Utilizar materiales más pequeños que un virus para mejorar la salud de las mujeres mediante terapias innovadoras fue el centro de la investigación de Ana María Pinilla durante años. Ahora, busca formar a la nueva generación de científicas e ingenieras, usando el método científico como guía.
Por su trayectoria como investigadora especializada en nanomedicina, la investigadora recibió este año el Premio Mujer Tec en la categoría de ciencias.
“Para mí es esa confirmación de que todo esto ha valido la pena”, dice Pinilla, Mentora Estudiantil y Líder del Ecosistema de Investigación e Innovación (EIIME) adscrito al Departamento de Gestión del Modelo Acompañamiento del Tec de Monterrey.
Pinilla es originaria de Colombia y llegó a México en 2018 para cursar un doctorado en ciencia de materiales en el Centro de Investigación en Materiales Avanzados (Cimav) en Monterrey.
Ahí desarrolló un proyecto para generar nanosistemas para desarrollar una terapia génica contra el cáncer de mama. “Estos sistemas son selectivos y permiten generar terapias mucho más selectivas que una quimioterapia o radioterapia”, cuenta la experta.
La nanomedicina es la aplicación de la nanotecnología para desarrollar tratamientos, diagnósticos, terapias y herramientas preventivas que mejoren la salud de las personas.
La escala a la que funciona permite intervenir en procesos biológicos a nivel molecular y celular. Una de sus aplicaciones más prometedoras es la administración dirigida de medicamentos y terapias.
“Me interesaba la nanomedicina porque otras terapias son sumamente invasivas”, dice Pinilla.
Nanomedicina para tratar el cáncer de mama y cérvicouterino
Uno de los principales intereses de la investigación de Pinilla fue diseñar materiales que pudieran interactuar con sistemas biológicos –como el cuerpo humano– de forma segura.
En uno de sus estudios, Pinilla y su equipo desarrollaron un método sostenible para sintetizar nanopartículas de oro usando la goma de mezquite para regular y estabilizar las reacciones.
El resultado fueron partículas con tamaño entre tres y 30 nanómetros con baja toxicidad celular, una característica clave para que puedan ser aplicadas a la medicina.
Las nanopartículas metálicas como estas han despertado gran interés en la investigación biomédica por su potencial, sin embargo, muchos métodos de producción generan partículas que pueden resultar dañinas para las células.
El uso de biopolímeros naturales, como la goma de mezquite ofrece una alternativa más segura y sostenible para estabilizar estos nanomateriales
“Durante mi maestría trabajé en cómo sintetizar nanopartículas para terapias contra cáncer de cuello uterino”, recuerda Pinilla. “Quería volverme experta en ese tema”.
La investigadora se tituló como química y maestra en química en la Universidad Industrial de Santander, Colombia. Ya en México, siguió con su línea de investigación, ahora enfocada en el cáncer de mama.
En 2023, su vida dio un giro inesperado que la llevó a dedicarse a la mentoría, donde combina su conocimiento científico con su pasión por guiar a otras mujeres a convertirse en científicas.
Formar nuevas científicas e ingenieras sin síndrome del impostor
Más allá del laboratorio, Pinilla se ha centrado en formar a mujeres en áreas STEM. Como mentora, su trabajo consiste en acompañar a estudiantes en el proceso de desarrollar pensamiento científico, desde formular preguntas o hipótesis, hasta cómo interpretar resultados experimentales.
“Considero que mi transición fue algo bastante disruptivo”, dice la investigadora. “Las científicas se enfocan mucho en solucionar problemas, pero en mi caso, actualmente, me enfoco más en un toque humanista”.
Para ella, el camino científico es maravilloso, por lo que siente que su misión es enseñar a más mujeres lo interesante que es ser científica.
“No es un camino fácil, pero hay para todos los gustos, si te atrae la naturaleza, el cuerpo humano, los materiales, la aviación…hay muchos enfoques”, invita Pinilla.
En el Ecosistema de Investigación e Innovación, las mentorías están estructuradas alrededor de cuatro ejes: la reflexión, la investigación, la divulgación y la innovación.
En su visión, todo comienza con la reflexión, con que las que asisten a una mentoría descifren cuál es su propósito de vida y el problema que quieren responder.
Su idea es inspirar a las futuras generaciones a que no tengan miedo de dedicarse a la investigación. En ese sentido, su trabajo contribuye a dos dimensiones de la ciencia: la generación de conocimiento y la formación de comunidad científica.
“Nos pasa mucho como mujeres que a veces está el síndrome del impostor”, dice Pinilla. “Cuando ya llevamos cierta trayectoria nos entra esta idea de ‘no sé si esto es suerte o si me lo merezco’”.
Con sus mentorías y su investigación en innovación educativa espera que las próximas generaciones ya no duden de sus capacidades y sepan que pueden lograr lo que quieran, especialmente si eso es ser científica.
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