El envejecimiento en México avanza con rapidez, pero el sistema de salud y las políticas públicas aún no están preparados para atender sus implicaciones, especialmente en mujeres.
Esta fue una de las conclusiones centrales del panel Envejecimiento en México y retos en la salud de las mujeres, realizado durante el Segundo Simposio de Envejecimiento y Longevidad, organizado por el Tec de Monterrey.
La discusión fue moderada por Cristina Chuck, líder del núcleo de investigación en salud de la Escuela de Ingeniería y Ciencias (EIC) y contó con la participación de Sara Morales, investigadora del Instituto de Fisiología Celular de la Universidad Autónoma de México (UNAM), Raúl Medina, Director de investigación del Instituto Nacional de Geriatría (Inger), Jonathan Magaña, líder del Grupo de Investigación Envejecimiento y Longevidad de la EIC y Sergio Alva, de la Asociación Mexicana de Asistencia en el Retiro (AMAR).
Los especialistas en neurociencia, geriatría, bioingeniería y sistemas de retiro coincidieron en que el país enfrenta un desafío multidimensional que va más allá de lo clínico.
Uno de los diagnósticos más contundentes fue que el sistema de salud mexicano no está preparado para el envejecimiento poblacional, y menos aún para atender sus particularidades en mujeres.
“Cada vez somos más las mujeres de la tercera edad, entonces México no necesita preocuparse, sino ocuparse”, expresó Morales. La falta de infraestructura, la escasez de geriatras y la fragmentación institucional limitan la atención adecuada de una población que crece aceleradamente.
A esto se suma un problema estructural: el enfoque reactivo. En lugar de priorizar la prevención, las intervenciones suelen llegar cuando las enfermedades ya están avanzadas. Sin embargo, los expertos subrayaron que muchas condiciones asociadas al envejecimiento —como enfermedades cardiovasculares, metabólicas o neurodegenerativas— pueden prevenirse hasta una década antes.
“Hay una ventana crítica de los 35 a los 45 años en la que si se actúa va a ser otra historia en la salud de las mujeres”, advirtió Alva.
Prevenir antes de envejecer
En el caso de las mujeres, el enfoque preventivo es aún más relevante. La transición a la menopausia fue señalada como una ventana de oportunidad para intervenir tempranamente y reducir riesgos futuros en salud ósea, cardiovascular y cognitiva.
“La menopausia va más allá de tener bochornos; implica que vamos a tener cambios y problemas en el sistema cardiovascular, óseo y cognitivo”, explicó Morales.
El panel también puso sobre la mesa el peso invisible del cuidado. En México, más del 85% de las personas cuidadoras son mujeres, quienes asumen esta responsabilidad sin remuneración, capacitación ni apoyo institucional. Esta carga implica desgaste físico, impacto económico y limitaciones en su desarrollo profesional, lo que perpetúa desigualdades de género.
Aunque no todas las personas mayores requieren cuidados intensivos, una proporción significativa de ellas experimenta dependencia funcional en algún momento de su vida. Frente a ello, se destacó la urgencia de avanzar hacia un Sistema Nacional de Cuidados que distribuya la responsabilidad entre el Estado y las familias.
“Existe un periodo en el que la mayor parte de nosotros requerirá cuidado”, dijo Medina.
Desde la investigación, los retos también son amplios. Las mujeres viven más años que los hombres, pero con peor calidad de vida. Esto se traduce en mayor prevalencia de enfermedades crónicas, trastornos musculoesqueléticos, deterioro cognitivo y problemas de salud mental como la depresión.
“Las mujeres tienen un mayor tiempo de vida, pero una menor calidad de vida”, señaló Magaña.
Los especialistas propusieron abordar estos desafíos desde un enfoque multidisciplinario que incluya no solo salud, sino también educación, movilidad urbana y protección social.
«En cinco años esperaría que tuviéramos un avance en cuanto a la información que se brinda a la sociedad acerca de los problemas de salud de la mujer», dijo Morales.
En particular, señalaron que las ciudades latinoamericanas no están diseñadas para una población envejecida y que la falta de movilidad empeora la pérdida de autonomía.
Vivir más, pero no mejor: el desafío económico y social del envejecimiento
En el ámbito económico, el panorama tampoco es alentador. El sistema de pensiones enfrenta presiones crecientes, mientras que la brecha entre esperanza de vida y años vividos con buena salud sigue ampliándose.
Es necesario encontrar los mecanismos políticos y sociales para poder garantizar una vejez no solo más larga, sino también más saludable.
“Creo que sigue siendo un reto cerrar la brecha de género, reducir la violencia y la cultura machista y patriarcal en la que seguimos sumergidos”, dijo medina,
A cinco años, los panelistas coincidieron en la necesidad de cambiar el paradigma: pasar de atender el deterioro a optimizar la salud a lo largo de la vida. Esto implica fortalecer la educación en salud, impulsar la investigación con enfoque de género y construir redes de colaboración entre instituciones.
El reto será transformar un sistema reactivo en uno preventivo, equitativo y centrado en el curso de vida, con énfasis en la comunidad y el bienestar.
“La ciencia ha sido muy clara, las soluciones existen, solo hay que aplicarlas”, dijo Alva.
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