En 1983, Sally Ride se convirtió en la primera mujer estadounidense en ir al espacio, como parte de la misión STS-7 de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA). Mientras preparaban todo, entre sus colegas hombres surgió una pregunta inesperada: ¿cuántos tampones necesitaría la astronauta para su estancia de una semana en el espacio?
El grupo de ingenieros, capaces de calcular variables astronómicas complejas, no sabía cómo responder una pregunta aparentemente sencilla, así que sugirieron que llevara 100.
La anécdota reveló el profundo desconocimiento que tenemos sobre un proceso biológico que nos ocurre a casi la mitad de la humanidad.
“Preferiríamos colonizar Marte antes que estudiar el cuerpo de las mujeres”, dice Elizabeth Rizor, investigadora posdoctoral especialista en neuroimagenología aplicada a la salud de la mujer de la Universidad de California en Santa Bárbara.
Aunque la historia de Sally sucedió hace décadas, la realidad es que desde entonces se han hecho pocos esfuerzos por estudiar la menstruación y comunicarle su importancia a la población.
“Todavía no logramos hacer entender al mundo la importancia de un proceso fisiológico que va a interpelar en todo”, dice Andrea Rodríguez, investigadora especializada en salud sexual, menstrual y reproductiva de la Escuela de Salud Pública de México.
En este Día Internacional de la Mujer, mejor conocido como 8M, es importante hablar sobre las científicas que están liderando una nueva era de la ciencia de la menstruación para entenderla a profundidad y garantizar que todas las personas menstruantes la vivan con dignidad.
Menstruación: el quinto signo vital
La menstruación es una de las cuatro fases del ciclo menstrual, un proceso que nos sucede a las personas del sexo femenino cada 21 a 35 días. Sus fases son: la proliferativa o folicular, la ovulatoria, la lútea y la menstrual.
Está mediado por una serie de hormonas que funcionan como mensajeras químicas entre el cerebro, los ovarios y el útero, preparando a este último para que, en caso de que reciba un óvulo fecundado, se geste un bebé.
Pero, a pesar de que el ciclo menstrual tiene que ver con la reproducción, su función en nuestro cuerpo es mucho más grande.
“Es un indicador de equilibrio entre las esferas de nuestra vida”, dice Claudia Hernández, ginecóloga especialista en niñas y adolescentes del Instituto de la Mujer en el Hospital Zambrano Hellion de TecSalud.
Está cada vez más claro que para que el ciclo transcurra de forma saludable es necesario tener buenos hábitos: alimentarnos, hidratarnos y dormir bien, hacer ejercicio y controlar el estrés.
Este suceso es tan crucial para nuestra salud que instituciones como el Colegio Americano de Ginecólogos lo consideran el quinto signo vital. Esto significa que monitorearlo es tan importante como medir nuestra temperatura, presión arterial y frecuencia cardiaca.
Pero más allá de lo físico, hablar de salud menstrual implica todo un abanico de condiciones.
“Es cuando una persona menstruante accede a una menstruación digna desde el ámbito educativo, salud, acceso a productos, erradicación de tabús y políticas públicas en pro de la salud”, expresa Rodríguez.
De acuerdo con la experta, para asegurarnos de que todas lo vivan bien, es indispensable que se tome con seriedad. “Seguimos creyendo que es una moda la lucha por la salud menstrual y no nos damos cuenta de que muchas veces hablamos desde el privilegio”, alerta.
Desigualdades en la salud menstrual
Aunque desde algunas esferas privilegiadas pareciera que la menstruación es muy fácil de manejar, existen condiciones donde no lo es.
Las mujeres que viven en cárceles o comunidades indígenas, o son migrantes, muchas veces ni siquiera tienen acceso a productos básicos como toallas, tampones o copas para gestionarla.
En zonas donde se permite el matrimonio infantil: “es como una luz verde de que las niñas ya se pueden casar, a los 10, 11, 12 años”, dice Rodríguez.
En un estudio realizado por la investigadora y sus colegas, encontraron que solo el 15% de las adolescentes encuestadas en una secundaria pública de México tienen buena información sobre menstruación.
Además, casi 80% expresó ideas negativas o erróneas sobre ella, evidenciando la persistencia de tabús sociales. “Hay mucha desinformación heredada”, dice Rodríguez.
La falta de información no solo existe entre la población general, también es escasa en el mundo de la ciencia. Esto se hace evidente en lo difícil que es diagnosticar condiciones como la endometriosis o el ovario poliquístico, por ejemplo.
En los libros de medicina todavía se enseñan conceptos equivocados. “La cantidad de sangrado menstrual que nos tenemos que aprender para exámenes es de 80 mililitros por ciclo”, expresa Hernández. “Cualquier mujer que tenga ciclos menstruales normales sabe que es mucho más”.
También sabemos poco sobre lo que le sucede a nuestro cerebro a lo largo del ciclo.
“Cuando estaba haciendo la revisión de la literatura para nuestro estudio, me quedé desconcertada porque fue la más corta que he hecho”, dice Viktoriya Babenko, investigadora especialista en neurociencia cognitiva de la Universidad de California en Santa Barbara.
Babenko, Rizor y un grupo de investigadoras publicaron recientemente el primer estudio que analiza cómo cambia la arquitectura de nuestro cerebro en sintonía con las variaciones hormonales del ciclo menstrual.
Nuestro cerebro cambia estructuralmente a través del ciclo menstrual
Aunque en la literatura ya existía evidencia de que ciertas regiones del cerebro tienen receptores para hormonas asociadas con la reproducción y que estas regiones varían a lo largo del ciclo menstrual, las investigadoras decidieron adoptar un enfoque integral.
“La materia blanca, en relación a cómo puede cambiar en función de este proceso, había sido muy poco estudiada”, dice Rizor.
Por ello, analizaron tanto la materia gris como la materia blanca a lo largo de todo el ciclo en un grupo de personas menstruantes.
La materia gris está compuesta por neuronas, células gliales y dendritas; es el sitio donde se procesa la información. La materia blanca, en cambio, está formada por fibras nerviosas mielinizadas que recubren las terminaciones y permiten la comunicación entre distintas regiones del cerebro.
En tres momentos clave —durante la menstruación, el día de la ovulación y a la mitad de la fase lútea— realizaron sesiones experimentales que incluyeron extracciones de sangre, encuestas y escaneos cerebrales para medir el grosor de ambas estructuras.
Encontraron que los cambios hormonales del ciclo menstrual se asocian con variaciones en el tamaño de distintas estructuras a lo largo de todo el cerebro. Es la primera evidencia de cambios estructurales a escala global que ocurren en paralelo a estas fluctuaciones.
Además, observaron diferencias marcadas entre participantes en el tipo de cambios que experimentaban. “Así realmente podemos ver cómo los cambios del ciclo afectan a una persona semana a semana”, dice Babenko.
El estudio no buscó vincular estos hallazgos con niveles de energía, estado de ánimo o cognición; sin embargo, “proporciona una buena base anatómica sobre la que otros investigadores pueden construir”, señala Rizor.
Explorar si estos cambios se relacionan con el síndrome premenstrual podría aportar la validación científica que muchas esperamos sobre lo desafiante que puede ser esta etapa.
El futuro de la ciencia de la menstruación
Durante décadas, la investigación médica evitó incluir a personas menstruantes o modelos animales hembras para evitar factores de confusión por la variabilidad hormonal.
Hoy, sabemos que esas fluctuaciones son una oportunidad única para estudiar su importancia. “Creemos que su papel no es solo fundamental para comprender el estrés y la salud de las mujeres, sino para entender qué es lo que nos hace, independientemente del sexo, sentirnos como nos sentimos todos los días”, invita Babenko.
Con estos estudios y los que vienen, tal vez entendamos lo poderoso que es estar activas y ser productivas mientras vivimos esos cambios. A lo mejor gestionar la menstruación sea cada vez más sencillo y logremos comunicar que no es solo “cosa de mujeres”, sino un asunto esencial para la salud pública.
También, puede ayudarnos a vivirla con tranquilidad en vez de sufrimiento.
“Muchas veces sentimos que no tenemos control sobre nuestro cuerpo debido a todas estas fluctuaciones”, dice Babenko. “Pero una vez que empecemos a conocerlo más, podemos adaptarnos mejor a esos ciclos”.
Entender nuestro cuerpo puede ayudarnos a dejar de ver a la menstruación como algo que pesa, para empezar a verla como un proceso natural maravilloso.
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