Digitalizar un sistema de salud puede mejorar el acceso, la continuidad y la calidad de la atención. Hacerlo podría parecer, a primera vista, una cuestión de tecnología, pero un nuevo estudio de cuatro países de América Latina, publicado en npj Digital Medicine de Nature, muestra que lograr esta transformación implica mucho más que usar las mejores y más nuevas herramientas.
Una red internacional de investigadores analizó cómo se han llevado a cabo las políticas de transformación digital en Uruguay, Argentina, Chile y México, y encontró que factores como el liderazgo institucional, el financiamiento, la organización del trabajo y la continuidad política pueden ser tan importantes como la propia tecnología.
Aunque existen diversos marcos y recomendaciones sobre cómo implementar la transformación digital en los sistemas de salud, todavía hay poca evidencia sobre lo que ocurre durante la implementación real de estas políticas.
“Se habla mucho del potencial de la digitalización, pero no hemos visto los resultados de que esté funcionando”, dice Paola Abril Campos, profesora investigadora de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública (EGobiernoyTP) y del Institute for Obesity Research (IOR) del Tec de Monterrey.
Campos y un grupo de investigadores de la EGobiernoyTP, el IOR, la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad Mayor, de Chile, el Centro de Implementación e Innovación en Políticas de Salud (CIIPS), Argentina, el Centro Nacional en Sistemas de Información en Salud (CENS), Chile, y la Escuela de Salud Pública de Harvard, Estados Unidos, buscaron entender qué pasa cuando una de estas políticas públicas pasa del papel a la práctica.
El estudio forma parte de la iniciativa Reimagining Latin American Health Systems in the Digital Era, impulsada por Elcano Royal Institute for International and Strategic Studies. De su investigación se derivaron dos productos: un policy brief dirigido a tomadores de decisiones y el artículo académico.
La transformación digital de la salud en cuatro países y cuatro estrategias
Para entender qué pasa en la práctica, los investigadores hicieron un estudio cualitativo de casos múltiples en el que analizaron cuatro iniciativas nacionales de digitalización de sus sistemas de salud: Mi Historia Clínica Digital (Mi HCD) en Uruguay, la Estrategia Nacional de Salud Digital (ENSD) en Argentina, Sistemas de Información de la Red Asistencial (SIDRA) en Chile y el Sistema Nacional de Información Básica en Materia de Salud (SINBA) en México.
Estos países fueron seleccionados porque presentan diferentes estructuras de gobierno, niveles de ingreso y grados de avance en transformación digital.
En total, hicieron 32 entrevistas entre 2024 y 2025 con funcionarios públicos, administradores de sistemas de salud, especialistas técnicos, representantes de la sociedad civil y académicos. Además, analizaron documentos relacionados con las políticas aplicadas.
Las entrevistas se organizaron en siete dimensiones: objetivos de la política, factores técnicos, factores financieros, cultura y estructura organizacional, factores políticos, equipos de implementación y estrategias de implementación.
“Me sorprendió encontrar tanta evidencia de que, muchas veces, las políticas para digitalizar los sistemas de salud se enfocan en los medios y no en el fin último”, explica Campos.
Lo que encontraron es que la tecnología y la infraestructura, por sí solas, no determinan si una política de transformación digital funciona. Los factores que aparecieron de manera más consistente entre los cuatro países fueron la calidad del liderazgo institucional, la capacidad de gestionar a los distintos actores involucrados, las estrategias de financiamiento y la capacidad de los equipos para manejar la transición entre el sistema existente y el sistema que se quiere construir.
También encontraron que aunque es esencial, contar con financiamiento no es lo único. “Chile fue un ejemplo en el que tenía el presupuesto y aun así no lo lograba”, cuenta Campos. Los recursos necesitan llegar de manera oportuna y poder utilizarse con suficiente flexibilidad para responder a problemas que surgen durante el proceso.
Una transformación que va más allá de lo digital
Uno de los hallazgos más importantes fue la necesidad de definir claramente qué problema de salud se quiere resolver antes de elegir una tecnología. En algunos casos, la digitalización podía convertirse en un fin en sí mismo, en lugar de ser una herramienta para mejorar los resultados del sistema de salud.
“Considero que es un error en el diseño de políticas públicas en esta materia”, dice Campos.
Los investigadores encontraron, además, que los trabajadores pueden experimentar la digitalización como un cambio en sus rutinas, su autonomía, sus responsabilidades e incluso su identidad profesional.
La resistencia a una nueva tecnología no necesariamente significa rechazo, sino que puede reflejar preocupaciones sobre cómo cambiará el trabajo cotidiano. La comunicación y la participación de los distintos actores son particularmente importantes.
En los casos estudiados, cuando los usuarios y trabajadores no estuvieron suficientemente involucrados, surgieron problemas de apropiación y legitimidad de las iniciativas.
Además, las transformaciones digitales suelen extenderse durante varios años, mientras que los gobiernos y sus prioridades pueden cambiar. Esto puede poner en riesgo la continuidad de proyectos que requieren tiempo para consolidarse.
Por ello, los autores destacan estrategias como realizar proyectos piloto, avanzar gradualmente y establecer mecanismos de gobernanza que permitan mantener las iniciativas más allá de los cambios administrativos.
El futuro de la digitalización de los sistemas de salud en América Latina
Así, a partir de los cuatro casos, los investigadores concluyen que no existe un único factor capaz de explicar por qué una política de transformación digital funciona o fracasa. Los aspectos técnicos, financieros, políticos, organizacionales y culturales interactúan entre sí.
La principal lección es que digitalizar un sistema de salud no debería ser un objetivo por sí mismo. La tecnología puede ser una herramienta para mejorar la eficiencia, la equidad y la capacidad de respuesta de los servicios de salud, pero su impacto depende de las condiciones institucionales en las que se implementa.
También hacen un llamado a los ciudadanos a involucrarse más. “No se vayan con la finta de un anuncio de una nueva política pública, seamos críticos”, invita Campos.
En América Latina, donde los sistemas de salud pueden estar fragmentados y existen importantes desigualdades entre territorios, la transformación digital necesita empezar con la pregunta de qué problema del sistema de salud queremos resolver y qué condiciones necesitamos para que esa tecnología produzca una mejora real y sostenible.
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