Dedicarse a la medicina significa atravesar años de formación, guardias y evaluaciones. Sin embargo, una encuesta revela cómo la mayoría fue víctima de discriminación o acoso sexual laboral a lo largo de sus carreras y en la mayoría de casos fue un médico con mayor jerarquía quien ejerció dichas violencias.
Una encuesta realizada a 428 médicas de 31 de los 32 estados mexicanos encontró que 82% había experimentado discriminación de género y 84% había vivido algún tipo de acoso sexual durante su formación o carrera profesional.
“Lo más sorprendente fue la prevalencia”, dice Fernanda Mesa, profesora de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud (EMCS), investigadora en cáncer de mama y una de las autoras del estudio.
La encuesta se llevó a cabo entre abril y julio de 2024 y se difundió a través de comunidades de médicas en grupos de mensajería y redes sociales, como Facebook e Instagram.
Comentarios o «bromas» sexuales prevalecen

Entre las experiencias de acoso sexual más frecuentes estuvieron los comentarios o “bromas” sexuales, reportados por 95% de quienes dijeron haber sufrido acoso; las miradas de carácter sexual, por 88%; las invitaciones sexuales persistentes o no deseadas, por 56%; y el contacto físico no deseado, por 50%.
Además, un 6% reportó haber sufrido agresión sexual.
“Fueron muy preocupantes algunas de las conductas reportadas”, dice Cynthia Villarreal, profesora investigadora de la EMCS, oncóloga y otra de las autoras del estudio.
Para las investigadoras, además de estas alarmantes cifras, uno de los datos más reveladores tiene que ver con quiénes ejercieron estas conductas.
La jerarquía médica impacta en la prevalencia del acoso sexual
Entre las participantes de la encuesta que reportaron acoso, 78% señaló a un médico de mayor jerarquía como perpetrador y 42% a un profesor.
En una sección donde la encuesta preguntaba qué hicieron después de experimentar acoso sexual —respondida por 343 de las participantes— solo el 9.9% respondió que lo había reportado a las autoridades.
Entre quienes no denunciaron, 41% dijo haber tenido miedo de represalias y el mismo porcentaje consideró que hacerlo podía perjudicar su carrera. Además, 38% señaló que el agresor estaba en una posición de poder.
“Cuando quien ejerce una conducta inapropiada también tiene influencia sobre la formación, las evaluaciones, las oportunidades profesionales o el futuro laboral de otra persona, denunciar se vuelve mucho más difícil”, señala Villarreal.
El estudio también encontró una asociación entre haber experimentado discriminación de género y haber sufrido acoso sexual.
Después de considerar variables como edad y especialidad, quienes habían vivido discriminación presentaron 7.63 veces mayores probabilidades de reportar acoso sexual. Las autoras aclaran que esto es una asociación y no demuestra que la discriminación cause acoso.
“No significa que uno cause a la otra, pero es interesante y es preocupante ver esta asociación”, expresa Mesa.
La encuesta y sus limitaciones
En comparación con otros estudios que habían analizado esto principalmente en residentes, la encuesta se enfocó en una población más amplia de médicas, de distintas especialidades y etapas de su carrera, lo cuál podría explicar la alta prevalencia reportada.
“Esto implica un periodo de exposición considerablemente mayor”, explica Villarreal.
También, gracias a los esfuerzos por incluir a más mujeres en el ámbito, los números de médicas son cada vez mayores, pero la jerarquía patriarcal persiste. “Al estar más hombres en puestos de liderazgo, parece ser más probable que ocurran este tipo de incidentes”, señala Mesa.
Sin embargo, los resultados de la encuesta deben interpretarse con cuidado, pues las participantes fueron reclutadas vía grupos de Facebook y WhatsApp dirigidos a médicas, por lo que no se trata de una muestra probabilística.
Las propias autoras reconocen que quienes habían vivido discriminación o acoso pudieron tener mayor interés en responder. Además, las participantes reportaron experiencias ocurridas a lo largo de su carrera, por lo que existe la posibilidad de sesgo de memoria.
Así, lo que el estudio permite afirmar es que entre las 428 médicas encuestadas, estos sucesos fueron extraordinariamente frecuentes.
“Los resultados muestran que no se trata de situaciones aisladas y que persisten barreras importantes para que las mujeres puedan denunciarlas con seguridad”, enfatiza Villarreal.
Educación y mecanismos de denuncia para transformar la cultura médica
Para las investigadoras, además de seguir explorando qué tan frecuente es el problema a nivel nacional, necesitan empezar a tomarse medidas para prevenirlo.
Una de las más importantes son la educación y concientización. Ya sea en forma de cursos, clases o capacitaciones, todas las personas involucradas en el ámbito médico deben saber reconocer la discriminación de género y el acoso sexual, cómo prevenirlo y qué hacer cuando sucede.
“En las universidades y los hospitales, incluso a nivel de cargos administrativos, debe haber por lo menos un taller”, dice Mesa.
También deben evaluarse y estudiarse las intervenciones más efectivas para reducir su incidencia, y ponerlas a prueba.
Crucialmente, deben existir mecanismos de denuncia claros, accesibles y confidenciales. “Casi una tercera parte de las participantes que habían vivido acoso sexual señaló que no sabía cuáles eran sus funciones”, expresa Villarreal.
Así, el estudio señala que el primer paso es reconocer el problema, pero que para transformar la cultura de las instituciones médicas deben existir políticas claras, códigos de conducta, educación y capacitación, así como un compromiso real por parte de los líderes de las instituciones.
“La respuesta tiene que incluir prevención, educación, mecanismos de denuncia que funcionen y protección para las personas que deciden reportar”, concluye Villarreal.
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