En 2018, una parte de la historia de la humanidad se perdió en un incendio que arrasó el Museo Nacional de Brasil, en Río de Janeiro. El fuego consumió casi toda la colección de antropología e historia que albergaba cerca de 20 millones de fósiles, huesos de dinosaurios, momias, documentos y objetos arqueológicos de culturas de América Latina, así como de las civilizaciones egipcia, griega y romana.
Para arqueólogos, historiadores e investigadores, el incendio evidenció la vulnerabilidad del patrimonio cultural y la necesidad de encontrar nuevas maneras de preservar las colecciones, por ejemplo, con tecnologías que permitan su digitalización y análisis, como la inteligencia artificial (IA) y el machine learning.
Pero no se trata solo de “escanear” piezas o documentos. Javier Pereda, profesor investigador de la Escuela de Humanidades y Educación (EHE) del Tecnológico de Monterrey, señala que detrás debe haber toda una infraestructura con servidores, bases de datos y plataformas que procesen grandes volúmenes de información histórica.
“Tiene diferentes objetivos: el más directo es preservarlo y protegerlo —que, de hecho, es una obligación—, pero también el tener récords digitales permite administrarlo de una manera que sea accesible y sustentable”, dice Pereda, web scientist especializado en patrimonio histórico digital, es decir, estudia infraestructuras y ecosistemas digitales para su preservación.
La digitalización de este patrimonio también permite que los documentos puedan reutilizarse y generar nuevo conocimiento. Las personas pueden acceder al documento como archivo electrónico y usarlo para investigación, lo que se conoce como “reuso de objeto digital”.
El deber de la digitalización del conocimiento
A través de estas bases de datos, se pueden consultar materiales históricos a los que sería difícil acceder como manuscritos nahuas resguardados en The British Library, en Europa. “¿Qué pasa si eres mexicano o perteneces a un grupo nahua? Pues no puedes ir a Londres para acceder a tu propio conocimiento. Hay ciertas obligaciones de las instituciones para digitalizar el contenido y hacerlo accesible de manera que sea reutilizable”.
Gran parte del patrimonio que se resguarda en estas organizaciones también está fuera del alcance público. “Lo que vemos es menos del 1%, la mayoría está resguardada, ya sea por protección de contenido o por su fragilidad. Entonces estamos entre riesgos de perder la información, no poder saber qué tenemos”.
Este tipo de infraestructura busca hacer viable la inversión pública en patrimonio digital al convertir las colecciones en un sistema capaz de generar valor para proyectos de innovación y el desarrollo de productos de industrias creativas, como estudios culturales, producciones audiovisuales, recorridos virtuales, experiencias inmersivas para museos y videojuegos.
Patrimonio cultural con retorno de inversión
“En el Reino Unido, se hace un estudio económico para garantizar que por cada libra haya un retorno de inversión de cuatro y eso se puede hacer por varias valuaciones como capital social, económico o cultural”, platica el investigador. “Si empiezas a abrir acceso al conocimiento indígena de plantas medicinales, eso puede ayudarte a generar una cantidad de medicinas, medicamentos y vitaminas, y generar ahí una economía brutal”.
Justo en ese país se desarrolla uno de los proyectos más ambiciosos en este campo al crear una infraestructura digital a gran escala. Se trata de la National Research Infrastructure for Culture Heritage (N-RICH), iniciativa impulsada a partir del programa Towards a National Collection y financiada por el Arts and Humanities Research Council, con una inversión de 2.2 millones de libras y en la que Pereda es co-líder internacional.
La infraestructura busca conectar las colecciones de instituciones culturales del Reino Unido para facilitar su acceso, organización y análisis mediante IA y herramientas computacionales. El investigador mexicano colaboró en el diseño de modelos de infraestructura, estrategias de digitalización y en la construcción de sistemas para integrar grandes volúmenes de información.
Dentro de esos datos, también entra el patrimonio intangible, como archivos orales, zonas arqueológicas, entornos naturales e incluso modelos digitales conocidos como digital twins.
“El objetivo no es solo digitalizar, sino montar todo el entorno que permita el análisis computacional de las colecciones con la integración de datos entre instituciones; el uso de IA para procesar grandes volúmenes de información —incluyendo automatización controlada—, y el desarrollo de sistemas que permitan conectar, analizar y reutilizar estos datos de forma segura y escalable”, explica. “De nada nos sirve tener colecciones digitalizadas, si nadie las puede utilizar en procesos computacionales”.
La importancia del ojo humano para contextualizar
Pereda explica que herramientas como OCR (Reconocimiento Óptico de Caracteres), machine learning y reconocimiento de patrones se utilizan en proyectos para procesar miles de documentos históricos, automatizar transcripciones y conectar información dispersa en archivos. “En vez de gastar un mes completo en leer 10 documentos, lo puedes hacer en media hora”, señala.
Sin embargo, hay algunos desafíos al usar herramientas de IA porque son tecnologías que no entienden el contexto histórico de los datos que procesan. Por ejemplo, hay modelos de IA que aún tienen sesgos o son “anglocéntricos” debido a que fueron entrenados con información del norte global, lo que dificulta un análisis más preciso cuando hay lenguas indígenas, por ejemplo.
Pereda recalca la participación de especialistas para supervisar los procesos y contextualización, como la descripción de algún objeto, la historia u origen de una danza, o la lengua de un documento.
¿Es viable digitalizar la “historia” en México?
¿Podría desarrollarse en México una infraestructura digital para el patrimonio cultural similar a N-RICH? Javier Pereda dice que sí hay potencial para construir un proyecto de ese tipo en el país, sobre todo por la riqueza histórica en instituciones como el Archivo General de la Nación, con millones de documentos que permanecen sin ser explorados.
“No es que no haya interés de acceder al conocimiento, más bien es tanto que lo hace imposible. Además, la mayoría de la historia de México está construida en base a cinco documentos, hay cientos de ellos que no se han tocado gracias a los historiadores”, reflexiona Pereda.
Desde el Tecnológico de Monterrey, el investigador ha colaborado en la exploración de conceptos y políticas sobre infraestructura digital con instituciones como la Secretaría de Cultura, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y MEXICANA Repositorio de Patrimonio Cultural de México.
El desafío para crear una iniciativa de ese nivel, dice, está en mejorar las capacidades tecnológicas y humanas, promover la inversión de largo plazo y el diseño de políticas públicas para la protección de datos, gobernanza y administración de las colecciones.
“En conjunto, buscamos transformar el patrimonio cultural en una infraestructura activa, capaz de generar conocimiento, innovación y nuevas formas de creación”, señala.
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