En octubre de 1988, a días de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, millones de hogares sintonizaron en sus televisores un programa sobre el tema que ya había alimentado uno de los episodios de pánico moral más intensos del país: la supuesta existencia de cultos satánicos que abusaban de niños.
El especial Devil Worship: Exposing Satan’s Underground, conducido por el periodista Geraldo Rivera y transmitido por NBC —una de las cadenas de televisión y radio comerciales más grandes de Estados Unidos—, llegó a unos 19 o 20 millones de hogares. El programa formaba parte de una narrativa, conocida como pánico satánico, que había cobrado fuerza desde 1983 y que vinculaba acusaciones de abuso ritual satánico con guarderías y comunidades de distintas partes del país.
“Esto tiene que haber afectado de alguna manera la elección del 88, porque cayó exactamente en medio del pánico satánico”, dice Fernanda Sobrino, profesora investigadora de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública (EGobiernoyTP).
Junto con un grupo de investigadores, Sobrino formuló la hipótesis de que la exposición mediática basada en el miedo puede influir en la manera en que las personas votan.
En un artículo reciente, que aún no ha sido revisado por pares, el grupo encontró que una mayor exposición a las narrativas del pánico satánico estuvo asociada con un aumento temporal del voto por el Partido Repulicano.
Ese año George H. W. Bush (conocido como Bush papá) se convirtió en el presidente número cuarenta y uno del país.

Un cambio temporal basado en el miedo
Para estudiar la relación entre la exposición mediática a narrativas que incitan el miedo y el comportamiento electoral, los investigadores analizaron 176 mercados televisivos de Estados Unidos y utilizaron dos formas independientes de estimar qué tan expuesta estuvo cada población al pánico.
La primera fue la cercanía geográfica a 36 casos importantes de procesos judiciales relacionados con acusaciones de abuso ritual satánico. La segunda fue la capacidad de las afiliadas locales de NBC para llegar a los hogares, un indicador construido a partir de datos previos al episodio y que permitió aproximar la exposición al especial de Rivera.
Los resultados apuntan en la misma dirección: los mercados más expuestos registraron un incremento adicional de entre 0.5 y 1.2 puntos porcentuales en la proporción de votos republicanos en 1988, dependiendo del indicador utilizado. Los investigadores también encontraron que no existían tendencias previas similares que pudieran explicar el cambio.
“Aunque el efecto es de menos del 2%, recordemos que (Andrés) López Obrador pierde la elección del 2008 en México por menos de eso”, enfatiza Sobrino.
Otro hallazgo interesante fue que el efecto asociado con la cercanía a los casos desapareció para 1992. Es decir, las regiones que habían mostrado un desplazamiento temporal hacia el voto republicano regresaron a su tendencia previa.
Para los autores, esto sugiere que el miedo no produjo necesariamente un cambio político permanente, sino un fenómeno de saliencia transitoria: una amenaza percibida puede activar temporalmente determinadas preferencias políticas y perder fuerza cuando la narrativa que la sostiene pierde credibilidad.
La crisis de credibilidad del pánico satánico llegó con un informe del FBI que concluyó que no existían evidencias creíbles de redes criminales satánicas organizadas.

El miedo como herramienta política
El caso del pánico satánico y el aumento temporal del voto republicano es poco extrapolable al mundo actual, debido a que todo en el país durante los ochenta era distinto.
Sin embargo, “lo que sí demuestra es que estas cosas que son de miedo, muy virales, sí pueden hacer que la gente cambie su comportamiento electoral”, expresa la experta.
Para ella, esto quiere decir que es posible influir en el comportamiento político de las personas a través de contenidos mediáticos.
Hoy en día, este tipo de dinámicas y contenidos basados en el miedo ya no dependen de la televisión y se han trasladado a las redes sociales, donde, en cuestión de horas, una idea puede alcanzar a millones de personas.
Los autores advierten, sin embargo, que el estudio tiene limitaciones. Entre ellas, que la cercanía geográfica a los casos también estaba relacionada con cambios demográficos de largo plazo y que el indicador de NBC no permite atribuir todo el efecto exclusivamente al especial de Geraldo Rivera. Además, el análisis se realizó a nivel de mercados televisivos, no de individuos.
El estudio tampoco demuestra que un programa específico haya cambiado por sí solo el resultado de una elección. Su principal aportación es mostrar que los medios de entretenimiento pueden convertirse en canales de persuasión política cuando amplifican narrativas de miedo.
Para los investigadores, el episodio del pánico satánico ofrece una lección histórica: el miedo puede modificar temporalmente el comportamiento político, pero sus efectos pueden depender de cuánto tiempo conserve credibilidad la amenaza que lo alimenta.
“Pongan atención a lo que están consumiendo, se vale dejar de ver Instagram y Tik Tok”, dice Sobrino.
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