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Mariana Gabarrot, la geógrafa humana

Con una línea de investigación en torno a las corporalidades, las migraciones y los estudios de género, ha dejado su huella académica en el Tec de Monterrey incorporando una perspectiva crítica feminista.
Mujer sonriente con pelo corto canoso, con camisa de cuadros recargada en un barandal. Atras se ve el cerro de la silla en Monterrey
La académica se ha interesado en el tema de migraciones y cuenta que su llegada a México partió precisamente por ese principio, cuando sus padres salieron de Uruguay en busca de un lugar seguro. (Foto: Alejandro Salazar / TecScience)

Mariana se despierta y empieza su día con una taza de café, “dulce y con leche”, ríe.  Le gusta tomarlo y aprovechar el silencio de las horas tempranas para ordenar sus pensamientos y dejarlos fluir.

En la mañana, puede ir a correr o retomar alguna lectura. Midnight’s Children de Salman Rushdie es el libro que tiene actualmente en su mesa, seguido usualmente por algún texto vinculado a su área, el más reciente, Trans* de Jack Halberstam.

No obstante, aunque lleve alrededor de 20 años impartiendo ciertas materias, la profesora investigadora de la Escuela de Humanidades y Educación del Tec de Monterrey, repasa sus clases porque considera importante tener el material fresco. 

Después de estudiar Relaciones Internacionales y una maestría en Ciencias Sociales en México, se doctoró en la Escuela de Geografía y Medio Ambiente de la Universidad de Oxford, con especialidad en Geografía Humana.

Con mejillas rojas, cargando una mochila llena de pins e insignias como la bandera LGBTQI+, llega a la cita con TecScience, nos saluda a todos y toma unos pocos segundos para tomar aire y comenzar.

“Soy Mariana Gabarrot”, sonríe y se le ve su rostro refrescado tras ponerse agua termal. “Y no creo en las etiquetas”, dice como respuesta a la primera pregunta que iniciará casi dos horas de cuestionamientos, risas y honestidad. 

“Me parece que las etiquetas las tenemos que problematizar todo el tiempo”, dice con firmeza pero amabilidad.  “A lo mejor las uso estratégicamente. Cuando estoy en el Tec, soy profe… Para nada me gusta que me digan ‘Miss’”, recalca. “Pero cuando estoy con mi familia, puedo ser hija o simplemente Mariana, igual cuando estoy con mis amigos. Las etiquetas van variando y van fluyendo y la verdad es que no sé quién soy porque el ser es un devenir”.

La autora del libro, El ABC del género, procura no tener muchas certezas en el tema de la identidad, pues enfatiza la necesidad de estar cuestionando quiénes somos, adónde vamos, por qué estamos aquí y qué formas elegimos para habitar el mundo.

“¿Quién eres tú? Quién soy yo? Si vamos a utilizar categorías para definirnos, tienen que estar siempre abiertas y tenemos que estarnos preguntando por ellas y por qué decidimos usarlas y cuándo”.

Desde hace 10 años, Mariana inició junto a sus colegas y alumnas la Semana de Feminismos, cuyo objetivo principal es abrir el diálogo sobre estos temas. (Fotos: cortesía)

Corporalidades y migraciones 

Este constante cuestionamiento y la intención de entender a profundidad el ser desde el cuerpo, es en parte lo que ha definido  su vida académica, combinando su formación desde esta área hacia los estudios de género, las migraciones, el feminismo y cómo entendemos todo de manera interrelacionada.

“Me interesa saber qué es lo que nos mueve, qué es lo que nos hace buscar estas otras formas de estar con les otres y qué es lo que nos inquieta, para tener discusiones sobre qué tipo de sociedad queremos, qué cuerpos entran en la legitimidad social, qué cuerpos no entran en la legitimidad social”, dijo.

¿Por qué te enfocaste en el tema de las migraciones?

“Mis papás salieron de Uruguay buscando un lugar más seguro. Entonces había una dictadura militar y se vivía mucha violencia. Vinieron a México buscando un lugar donde hacer la vida. Llegué a Monterrey a los seis años”. 

Si bien la experiencia de Mariana llegando a México fue un desplazamiento relativamente sencillo, reconoce la precariedad de otros migrantes que, a pesar de tener el mismo sueño que sus padres, son violentados e inevitablemente ignorados.  Al no ser capaces de darles una identidad, una cara, los migrantes muertos se vuelven únicamente cifras pero, cuando se habla de los cuerpos y sobre todo, cuando se pueden ver esos cuerpos es cuando el discurso cambia.

“Para mí, que he estado estudiando siempre estos fenómenos sociales de personas vulneradas históricamente, siempre fue un enigma pensar ¿por qué aceptamos que esto suceda, por qué aceptamos las muertes de migrantes, por qué hay el rechazo a las personas indocumentadas? Y eso me llevó eventualmente a los estudios de género”.

Docencia, justicia y apoyo entre mujeres

¿Qué es lo que te interesa investigar, qué es lo que quieres saber?

“Esa es una muy buena pregunta, que yo me hago siempre. Desde las ciencias sociales y las humanidades hemos encorsetado la producción de conocimiento en indicadores, en artículos académicos.

Para mí el investigar y el acercarnos a la realidad no pasan necesariamente por ahí. Creo que el conocimiento, y en esto apelo mucho a la teoría queer, se hace desde la experiencia, desde lo bajo; me interesan muchos temas, pero me enfoco en lo que vivimos.

Me parece que es muy difícil hacer ciencia y preguntarnos por lo abstracto. En el caso de las mujeres en México, donde asesinan a 11 al día, ¿cómo puedo yo sentarme a analizar cifras y no ir y escuchar los discursos e historias de quienes están en el frente?”

Cuando yo estudio violencia de género, no estoy estudiando datos, ni tampoco a personas en abstracto, estoy acompañando a sobrevivientes, sean mujeres migrantes que me toque visitar, alumnas que me buscan en mi oficina o amigas con las que tomo un café”.

Mujer con pelo corto canoso, con camisa de cuadros recargada en un barandal y mirando al horizonte
Cuando Mariana Gabarrot estudia violencia de género, no estudia datos ni a personas en abstracto, dice. “Estoy acompañando a sobrevivientes”, cuenta en entrevista. (Fotos: Alejandro Salazar / TecScience)

Una profe cercana

Una constante que Mariana menciona dentro de su vida, su trabajo y sus distintos roles es el impacto que las mujeres a su alrededor tienen en ella, particularmente, cuando hablamos de sus alumnas y sus amigas, quienes la han apoyado e impulsado hacia los estudios de género desde sus historias y experiencias.

Desde hace 10 años, Mariana inició, junto a sus colegas y alumnas, la Semana de Feminismos, ofreciendo tres clases abiertas para dialogar sobre este tipo de temas; dicho proyecto impulsó su involucramiento en la elaboración y el seguimiento al protocolo para prevenir y atender la violencia de género en el Tec de Monterrey, así como, su libro El ABC del género.

¿Qué rol han jugado las mujeres cercanas a ti para tu desarrollo tanto como investigadora como profesora y persona?

Cuando empezamos con los temas de género en la Semana de Feminismos, me involucré directamente en abrir diálogos entre mis estudiantes y  crear una conciencia sobre la importancia de entenderlos. Ahí fue cuando me di cuenta que ser una profesora lejana de los problemas de los estudiantes no era sostenible.

Al trabajar estos temas de género, mis sujetes de estudio eran mis alumnes, mis compañeras, amigas y yo misma. Al irles acompañando, me di cuenta de la importancia de que mis estudiantes, pero también mis colegas, se dieran cuenta que podían tener a alguien en mí que les iba a escuchar sin juzgar.

Una bandera de arcoíris con una carita amarilla sonriente adorna la ventana de su oficina en el Departamento de Estudios Humanísticos en campus Monterrey. Mariana explica cómo esa simple carita feliz representa algo similar a los pines de su mochila.

“La  idea del sticker surge de una compañera, Ana María Alvarado, que decía que habría que  poner un cartel en la oficina para que los estudiantes supieran que podían hablar con nosotras aunque no tuvieran clase. Ella imprimió las calcas y nosotras las pegamos”.

Una bandera de la diversidad, un pañuelo morado y un sticker con la leyenda ‘yo te creo’ en su computadora, son algunas de las invitaciones silenciosas que Mariana tiene a la par de las que hace vocalmente sobre su gusto y apertura a ser una acompañante que nunca ofrece consejos, pero sí hace lo más importante: escuchar.

“Lo mismo hacen mis amigas conmigo. Nos escuchamos, me escuchan, me alientan y me dan reality checks”, dice entre risas, “pero para mí un amigo no regaña, porque el regaño siempre viene desde el poder, pero sí te acompaña y te puede señalar si está viendo algo que le preocupa. Eso es lo que he buscado ser”.

La segunda foto de izquierda a derecha retrata el festejo de la primera “graduación lavanda”, lograda con el acompañamiento de amigas y colegas de Mariana para el grupo Aire en 2019. Se trata del primer evento del tipo en América Latina y en el Tec de Monterrey, que reconoce al alumnado de la diversidad sexual y de género de la institución al finalizar sus estudios. (Fotos: cortesía)

Un camino de autorreflexión y constante cambio

¿Cómo te gustaría que te percibiéramos tras leerte en esta entrevista?

“Me gustaría que vieran en mí otras posibilidades de construir saberes, más allá de la ortodoxia del saber científico. 

Yo no me considero parte de ese saber rígido, pero llevo 28 años dedicada a lo académico, y es mi experiencia lo que ha guiado tanto mi práctica como mi interacción con los demás. Eso es lo que quisiera mostrar, que igual que hay muchas formas de habitar el mundo, hay muchas formas de existir en la academia”.

Su voz se suaviza una vez que las cámaras dejan de grabar. Platicar con Mariana es una experiencia cálida e íntima, donde la honestidad va a la cabeza de la charla, no sólo en sus respuestas sino incluso en sus sentimientos.

“No me gustan mucho los reflectores. Posa y cambia de pose y ve aquí o acá. Yo siempre he apelado a lo colectivo, pero también reconozco que cuando mis alumnes, compañeres y amigues me ven, no me ven sólo a mí. Ven otras formas de existir”, expresó antes de regresar la mirada y reír, “creo que con eso no contesté la pregunta realmente, pero es que así soy”.

Así es Mariana. Tras una plática que, desde el inicio necesitó que se reformularan las preguntas y nos cuestionara a nosotros constantemente, se despide. Caminando en pasos hasta mezclarse en la ola de estudiantes que salen de clases, lo último que vemos es su mochila llena de pines mientras se dirige de regreso a su oficina, ya que ella “a las ocho de la noche, cierra el changarro”. 

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