La ciencia que usamos para evaluar y tratar la afasia —trastorno neurológico del lenguaje— fue desarrollada principalmente con personas que hablan inglés. Esto ha dejado una laguna de conocimiento para las personas hispanohablantes, específicamente las latinoamericanas.
“En México podemos diagnosticarla, pero no tenemos necesariamente intervenciones dirigidas, probadas y basadas en evidencia de nuestra propia población”, dice Alejandra Platas, Directora Regional del Departamento de Psicología Clínica y de la Salud de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud (EMCS) del Tec de Monterrey.
Para abordar esta problemática, una colaboración entre la EMCS del Tec de Monterrey y la Universidad de Texas en Austin (UT Austin) estudiará una intervención de lenguaje personalizada para personas latinoamericanas que viven con este padecimiento.
¿Qué es la afasia?
La afasia es una alteración progresiva que le dificulta a las personas hablar, leer y escribir, en ocasiones incluso comprender lo que otras personas están diciendo.
Está asociada con daños en las áreas cerebrales involucradas en el lenguaje que son resultado de accidentes cerebrovasculares, tumores o lesiones cerebrales, así como trastornos neurodegenerativos, entre los que están el Alzheimer y la demencia.
Este trastorno afecta a millones de personas en el mundo, pero su magnitud global todavía no está bien cuantificada. Sin embargo, sabemos que una de sus principales causas, el accidente cerebrovascular, afectó a 93.8 millones de personas globalmente, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS).
“Esto puede ser muy frustrante, porque las personas tienen en la mente lo que quieren decir, pero pierden ese vínculo para poder hacerlo”, dice Said Jiménez, profesor del Departamento de Psicología Clínica de la EMCS.
ComUNIDAD: terapias de lenguaje para personas hispanohablantes
A pesar de que la afasia existe en muchos países con una gran diversidad de idiomas, la mayoría de los tratamientos que existen fueron desarrollados por y para personas angloparlantes.
Trasladar esos resultados al español no consiste simplemente en traducir palabras. Los idiomas tienen estructuras diferentes y, además, existen variaciones entre las distintas comunidades hispanohablantes.
“No tenemos las mismas variantes o frecuencia de palabras en México que en España o Colombia”, explica Platas.
En ese sentido, los estudios que existen en personas de habla hispana se han desarrollado principalmente en España, por lo que Platas y Jiménez forman parte de un equipo multidisciplinario y multiinstitucional que busca llevar estas intervenciones a personas latinoamericanas.
El proyecto, llamado ComUNIDAD, implementará de manera remota terapias de lenguaje para personas hispanohablantes con afasia. La primera fase contempla participantes mexicanos y tendrá una muestra de 15 personas, reclutadas de hospitales privados y públicos de la Ciudad de México.
La intervención no será idéntica para todos. Primero se evaluarán distintas dimensiones del lenguaje y otras funciones cognitivas utilizando instrumentos validados y estandarizados para población mexicana. Después, cada participante recibirá sesiones individuales por Zoom ajustadas a sus dificultades específicas.
“Aunque suena poco, son quince pequeños universos”, reflexiona Jiménez. “cada persona tiene una configuración distinta, bagajes intelectuales diferentes, personalidad, psicopatología, y el tema del lenguaje pues es muy dependiente de todas esas cosas”.
Esta personalización responde a una característica fundamental de la afasia: no existe un único perfil. Algunas personas pueden saber exactamente qué quieren decir, pero tener dificultades en recuperar la palabra;
otras pueden conservar el vocabulario, pero hay problemas que imposibilitan un discurso fluido.
Por ello, la intervención buscará trabajar las habilidades que cada persona necesita y, sobre todo, que estas puedan utilizarse fuera de la sesión terapéutica, en situaciones de la vida diaria.
Intervenciones para mejorar la vida diaria de quienes padecen afasia
Además de desarrollar estas terapias individualizadas y sumar herramientas tradicionales para medir su eficacia, ComUNIDAD incluirá análisis del connected speech o habla conectada, que estudian la forma natural que tenemos los humanos de hablar.
A través de ejercicios como pedir a los participantes que describan una imagen, se pueden grabar fragmentos de sus respuestas y extraer variables como el número de pausas, el tiempo entre palabras, la cantidad y tipo de palabras utilizadas y otras características del discurso.
Después, a través de herramientas computacionales se podrán analizar estos patrones para entender el progreso de la intervención.
“Esos datos permitirán evaluar el antes, durante y después de las terapias”, explica Jiménez.
La ventaja potencial es que esta medida podría acercarse más a la manera en que una persona realmente se comunica que una prueba aislada de vocabulario. También permitiría obtener múltiples mediciones de cada participante y seguir con mayor detalle su evolución.
Los 15 participantes no permitirán establecer por sí solos si una intervención funciona para toda la población hispanohablante. El equipo plantea esta primera etapa como un estudio piloto que permita conocer mejor la diversidad de perfiles, identificar qué variables son más informativas y generar evidencia para investigaciones posteriores con muestras mayores.
También combinarán sus datos con bases de UT Austin y la Universidad de Barcelona, para eventualmente poder hacer generalizaciones más amplias.
Así, la apuesta del proyecto es comenzar a construir la evidencia que necesitamos para tratar la afasia en personas que hablan español, específicamente de México y América Latina.
“Más allá de decir vamos a entrenar a las personas para que pasen una prueba, lo que queremos es que sean funciones que puedan aplicar a su vida diaria”, expresa Platas.
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