Desarrollar nuevos medicamentos en México requiere mucho más que una buena idea científica. Hace falta reunir a especialistas de distintas disciplinas, contar con infraestructura de alta tecnología, establecer vínculos con la industria y la capacidad de convertir los descubrimientos del laboratorio en soluciones que lleguen a los pacientes.
Ese es el objetivo del nuevo convenio entre el Tecnológico de Monterrey y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que busca fortalecer la investigación biomédica y acelerar el desarrollo de innovaciones en salud.
“Este será referente nacional e internacional de cómo la unión de voluntades y capacidades a través de instituciones puede transformar la vida de las personas y las comunidades a través de la innovación”, dijo David Garza Salazar, Presidente Ejecutivo del Grupo Educativo Tecnológico de Monterrey, durante la ceremonia para formalizar la incorporación al Distrito de Innovación Tlalpan mediante la firma del convenio.
La colaboración estará ligada al futuro Centro Interdisciplinario de Medicina Predictiva, que se construye en Distrito Tlalpan, en el campus Ciudad de México del Tec.
Más que un edificio, el espacio será un ecosistema de colaboración y construcción de comunidad, donde investigadores de ambas instituciones trabajarán de manera conjunta para desarrollar tecnologías médicas con potencial para convertirse en tratamientos, dispositivos o empresas de base científico-tecnológica.
“La cooperación entre instituciones de educación superior es más valiosa para la sociedad cuando se traduce en programas con resultados medibles y compromisos compartidos”, expresó Leonardo Lomelí, rector de la UNAM.
De la ciencia a la industria
Uno de los principales objetivos del convenio será desarrollar en México una industria biofarmacéutica propia del país, pues actualmente, gran parte de las tecnologías médicas utilizadas provienen del extranjero.
La alianza busca impulsar alternativas desarrolladas por científicos mexicanos, desde las primeras etapas de investigación hasta la creación de prototipos de moléculas, fármacos y tratamientos con la posibilidad de llegar al sector farmacéutico.
“Ya no queremos quedarnos únicamente en la generación de conocimiento; buscamos que ese conocimiento se transforme en soluciones reales para la población”, explicó Gerardo Leyva, profesor investigador de la Facultad de Química de la UNAM.
Las primeras líneas de trabajo se concentrarán en áreas cruciales para la salud pública, como las enfermedades neurodegenerativas, el envejecimiento, la oncología de precisión y la medicina regenerativa.
Entre los proyectos ya existentes entre ambas instituciones se encuentran investigaciones sobre nuevos tratamientos para enfermedades como Parkinson, Alzheimer y la ataxia espinocerebelosa tipo 7 (caracterizada por la pérdida progresiva de la coordinación motriz), así como el desarrollo de formulaciones innovadoras para la cicatrización y las infecciones.
Jonathan Magaña, líder nacional del Grupo de Investigación en Envejecimiento y Longevidad de la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tec de Monterrey, señaló que el convenio representa un cambio en la forma tradicional de hacer ciencia.
“No vamos a empezar de cero. Ya existe una colaboración científica con resultados concretos; ahora queremos dar el siguiente paso y convertir esa investigación en ciencia aplicada”.
Para lograrlo, ambas instituciones aprovecharán sus fortalezas complementarias. El Tec aportará infraestructura, capacidades de bioingeniería, vinculación con empresas y un entorno diseñado para facilitar la innovación.
La UNAM contribuirá con décadas de experiencia en el desarrollo farmacéutico, química medicinal y colaboración con la industria. La intención es avanzar conjuntamente desde la investigación básica hasta etapas de escalamiento tecnológico.
La colaboración como motor de la innovación
Para los investigadores, la firma del convenio representa un cambio de paradigma, donde la educación pública y privada dejarán de verse como opuestas e incompatibles para complementarse y colaborar.
“Este convenio surgió de una amistad”, señaló Leyva. “Cuando partimos de una confianza y empatía de ese estilo, todo lo que se derive tendrá un buen impacto”.
Además del trabajo científico, el convenio contempla la formación de estudiantes de licenciatura y posgrado, quienes podrán integrarse a proyectos interdisciplinarios y acercarse a procesos de innovación y transferencia tecnológica desde etapas tempranas de su carrera.
Para los investigadores, la alianza también envía un mensaje sobre el futuro de la ciencia en México. “Probablemente podríamos hacerlo solos, sí, pero nos tardaríamos mucho más”, reflexionó Magaña.
La apuesta es que esa colaboración permita que más descubrimientos hechos en laboratorios mexicanos no se queden publicados únicamente en artículos científicos, sino que se conviertan en medicamentos, biofármacos y otras innovaciones capaces de mejorar la vida de las personas.
A futuro, también buscan que haya una derrama económica y nuevas políticas públicas que beneficien al país, así como la colaboración directa con el gobierno, empresas y centros de investigación.
“Unidos podemos lograr más”, dijo Leyva. “Si combinamos nuestras capacidades, podremos desarrollar tecnologías que beneficien a la población y fortalezcan la capacidad científica y tecnológica del país”.
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