Esto significa diseñar la investigación considerando desde el inicio preguntas que, rara vez aparecen en los experimentos: ¿Quién producirá la vacuna? ¿Será accesible económicamente? ¿Podrán adoptarla los sistemas públicos de salud? ¿Llegará realmente a poblaciones vulnerables?

Según la investigadora, el fracaso histórico de muchas tecnologías biomédicas no se debe a fallas científicas, sino a que se ignoran estos factores sociales y económicos.

Su trabajo en el Center for Vaccine Development ha intentado romper ese paradigma mediante ciencia abierta, colaboraciones internacionales y modelos de licenciamiento no exclusivo que faciliten la producción en países de ingresos medios y bajos.

Traducir la carga sanitaria de las enfermedades tropicales no atendidas como un impacto económico, ha sido clave para convencer a gobiernos y fabricantes de invertir en soluciones y distribuirlas.

“Países grandes, desarrollados, también tienen muchos focos de pobreza, lo vemos aquí en Estados Unidos”, recalcó Bottazzi.

Para ella, una de las claves de su éxito ha sido entender cómo funciona la regulación y cómo hablar con los gobiernos y los sectores público y privados para motivarles a comercializar y distribuir productos biomédicos con una mirada equitativa.

Vacunas contra COVID-19 y combinadas 

Uno de los ejemplos que dio durante su conferencia fue el desarrollo de vacunas contra COVID-19 basadas en décadas previas de investigación en otros coronavirus, como SARS y MERS.

Cuando comenzó la pandemia, su equipo ya tenía redes internacionales, acuerdos de transferencia tecnológica y experiencia regulatoria. Esto permitió desarrollar y transferir vacunas a fabricantes en países en desarrollo en menos de dos años, demostrando que un modelo colaborativo y abierto puede competir con esquemas tradicionales dominados por grandes farmacéuticas.

“Lo hicimos sabiendo que queríamos hacer licencias no exclusivas, no tener patentes, dar acceso abierto, y así fue como lo logramos, no solo con uno, sino con dos de estos productores de vacunas”, dijo.

Otro de sus proyectos fue el desarrollo de una vacuna para la anquilostomiasis, una enfermedad ocasionada por un parásito que causa anemia severa en millones de personas que habitan zonas tropicales y subtropicales de África, Asia y América Latina.

El equipo diseñó una estrategia innovadora: bloquear la capacidad del parásito para digerir sangre dentro del intestino humano. Ensayos clínicos tempranos mostraron seguridad e inducción de respuesta inmune, e incluso estudios controlados sugirieron protección total en un grupo experimental

El siguiente paso fue evaluar si la vacuna tendría mayor impacto combinada con una contra la malaria, pues ambas enfermedades suceden en las mismas regiones y ocasionan anemia.

“Agencias como la OMS, han dicho que a lo mejor lo que ocupan no son más vacunas, sino combinaciones”, explicó Bottazzi. 

Ciencia con propósito humano

Para Bottazzi, el futuro del desarrollo biomédico depende de tres transformaciones: formar científicos con conocimientos regulatorios, integrar perspectivas sociales y económicas en la investigación y construir equipos interdisciplinarios capaces de colaborar más allá de fronteras académicas.

El objetivo siempre debe ser desarrollar vacunas de bajo costo, alta calidad y acceso universal.

“Nuestra estrella norte debe ser el acceso global, no pueden ser solo para un grupo pequeño”, exclamó.

De acuerdo con ella, la ciencia avanza cuando conecta disciplinas, culturas y personas con un objetivo común: que las vacunas —y el conocimiento científico en general— no sean privilegios, sino bienes públicos globales.

“Piensen en esos momentos ajá, porque al final es lo que incentiva nuestra curiosidad, mantiene nuestro coraje y nuestra pasión”, concluyó. 


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Autor

Picture of Inés Gutiérrez Jaber