Por Myriam Vidal Valero
El 31 de julio de 2025, Miguel Ángel Sánchez experimentó un ataque de pánico que lo llevó al hospital. La mañana pintaba para un día normal hasta que le llegó una sensación de nerviosismo. Trató de sacarla de su mente, pero esta volvió al grado de enchuecarle las manos y paralizarle la cara mientras su novia llamaba a urgencias. Pensó que era el fin.
“ En episodios crónicos de ansiedad, como lo es un ataque de pánico, realmente sentimos que nos morimos”, explica Miguel Ángel.
Desde principios de año, Miguel Ángel había experimentado síntomas similares —falta de aire, nerviosismo, sensación de vértigo o mareo, pero ningún médico daba con la causa.
Ese día el diagnóstico por fin llegó: trastorno de ansiedad generalizada (TAG). Lo canalizaron a psiquiatría. “Me sentí muy vulnerable”, dice. Toda su vida él había vivido bajo la creencia de que no necesitaba más que de fuerza de voluntad para afrontar la vida.
“Yo siempre había dicho que el tema de la psicoterapia y, mucho más, era un tema para débiles”, cuenta. Estaba a punto de iniciar un tratamiento que lo llevaría a replanteárselo todo.
¿Qué son los trastornos de ansiedad?
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), los trastornos de ansiedad están en aumento y afectan a más de 350 millones de personas en el mundo y van desde ansiedad social, mutismo selectivo y hasta el TAG con el que diagnosticaron a Miguel Ángel.
Pero la ansiedad no es lo mismo que un trastorno de ansiedad. Todas las personas están programadas para experimentar ansiedad en contextos cotidianos como exámenes, entrevistas, dificultades financieras, etc.
“La ansiedad también es un mecanismo de adaptación para podernos adaptar a circunstancias adversas”, explica el doctor Carlos Alberto Arnaud Gil, psiquiatra con subespecialidad en psiquiatría de enlace y profesor en TecSalud.
Esta se convierte en un trastorno cuando se manifiesta de forma persistente y desproporcionada con lo que está pasando y cuando interfiere con la vida social, laboral y el tiempo de descanso.
Las causas detrás de estos trastornos son multifactoriales: van desde la genética —aunque la genética no es destino, advierte Arnaud— hasta la personalidad y el contexto social.
Por ejemplo, estar expuesto de forma constante al estrés o haber crecido en entornos adversos desde edades tempranas puede aumentar el riesgo de desarrollar uno de estos trastornos.
A nivel molecular, la doctora Blandina Bernal Morales, investigadora del Instituto de Neuroetología de la Universidad Veracruzana, explica que en los trastornos de ansiedad interactúan cinco procesos.
El primero es el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, una conexión entre el cerebro y el cuerpo que se activa ante el peligro y libera hormonas como el cortisol que, en exceso, mantiene al organismo sobreactivado y fatigado.
El segundo y tercero son la neurogénesis —formación de nuevas neuronas— y la neuroplasticidad —fortalecimiento y reajuste de conexiones—; juntas permiten adaptarse al estrés y regular las emociones, pero el estrés excesivo las interrumpe.
Los últimos dos son la inflamación y el estrés oxidativo: la primera favorece la entrada de sustancias dañinas que pueden matar neuronas, y el segundo es un desequilibrio químico que las daña y altera su comunicación.
¿Los trastornos de ansiedad tienen cura?
En psiquiatría es difícil hablar de cura pues cada caso es distinto, explica Arnaud. Pero hay tratamientos y muchos pacientes, como Miguel Ángel, que logran recuperar su vida. “Últimamente se me ha llegado a olvidar que tengo trastorno de ansiedad generalizada”, dice.
Desde su diagnóstico ha estado siguiendo un tratamiento farmacológico acompañado con terapia cognitivo-conductual—el tratamiento más recomendable para su trastorno—, junto a alimentación balanceada, ejercicio y abstinencia del alcohol.
Mientras tanto, en los laboratorios y los centros de investigación los expertos están trabajando en nuevos tratamientos para estos trastornos. La terapia magnética transcraneal—estimulación magnética no invasiva a través del cráneo y sin dolor—ha surgido como una alternativa para pacientes en los que los medicamentos no funcionan, explica Arnaud.
También se están desarrollando fármacos que actúen sobre los sistemas de inflamación y de oxidación, explica Bernal, aunque para ella lo más importante es la investigación que se realiza en el tema de la resiliencia. “Es súper interesante de descubrir cómo está funcionando desde el nivel celular molecular para poder desarrollar fármacos dirigidos a eso y usarlos en las personas que sí son vulnerables”.
Los expertos coinciden en que tratar la ansiedad no es un tema que se resuelva con fuerza de voluntad. “No es una cuestión de decisión, no es una cuestión de voluntad es un mal funcionamiento de la química cerebral. Definitivamente es algo orgánico, es algo biológico”, explica Bernal.
Miguel Ángel coincide. Él sabe que no puede bajar la guardia y que si deja el tratamiento sin seguimiento médico la ansiedad puede volver, pero el proceso ha cambiado su perspectiva sobre la salud mental y la vida.
“Han mejorado mucho mis relaciones familiares”, dice. “Esta decisión que tomé a partir del ataque de pánico ha sido una de las más fundamentales que he tomado en mi vida”.
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