Piensa en una aerolínea ficticia cuyo éxito no se mide por cuántos pasajeros llegan a su destino, sino por cuántas piezas del avión se logran vender durante el vuelo. En este sistema, el piloto es promovido si arranca una tuerca de la cabina y la vende como souvenir. El copiloto, para no quedarse atrás, desmonta una puerta del maletero y la subasta al mejor postor. Según los indicadores de la aerolínea, el vuelo es un éxito rotundo: la “riqueza” a bordo crece todo el tiempo.
Un grupo de pasajeros, preocupados porque las maletas puedan caerse, proponen amarrarlas con cinturones en desuso. Otros tratan de “parchar” lo que se va descomponiendo para calmar el miedo. ¿Imaginas cuál es el futuro de ese vuelo?
Nadie se atreve a decir la verdad incómoda: el problema no es cómo gestionen las piezas del avión, sino que la creación de riqueza se alimenta de su propio fuselaje. En ese avión, el “progreso” es la velocidad con que convierten los recursos originales en productos de consumo que inflan cuentas bancarias pero desmantelan la aeronave. Mientras no cambie esa lógica de creación de valor, la situación no tiene solución real. ¿Te suena parecido al sistema económico en el que vivimos?
El verdadero enemigo por vencer
Desde los años 60, se han desplegado esfuerzos para intentar frenar la caída de nuestro avión, llamado planeta Tierra: “sustentabilidad”, “responsabilidad social”, entre otros. Sin embargo, hemos visto que estos intentos —con éxito relativo y sin demeritarlos— no resuelven el fondo del problema. El consumidor sigue buscando lo barato, las empresas evitan inversiones sustentables si el mercado no las premia, y los gobiernos priorizan el crecimiento económico sobre la conservación.
Hoy la ciencia es contundente: estamos operando fuera de los márgenes de seguridad de nuestro hogar. Ya hemos transgredido varios de los límites planetarios que mantienen la estabilidad de la Tierra, incluidos el cambio climático, la integridad de la biosfera y los flujos biogeoquímicos, lo que nos coloca en una zona de alto riesgo para la civilización (Steffen et al., 2015).
Si las soluciones actuales no han funcionado es porque atacan el síntoma y no la enfermedad. El verdadero enemigo no es el plástico en el océano: es el diseño de nuestro sistema de incentivos. Vivimos en un modelo que premia la “eficiencia” de la extracción, donde es más barato destruir que reparar y más rentable desechar que conservar. El crecimiento infinito en un planeta finito es una imposibilidad física; sin embargo, nuestro éxito se mide por la aceleración de ese consumo. “La alternativa” no debe ser un manual de reciclaje, sino una profunda reingeniería de la creación de riqueza.

¿Qué definición de economía circular nos debe interesar?
Si buscamos en internet, encontraremos definiciones como la siguiente: “La economía circular es un modelo de producción y consumo que busca minimizar residuos y maximizar el uso de recursos, extendiendo la vida útil de los productos y materiales a través de la reparación, reutilización y reciclaje. Contrario al modelo lineal de tomar-fabricar-desechar, esta estrategia regenera la naturaleza y mantiene los materiales en el ciclo productivo”.
El propósito de esta definición no es erróneo. Necesitamos esos esfuerzos porque son un primer paso, pero no cuestiona el problema central, solo se centra en la gestión de residuos y materiales sin abordar la necesidad de transformar el sistema económico que los genera.
Al analizar 221 definiciones de economía circular, Kirchherr et al. (2023) encontraron que el concepto ha sido fragmentado: mientras que la mayoría se centran en el reciclaje y la gestión de residuos, muy pocas abordan la necesidad de un cambio sistémico o la ruptura con el modelo de crecimiento lineal. También existe una falta de énfasis en dimensiones vitales, como la biodiversidad y el cambio climático, dentro de las definiciones operativas (Sardianou et al., 2024). Si la economía circular se limita a gestionar mejor los desechos, corremos el riesgo de perpetuar el mismo sistema extractivo, solo que con procesos un poco más eficientes.
Para que la economía circular sea “la alternativa” que buscamos, su definición debe atacar la raíz del problema: la creación de riqueza. No es una herramienta de gestión ambiental; es una disrupción del sistema socioeconómico.
Una definición más cercana a lo que necesitamos es la siguiente: “La economía circular es un sistema económico regenerativo por diseño, que garantiza que los sistemas de satisfacción de necesidades y sus soportes estructurales estén alineados con el bienestar planetario”.
La Fundación Ellen MacArthur originalmente impulsó la idea de un sistema “regenerativo por diseño”, pero muchos la redujeron solo al reciclaje, olvidando la parte de “rediseñar el sistema económico”.
La reingeniería del vuelo: una propuesta de tres niveles
Para que la economía circular no se convierta en un “parche” más, debemos entenderla como una estructura de capas interconectadas, inspirada en una visión sistémica de “caudal de flujos” (Webster, 2017) donde la riqueza no proviene del consumo de materiales, sino de la gestión inteligente del valor.
- Nivel Macro (Sistema económico): Un marco que redefine el éxito financiero al desvincular el bienestar del consumo de recursos finitos. Aquí cambiamos la métrica: el sistema deja de priorizar el crecimiento del PIB basado en la extracción para valorar la riqueza regenerativa. Es pasar de premiar al piloto por vender piezas, a premiarlo por la integridad del avión y la seguridad del trayecto a largo plazo.
- Nivel Meso (Sistemas de producción y comercio): Una reconfiguración donde las empresas migran hacia modelos de “producto como servicio” y simbiosis industrial. Al dejar de vender “cosas” para vender “servicios”, el incentivo cambia radicalmente: si el fabricante mantiene la propiedad de los materiales (como un motor alquilado por horas de vuelo), le conviene que el producto dure, que falle lo menos posible y que sus componentes sean eternamente recuperables.
- Nivel Micro (Producto y residuo): El diseño de bienes concebidos desde su origen para la longevidad extrema o la biodegradación total. Es el nivel del diseño del producto y del proceso. No se trata de reciclar el residuo, sino de diseñar procesos y productos donde el concepto de “desecho” desaparezca, porque cada salida se convierte en la entrada de un nuevo ciclo.
Volver a la Tierra
¿Qué sí es, entonces, la economía circular? Es la decisión de dejar de intentar “parchar” un modelo que nació para fallar. No requerimos un departamento de gestión de residuos, sino un nuevo marco bajo el cual debería operar cualquier actividad humana.
Mientras el éxito financiero dependa de la velocidad de extracción y no de la salud del ecosistema que sostiene el vuelo, no estamos haciendo economía circular; solo estamos inventando formas más eficientes de desmantelar el avión mientras todavía estamos en el aire.
Referencias
- Pérez-Castillo, D. 2025. Circular economy and conservation: Rethinking the new economy. Policy Matters.
- Steffen, W., Richardson, K., Rockström, J., Cornell, S. E., Fetzer, I., Bennett, E. M., Biggs, R., Carpenter, S. R., De Vries, W., De Wit, C. A., Folke, C., Gerten, D., Heinke, J., Mace, G. M., Persson, L. M., Ramanathan, V., Reyers, B., & Sörlin, S. (2015). Planetary boundaries: Guiding human development on a changing planet. Science, 347(6223), 1259855.
- Kirchherr, J., Yang, N.-H. N., Schulze-Spüntrup, F., Heerink, M. J., & Hartley, K. (2023). Conceptualizing the Circular Economy (Revisited): An Analysis of 221 Definitions. Resources, Conservation and Recycling, 194, 107001.
- Sardianou, E., Nikou, V., Evangelinos, K., & Nikolaou, I. (2024). What are the key dimensions that CE emphasizes on? A systematic analysis of circular economy definitions. Environment Systems and Decisions, 44(3), 547–562.
- Webster, K. (2017). The circular economy: A wealth of flows (2nd edition). Ellen MacArthur Foundation Publishing.
- Renteria, G., Pérez-Castillo. 2023. Business Models for Industrial Symbiosis: A Literature Review.
Autor
David Pérez Castillo. Es profesor investigador de la Escuela de Negocios del Tecn de Monterrey. Es especialista en economía circular y negocios sustentables. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SECIHTI). Ha sido consultor para la FAO, la Agencia de Cooperación Alemana, el Banco Mundial, SEMARNAT y SAGARPA. Es miembro de Ashoka y fellow de la Fundación Ellen MacArthur. Es autor de divulgación científica en TecScience.





