En Latinoamérica, la Inteligencia Artificial (IA) ya no es una novedad para los estudiantes de universidad o de posgrado, sino una de las herramientas más utilizadas. Al menos, esto sugiere la Encuesta sobre la IA en la Educación Superior en América Latina 2026, que muestra que el 92 % de las y los estudiantes la utilizan de forma regular y el 67 % al menos semanalmente.
Esta fue realizada por el Consejo de Educación Digital (DEC), una organización internacional e independiente centrada en la intersección entre la educación, la tecnología y el desarrollo de habilidades.
Incluye más de 30,000 respuestas provenientes de más de veintinueve instituciones de educación superior de la región, entre ellas el Tecnológico de Monterrey, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) y la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Los resultados fueron presentados durante el panel Usos y expectativas de la IA: presentación de la encuesta sobre IA en la educación superior en LATAM, que tuvo lugar durante la IFE Conference 2026.
El panel fue moderado por Héctor Ceballos, director del Living Lab and Data Hub del Tec de Monterrey, y participaron Alessandro Di Lullo, director ejecutivo del DEC, Danny Bielik, presidente del DEC, Melchor Sánchez, coordinador de la Coordinación de Evaluación, Innovación y Desarrollo Educativos (CEIDE) de la UNAM y Jorge Bossio de la UPC.
De acuerdo con los resultados presentados por Di Lullo y Bielik, en nuestra región el alumnado ha adoptado estas tecnologías con rapidez, superando el promedio global de 2024, que mostraba un uso del 86%.
Sin embargo, los participantes debatieron que aún falta un largo camino por recorrer para que la IA realmente pueda mejorar la educación en este nivel. “Estamos al inicio de esta revolución”, apuntó Di Lullo.

Uso de IA entre estudiantes de educación superior
De acuerdo con la encuesta, las herramientas de IA más utilizadas por los y las alumnas son ChatGPT en primer lugar, Google Gemini en segundo lugar y Meta AI en tercer lugar.
El principal uso que se le da es la búsqueda de información, lo que destaca la brecha entre el uso y la comprensión, pues la mayoría de estos modelos de lenguaje no son motores de búsqueda.
Mientras que muchos la usan, el 65% teme que haga su aprendizaje más superficial y desaliente el pensamiento crítico y la creatividad.

También, más de la mitad de los alumnos encuestados están preocupados por la privacidad de sus datos al utilizar estas tecnologías.
“Necesitamos darles a los estudiantes y los docentes las pautas, políticas e infraestructura de gobernanza para que tengan la confianza necesaria para dar los siguientes pasos”, expresó Bossio.
Uso de IA entre docentes de educación superior
En cuanto al profesorado, la encuesta reporta un 79% de uso de IA, frente a un 61% a nivel global.
De ese 79%, el 88% lo utiliza de forma mínima o moderada, reflejando un acercamiento más cauteloso que el del estudiantado. Esto también se refleja en el hecho de que la usan principalmente para crear materiales de enseñanza y agilizar tareas administrativas.
Algo inesperado fue que no encontraron una correlación entre la edad de los profesores y la resistencia a utilizar IA.

Por otro lado, el 70 % expresa una gran preocupación por los sesgos y la precisión de la información de la IA, mientras que el 78 % no está seguro de si los estudiantes serán capaces de evaluar de forma crítica los resultados producidos por ella.
Un vacío estructural para el uso de la IA en la educación
Los resultados plantean que, aunque existe un gran entusiasmo y disposición en la región para utilizar la IA en la educación superior, existe un vacío estructural que aún no permite su uso óptimo.
Los estudiantes parecen adoptar estas tecnologías con rapidez, mientras que las instituciones van quedándose atrás.
“Solo 30% de las universidades en América Latina han publicado políticas de uso de IA”, señaló Bossio.
Por su parte, comentó que la UPC tiene una comunidad de más de setecientos docentes que participan en reuniones semanales para capacitarse en el uso de estas tecnologías, así como para compartir sus triunfos, fallas y consejos.
En la UNAM, existe un proyecto específico para entender la IA en la educación en el cuál participan profesores de distintas áreas del conocimiento, como filósofos, geógrafos, arquitectos, ingenieros, físicos y más.
“Hemos creado materiales que puedan servirles a los profesores a la hora de enseñar”, dijo Sánchez.

Las barreras para el uso de la IA en la educación
Las barreras para que el uso de la IA en la educación superior sea cercano a lo ideal son principalmente culturales.
Una de las muestras es el miedo constante de que su uso no sea perfecto y que existan fallas. “Es imposible que en cada innovación todo sea exitoso”, señaló Di Lullo, defendiendo una cultura de prueba y error que acepte fallas mientras protege a las y los estudiantes.
La segunda barrera es que a la hora de capacitar al profesorado, se ha centrado demasiado en tecnicismos y no en pedagogía. Los profesores no necesitan volverse científicos de datos, sino entender lo que significa la IA para la educación, cómo guiar a sus estudiantes para usarla de forma ética y estratégica y cómo incorporarla a su propia práctica.
En algunas universidades en Australia y París buscan restringir el uso de celulares en las escuelas, debido a una creciente preocupación del uso de tecnologías entre estudiantes.
“Tenemos que ser conscientes de que las grandes compañías de tecnología no son hermanas de la caridad”, dijo Sánchez. “La educación está en desventaja ante ellas”.
Para él, la creciente presión de utilizar la IA inmediatamente después de que hayan actualizaciones o nuevos programas puede resultar en un mal uso.
Sin embargo, la respuesta tampoco es la prohibición, sino entenderla. “Es mejor enseñarles a usarla, es el siguiente paso que deben seguir las universidades”, expresó Ceballos.
Con la encuesta, es evidente que aún necesitan seguirse distintos pasos para garantizar que la IA aporte a la educación y no vulnere al estudiantado y profesorado.
“En México, siempre nos quejamos de que no hay evidencia local”, dijo Sánchez. “Pues aquí está, hay que leerla, usarla, interiorizarla y tomar acción”.
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