Sacar la basura de nuestra casa puede dar la sensación de que el problema termina cuando el camión se la lleva. Sin embargo, una parte de nuestros residuos termina en calles, terrenos baldíos y cuerpos de agua donde puede permanecer por meses o incluso incorporarse a sistemas más complejos, como ríos que conectan con océanos.
“Nuestros desechos son algo que se queda, aunque creamos que poniéndolo en el bote desaparece mágicamente”, dice Sheila Quintana, investigadora del Centro del Agua para América Latina y el Caribe del Tecnológico de Monterrey.
Un estudio reciente analizó este problema en Arroyo Seco, un municipio y cauce urbano en Monterrey, y la posibilidad de que el trabajo que hacen las personas —conocidas como pepenadores— que se dedican a recuperar materiales reciclables de manera informal pudiera ser utilizado para limpiarlo.
A nivel global, la basura es un problema ambiental y de salud pública de gran escala. En 2022, se generaron alrededor de 2.56 mil millones de toneladas de residuos en el mundo.
La problemática no es solamente la cantidad que producimos, sino lo que ocurre después. Los sistemas de recolección, recuperación y disposición final no están logrando manejar todo lo que generamos.
En países de ingresos bajos o medios, como México, la recolección cubre apenas una fracción de los residuos y gran parte termina en tiraderos abiertos, se quema o llega a cuerpos de agua.
“Recordemos que Monterrey está a 200 kilómetros de la frontera del Río Bravo y que lo que cae en nuestros arroyos llega efectivamente al Golfo de México y al Atlántico”, dice Elfide Mariela Rivas, profesora investigadora de la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño (EAAD).
Rivas, Quintana, Andrea Martínez y Sebastián Quibrera, fellows de la EAAD, trabajaron en el estudio que busca proponer soluciones desde la economía circular.
Lo que los pepenadores recuperan y lo que queda en el arroyo
Para estudiar la posibilidad de usar el trabajo de los pepenadores para limpiar Arroyo Seco, el equipo realizó trabajo de campo entre mayo y diciembre de 2022. Observó las actividades de 49 personas dedicadas a la recuperación de residuos, documentó sus recorridos y los materiales que recolectaban, realizó entrevistas y analizó la composición de los residuos mediante herramientas como el Marine Debris Tracker y el Circularity Assessment Protocol.
Durante las jornadas de limpieza se retiraron más de 4.3 toneladas de residuos sólidos urbanos y alrededor de 87 toneladas de escombros acumulados en los márgenes del arroyo. Sin embargo, sólo 123.4 kilogramos correspondieron a materiales recuperables.
“En el arroyo prácticamente no había PET, metales, o latas”, recuerda Rivas.
De acuerdo con sus observaciones esto tiene sentido pues los recolectores buscan principalmente materiales que pueden vender, como PET, cartón y metales, mientras que dejan otros residuos que tienen poco valor comercial, como textiles, muebles y residuos de construcción.
Esto llevó al equipo a darse cuenta de que el Arroyo Seco no puede limpiarse simplemente recurriendo al trabajo de los pepenadores, porque los materiales que tienen mayor valor económico son precisamente los que ellos retiran antes de que lleguen al cauce.
El problema se vuelve todavía más complejo con los residuos de construcción. Durante el trabajo de campo, las investigadoras observaron casos de disposición clandestina de escombros en cuerpos de agua.
“Hay todo un tema de clandestinidad donde tú ves que a los empresarios que les corresponde garantizar llevar esto a los sitios que tiene establecido el Estado no lo hacen”, enfatiza Rivas.
Esto revela que la contaminación no sólo está relacionada con los hábitos de los ciudadanos, sino también con fallas en la supervisión y gestión de distintos tipos de residuos.
Los recicladores urbanos también forman parte de la solución
El estudio también plantea que debe reconocerse el trabajo de los pepenadores pues forma parte de una cadena de recuperación de materiales que las ciudades necesitan y que, en otros lugares, ha sido incorporada a sistemas formales de reciclaje.
“¿Qué tal si les llamamos de otra forma? ¿Qué tal que son recicladores urbanos? Hay todo un estigma que viene con la palabra pepena”, reflexiona Martinez.
En algunos sitios de México existen mecanismos como credenciales, centros de acopio y reglas específicas para reconocer y organizar esta actividad, mientras que en Nuevo León persisten restricciones y vacíos normativos.
“Hay partes donde este trabajo ya está sindicalizado, como en San Pedro, y partes en las que no”, dice Quibrera.
La situación también está atravesada por el estigma. El equipo encontró que la percepción social del oficio puede cambiar cuando existe algún grado de organización o reconocimiento formal. Sin embargo, la formalización tampoco es sencilla, pues algunos trabajadores pueden obtener mayores ingresos mediante la informalidad y los precios de los materiales reciclables fluctúan, dejando buena parte del beneficio económico en manos de intermediarios.
Por ello, proponen integrar a los recolectores urbanos en estrategias de economía circular, mejorar las condiciones de seguridad y crear mecanismos que hagan económicamente viable recuperar materiales que hoy no tienen valor suficiente.
También plantean fortalecer la infraestructura y supervisión para evitar que residuos, especialmente escombros, lleguen a los cuerpos de agua.
Cuando la basura atraviesa fronteras
La conexión del Arroyo Seco con otros ríos de la cuenca del Río Bravo añade otra dimensión al problema.
“Entender que las cuencas hidrográficas van más allá de fronteras administrativas, de estados y de países es crucial”, dice Rivas.
Por eso consideran necesario pensar la gestión de residuos más allá de los límites de un municipio o incluso de un país.
Para el equipo, el trabajo empieza desde los hogares y la manera en que separamos la basura, en lo que decidimos desechar y lo que rehusamos o reciclamos.
Así, el estudio muestra que el problema de la basura comienza mucho antes de que un residuo llegue al arroyo. También plantea una pregunta sobre quién se encarga de recuperar los materiales que desechamos y bajo qué condiciones.
“Las entidades gubernamentales, el estado, el municipio, quienes se tienen que hacer cargo de los residuos ya no se dan abasto”, expresa Quintana. Pensar más allá de las soluciones ya propuestas no es solo una sugerencia, sino una necesidad.
Reconocer el trabajo de los pepenadores y mejorar la manera en que se gestionan los residuos son pasos necesarios para avanzar hacia una economía circular y una mayor justicia ambiental.
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