De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT), alrededor de 13 millones de niños y adolescentes viven con sobrepeso y obesidad en México. Se trata de una condición que, pese a su corta edad, aumenta el riesgo en esta población de desarrollar enfermedades metabólicas, como la diabetes tipo 2.
Para hacer frente a este desafío, investigadores del Tecnológico de Monterrey llevan a cabo estudios para comprender qué ocurre en el organismo de estos pacientes a nivel molecular. El objetivo es identificar señales biológicas asociadas con estas enfermedades para contribuir al desarrollo de alimentos más adecuados para la salud, como parte de un proyecto insignia del Institute for Obesity Research (IOR).
Así lo explicó Carmen Hernández, líder de la Unidad Food & Clinical Nutrition for Health del IOR, durante la presentación de uno de cuatro proyectos insignia de este instituto, llamado Towards Clinically Guided Food Design, en el marco del Congreso Internacional de Investigación sobre Obesidad 2026.
“Estamos aspirando a diseñar alimentos basados en la clínica y a partir de evidencia científica”, dijo Hernández, refiriéndose al estudio del que está a cargo en la unidad que lidera.
Destacó que, con esa visión, el equipo desarrolla proyectos para entender mejor la salud humana y los compuestos que conforman los alimentos, integrando disciplinas como nutrición, ingeniería, microbiología, ciencias de la salud y ciencia de datos.
El estudio de la interacción entre factores biológicos
La población pediátrica se ha convertido en una prioridad para este grupo de investigación, señaló la investigadora, debido a que las y los niños se encuentran en una etapa clave del desarrollo y su alimentación y estilo de vida dependen principalmente de los adultos.
Uno de los estudios consiste en el análisis de una cohorte de 60 niños mexicanos, de los cuales 20 fueron diagnosticados con diabetes tipo 2 y otros presentaron síndrome metabólico. Se trata de una condición caracterizada por alteraciones como resistencia a la insulina, obesidad abdominal y niveles elevados de triglicéridos, que aumentan el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares y diabetes.
Gracias al seguimiento realizado durante varios años, los investigadores han analizado cómo interactúan distintos factores biológicos que tradicionalmente se observaban por separado.
Hernández explicó que el proyecto busca caracterizar a las personas a partir de información sobre su genética, dieta, microbiota y metabolismo para comprender mejor las enfermedades. “Lo que buscamos es caracterizar al humano”.
Buscando una huella molecular de la diabetes tipo 2 en el organismo
El equipo busca identificar si la diabetes tipo 2 deja una huella molecular en el organismo. Para ello, han analizado moléculas en muestras de sangre de los pacientes por medio de herramientas de lipidómica, una disciplina que estudia las grasas que circulan por el cuerpo y que permite detectar patrones biológicos que no son visibles a través de estudios clínicos convencionales.
Entre los resultados de estos estudios se encontró que los niños con diabetes tipo 2 y síndrome metabólico presentaban perfiles lipídicos diferentes a los analizados en menores sanos. Se hallaron varias alteraciones, entre ellas un aumento de algunas moléculas potencialmente inflamatorias y una disminución de otras —como los plasmalógenos— asociadas con efectos protectores en modulación de glucosa, oxidación de lípidos e inflamación.
Los hallazgos sugieren que esta enfermedad no solo está asociada con niveles elevados de glucosa y alteraciones en el peso corporal, sino también con cambios en distintas rutas metabólicas, que son procesos químicos en el organismo para transformar nutrientes y otras moléculas en energía y para realizar funciones esenciales.
Las pistas que vinculan a la microbiota con el metabolismo
El equipo también analizó la microbiota intestinal de los pacientes y la comparó con los perfiles de lípidos que observaron en las muestras de sangre, encontrando asociaciones entre familias de microorganismos y moléculas relacionadas con alteraciones metabólicas.
“Hay compuestos que hemos encontrado que están asociados, sobre todo nos hemos enfocado mucho en el lipidoma, y que sí está documentado que son producidos por los microorganismos y que también pueden llegar a verse en el plasma”.
La investigadora señaló que, aunque esos resultados no confirman relaciones de causa y efecto, sí sugieren que hay una interacción entre los microorganismos intestinales y los procesos biológicos que observaron en niños con diabetes tipo 2 y síndrome metabólico.
“Son asociaciones, no decimos que sean la causa, pero por lo menos existe la posibilidad de que ocurra”, dijo Hernández.
Agregó que estos hallazgos abren el camino a nuevas líneas de investigación para conocer cómo la microbiota podría participar en los procesos biológicos asociados a estas enfermedades. Estos estudios permiten entender los efectos de la alimentación en esas rutas metabólicas. Con ello, se podrían diseñar alimentos que respondan a necesidades específicas de ciertos tipos de pacientes.
Los hallazgos encontrados en el metabolismo de niños saludables
Hernández señaló que el equipo también se ha enfocado en aprender de niños sanos y no solo en estudiar la enfermedad, por ejemplo, analizaron otra cohorte de niños físicamente activos para entender qué distingue a un metabolismo saludable.
En colaboración con TecSalud y el Centro de Primera Infancia, los investigadores analizan perfiles lipídicos obtenidos de muestras de sangre y hábitos de alimentación en menores que practican deportes como futbol americano y flag football. El objetivo es identificar si hay asociaciones entre la dieta, el metabolismo y otros indicadores de salud, y factores que influyen en el bienestar infantil.
Como resultados preliminares, el equipo identificó asociaciones con el DGLA (ácido dihomo-gama-linoléico), un metabolito de la familia omega-6 vinculado a compuestos también observados en la cohorte de niños con diabetes tipo 2 y síndrome metabólico, y que está relacionado con el consumo de alimentos y bebidas altas en azúcar.
Sin embargo, la investigadora dijo que los resultados no se deben interpretar como una consecuencia solo de la alimentación, pues al igual que ocurre con la obesidad y la diabetes, la salud metabólica es el resultado de múltiples factores como la actividad física, el entorno y los hábitos cotidianos.
Otro de los hallazgos del estudio fue que los niños físicamente activos mostraron menores niveles de ansiedad y depresión en algunos de los cuestionarios que se aplicaron durante el estudio. En ese sentido, la investigadora considera que faltan más investigaciones para confirmar esos resultados y, a su vez, estudiar una mejor salud integral en la infancia.
Además de los estudios con pacientes pediátricos, Hernández destacó que la unidad también ha participado en investigaciones sobre caracterización y composición química de algunos alimentos.
“Buscamos conectar la información, unirnos con clínicos e investigadores de distintas disciplinas para que el diseño de alimentos sea guiado por profesionales de la salud y tenga evidencia científica que nos permita identificar moléculas y compuestos que vayan más allá de la nutrición que ya conocemos”.
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