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Nutrición temprana y lactancia materna: claves para reducir enfermedades y desigualdades

Invertir en la seguridad alimentaria en los primeros mil días de un bebé es la estrategia más costo-efectiva para asegurar la salud y el desarrollo económico de las personas.
Foto de Rafael Pérez-Escamilla
Rafael Pérez-Escamilla, profesor de Yale, durante su conferencia sobre nutrición temprana en el Foro Internacional de Primera Infancia.

La forma en que se alimenta a un niño en sus primeros años puede definir no solo su salud futura, sino también el desarrollo económico y social de un país. Así lo afirmó el profesor Rafael Pérez-Escamilla, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Yale, al subrayar que la nutrición temprana y la lactancia materna son herramientas decisivas para reducir enfermedades, desigualdades y ciclos de pobreza.

“La alimentación inicial es la inversión más costo-efectiva que puede hacer cualquier país”, explicó. De acuerdo con el investigador, la seguridad alimentaria y nutricional permite sostener la acelerada velocidad de crecimiento que requiere el ser humano para desarrollarse de manera sana, especialmente durante los primeros mil días de vida, una etapa clave para el desarrollo cognitivo, cerebral y psicosocial.

Estas reflexiones fueron compartidas durante el Foro Internacional de Primera Infancia, organizado por el Centro de Primera Infancia del Tec de Monterrey y Fundación FEMSA, donde Pérez-Escamilla presentó su ponencia Nutrición temprana como clave para el Hambre Cero, la salud planetaria y la paz social, respaldada por evidencia científica reciente sobre el impacto de la nutrición en el bienestar individual y colectivo.

Aumentan los beneficios de la lactancia

La lactancia materna es la mejor fuente de nutrición para los bebés: impulsa el desarrollo cerebral, favorece un crecimiento saludable y fortalece el sistema inmunológico. En investigaciones recientes, “sigue creciendo la lista de beneficios de la leche materna: además de prevenir infecciones respiratorias, de oído y gastrointestinales, previene enfermedades cerebrovasculares y cardiovasculares. También disminuye la mortalidad neonatal y el riesgo de muerte súbita, y reduce el riesgo de asma, maloclusión dental, leucemia pediátrica, diabetes tipo 1 y obesidad”.

La nutrición infantil cambia con rapidez durante los primeros dos años de vida. Como explica el investigador: “Cuando el bebé nace, puede recibir toda su nutrición con leche materna exclusivamente durante los primeros seis meses. A partir de entonces, debe comenzar una alimentación complementaria sana y segura, con texturas que avanzan conforme a su desarrollo. Para el segundo año, ya debe comer platillos nutritivos y variados, como el resto de la familia”.

Este proceso de diversificación ocurre en paralelo al desarrollo motor y cognitivo del bebé y coincide con una ventana crítica para la salud materna. “La lactancia materna no solo beneficia a los niños: entre más tiempo amamante una mujer, menor es su riesgo de desarrollar presión arterial alta, diabetes tipo 2, enfermedades del corazón, cáncer de mama y de ovario. Además, corre menor riesgo de morir por hemorragias posparto severas”.

El especialista recordó que el valor económico de la lactancia es inmenso: si se sumara la producción de leche materna en el mundo, superaría los 3,5 billones de dólares anuales. Sin embargo, “no hay ni un solo país que contabilice la lactancia como parte del Producto Interno Bruto; solo contabilizan la producción de fórmulas infantiles”. Por ello, llamó a fortalecer los programas de apoyo en todos los niveles.

Impacto cognitivo, económico y ambiental

La evidencia muestra que prolongar la lactancia no solo mejora la salud infantil, sino que también impulsa el desarrollo cognitivo y genera beneficios económicos a largo plazo. Pérez-Escamilla explica que los niños amamantados durante más tiempo alcanzan antes los hitos sociales, motores y del lenguaje, y presentan una mayor maduración de la materia blanca cerebral, clave para las funciones cognitivas.

Los efectos también se extienden a la adultez. El estudio de la Universidad Federal de Pelotas, en Brasil, titulado Asociación entre la lactancia materna y la inteligencia, la escolaridad y el ingreso a los 30 años: un estudio prospectivo de cohorte de nacimiento en Brasil, dio seguimiento a 4,000 personas y encontró que quienes recibieron leche materna durante periodos más prolongados tenían ingresos casi 30% más altos a los 30 años. “Encontraron una relación bastante importante entre la duración de la lactancia materna y el salario que percibían”, señaló.

Otro análisis reciente estima que elevar la lactancia exclusiva al 90% en los primeros seis meses evitaría 72,000 muertes por enfermedades crónicas y más de 10 millones de casos de diabetes tipo 2.

Además del impacto en salud y desarrollo, la leche materna también tiene un beneficio ambiental. La industria de fórmulas infantiles produce decenas de millones de toneladas de CO₂ y consume miles de millones de litros de agua. Como resume el especialista: “La lactancia materna no solo protege la salud; también protege al planeta”.

Alimentación complementaria y perceptiva

En su ponencia, Pérez-Escamilla subrayó la importancia de la alimentación perceptiva, un enfoque que integra nutrición y cuidado emocional para que niñas y niños exploren la comida, autorregulen su consumo, desarrollen preferencias saludables, acepten los vegetales y eviten los ultraprocesados.

Este enfoque aplica los componentes del cuidado cariñoso y sensible al momento de alimentar: no solo se trata de qué deben comer las y los niños, sino de cómo ocurre todo el proceso.

“Si rodeamos a los bebés y a los niños de comida saludable y los dejamos participar como iguales en las decisiones sobre qué y cuánto comer, podemos practicar la alimentación perceptiva. Esto implica acompañarlos con humor y afecto durante todo el proceso”. También recomienda convertir ese momento en una oportunidad de estimulación temprana, aprendiendo colores, números y formas, y recuerda que quienes están a cargo deben tener paciencia y buen humor.

¿Qué debe fortalecer México en nutrición temprana?

Pérez-Escamilla reconoció los avances recientes en México, como la actualización de las guías nacionales de alimentación responsiva para centros de atención infantil. También destacó la urgencia de fortalecer los programas comunitarios, apoyar la nutrición materna y garantizar la seguridad alimentaria en un contexto de alta pobreza.

Concluyó enfatizando que no invertir en la alimentación durante los primeros años de vida tiene consecuencias profundas: incrementa los costos en salud, reduce el capital humano, debilita las economías y aumenta la huella ambiental. “La nutrición materno-infantil impacta todos los ODS, y todos ellos impactan a la nutrición. No hay de otra”.

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Autor

Picture of Michael Ramírez