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Científicas desarrollaron una barrita que ayuda a reducir los triglicéridos en la sangre

Investigadoras lograron formular un bocadillo que no solo nutre, también ayuda a que el intestino absorba menos grasa y favorezca la eliminación del colesterol.
fotografía de frijoles
Al terminar el tratamiento, los niveles de triglicéridos disminuyeron cerca de un 38% en las mujeres que consumieron la barrita. (Foto: Getty Images)

Imagina que vas al Oxxo y puedes comprar una barrita que no solo te nutre y te hace sentir satisfecho, sino que ayuda a bajar tus niveles de triglicéridos en sangre. Esto es lo que logra un producto mexicano elaborado a base de frijol común y avena.

Todo empezó cuando Aurea Karina Ramírez, profesora investigadora de la Escuela de Ingeniería y Ciencias (EIC) del Tecnológico de Monterrey estaba haciendo su tesis de maestría en la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) bajo la tutela de Flavia Loarca.

Lo que buscaban era elaborar algún producto que aprovechara el frijol, cuyo consumo en el país ha caído cerca de un 50% en las últimas cuatro décadas.

Al principio, Ramírez elaboró más de 54 formulaciones distintas, que fueron probadas por un grupo de personas y así encontrar la mejor textura, sabor y aspecto del alimento.

“Lo interesante vino después que hicimos estudios para entender si tenía un efecto en el organismo”, dice Ramírez.

En una evaluación in vitro, encontraron que la barrita tenía la mitad de la grasa que tienen otras barras nutritivas competidoras y más de 10 gramos de proteína, provenientes de mezclar frijol y un cereal.

El siguiente paso fue probar en un ensayo clínico si las barritas tenían un impacto positivo en el cuerpo de las personas que las consumieran.

“Reclutamos a un grupo de mujeres de Querétaro que tenían triglicéridos altos”, explica la investigadora.

De la formulación al ensayo clínico

En el estudio participaron 26 mujeres con hipertrigliceridemia, de ellas 14 fueron asignadas al grupo experimental –el que consumió la barrita– y 12 al grupo control.

Durante ocho semanas, el grupo experimental consumió todos los días 50 gramos de la barrita, mientras que el otro grupo sólo tuvo ajustes en su dieta. Al terminar el tratamiento, los niveles de triglicéridos disminuyeron cerca de un 38% en quienes consumieron la barrita, sin necesidad de restringir su dieta.

“Con el grupo control también hubo una disminución ligera en este marcador, pero no fue significativa estadísticamente”, cuenta Ramírez.

Aunque los resultados son prometedores, el tamaño de muestra del ensayo es pequeño, por lo que se requieren estudios más amplios para confirmar su efectividad.

Sin embargo, al ver este resultado, la experta y su equipo no se quedaron ahí y decidieron investigar qué había detrás de esta respuesta.

Mujer recargada en un barandal
La investigadora en el Centro de Biotecnología del Campus Querétaro donde realiza investigaciones para revalorizar productos y aprovechar residuos. (Foto: Valeria Quintero/Archivo -TecScience).

Detrás de los resultados prometedores

Lo que encontraron es que su formulación combina compuestos bioactivos del frijol, como fibra, almidón resistente y polifenoles —moléculas con capacidad antioxidante y antiinflamatoria—, junto con los β-glucanos de la avena, conocidos por su efecto cardioprotector.

En conjunto, estos componentes ayudan a que el intestino absorba menos grasa, favorecen la eliminación del colesterol y reducen la producción de nuevas grasas en el organismo.

“También vimos que se modificaban neuropéptidos y hormonas que están relacionadas con qué tan probable es que se peguen las grasas a nuestras arterias”, dice Ramírez.

En un análisis de las proteínas presentes en las personas que consumieron la barrita, encontraron que se modificó la expresión de al menos 40 proteínas asociadas con inflamación y metabolismo de lípidos.

Entre los efectos más importantes están una mejor regulación de los procesos inflamatorios y cambios en la forma en que el cuerpo utiliza las grasas como fuente de energía.

Del laboratorio al anaquel

Al ver que su producto tenía tan buenos resultados, decidieron empezar a comercializarlo, le pusieron de nombre Flavis, en honor Loarca, e hicieron una producción pequeña que se vendió en la cafetería de la UAQ hasta antes de la pandemia.

Después de esta crisis de salud, fue difícil conseguir financiamiento, por lo que no se ha vuelto a producir, pero esperan retomar conversaciones pronto.

Más allá de si su barrita se podrá o no vender en tiendas en el futuro, el proyecto ilustra cómo la ciencia realmente puede tener un impacto en la vida de las personas.

“Creo que es un buen ejemplo de cómo hacer un producto con todas esas etapas, involucrar al consumidor, validar los efectos con bases científicas y llevarlo a producción”.

A diferencia de los medicamentos, los alimentos funcionales –como Flavis– pueden solo añadirse a hábitos existentes, sin necesidad de cambiar toda la dieta, lo cual ofrece una vía accesible para mejorar la salud pública.

En México, el exceso de triglicéridos es la dislipidemia más común y representa una de las principales causas de riesgo cardiovascular y síndrome metabólico en el país.

Por ello, tener una barrita en tiendas de conveniencia que realmente nutra y, además, atienda un problema de salud es casi casi utópico.

“Creo que es importante impulsar economías locales, como la del frijol, y si tenemos el apoyo desde el gobierno y las empresas, su impacto puede ser aún mayor”, dice Ramírez.

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Autor

Picture of Inés Gutiérrez Jaber