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Los proyectos que acortaron distancias y llevaron agua a comunidades en Chihuahua

Investigadores buscan entender cómo tiene que evolucionar el diseño urbano para facilitar la introducción de recursos tecnológicos en comunidades vulnerables.
Ilustración de una comunidad con un panel solar y bicicletas
Uno de los logros fue convertir bicicletas en eléctricas. (Foto: Cortesía)

En Paso del Norte, Chihuahua, una carretera separa a la comunidad del centro de la capital. Para sus habitantes, la única manera de cruzar para ir trabajar, a comprar víveres o al doctor es atravesar un puente peatonal en mal estado y con escaleras empinadas.

“Este acceso es muy problemático, especialmente para las personas mayores o con discapacidad”, dice Emanuele Giorgi, profesor investigador de la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño (EAAD) del Tec de Monterrey en entrevista con TecScience.

Para contribuir a reducir las vulnerabilidades que enfrentan las personas de esta −y otras tres comunidades de Chihuahua− un grupo de arquitectos y diseñadores urbanos de la EAAD les llevaron soluciones basadas en tecnología, concientización y multidisciplinariedad. 

Uno de estos proyectos, llamado Mobility HUB, llevó bicicletas eléctricas y un panel solar para recargarlas de forma sostenible, con la intención de contribuir a la movilidad de sus residentes. 

Además, les dieron un curso para enseñarles a convertir una bicicleta regular en una eléctrica con motor.

“Me entregaron esta bici hace un mes, la uso para ir a mi trabajo”, cuenta una mujer que vive en Paso del Norte. “Aquí en el Norte batallábamos por el transporte, pero gracias a ella puedo ir y venir muy bien”.

La razón por la que personas de poblaciones rurales de Chihuahua “batallan” con el transporte, está en su extensión territorial. Con 247,455 kilómetros cuadrados es el estado más grande del país.

Sin embargo, el 79% de sus habitantes se concentran en las zonas urbanas, ubicadas en los municipios de Chihuahua, Ciudad Juárez, Cuauhtémoc, Delicias y Parral.

El 21% de la población que habita en zonas rurales (diseminadas en 63 municipios) tiene que viajar enormes distancias para realizar sus actividades cotidianas, enfrentando condiciones climáticas extremas, una imponente orografía y en la mayoría de los casos, una gran falta de infraestructura

Aquí es donde entra la arquitectura, la cual −generalmente− asociamos con la construcción de grandes edificios y acabados lujosos, pero que también puede ser un vehículo para empoderar a comunidades vulnerables que se enfrentan a la falta de movilidad y acceso a servicios, sumado a problemas de inseguridad y a la ausencia de planeación urbana, entre otros. 

Mapeo de las rutas de movilidad en Paso del Norte, Chihuahua. (Imagen: Cortesía de Design for Vulnerables)

Arquitectura para reducir vulnerabilidades

Desde hace cuatro años, el grupo expertos de la EAAD, liderado por Giorgi, empezó un trabajo de reflexión sobre cómo el diseño y la arquitectura pueden ayudar a reducir vulnerabilidades, resultando en la creación del proyecto Design for Vulnerables.

Poco a poco, han logrado colaborar con las comunidades Paso del Norte, Nuevas Delicias, La Regina y Basaseachi de Chihuahua para introducir soluciones basadas en tecnología.

En su experiencia, han encontrado que es fundamental que este tipo de proyectos sean multidisciplinarios. También, es importante que las propuestas contengan la concientización de las comunidades sobre cómo perciben estas vulnerabilidades, cómo les afectan y los pasos que pueden tomar para mejorar su situación.

La parte más importante −y retadora− ha sido encontrar la manera de que los proyectos realmente proporcionen una solución: “Muchas veces, cuando el gobierno, empresarios o filántropos llevan estos recursos, lo hacen a través del asistencialismo, les dan algo y se van”, explica Giorgi.

Esto muchas veces falla, pues las comunidades no aprenden a usar estas tecnologías, no se apropian de las nuevas herramientas, no participan activamente en la planeación y no se establece un vínculo de colaboración con quienes las introducen. 

Para no caer en ese patrón, el grupo de la EAAD asistió a las comunidades y emprendió un proceso de años en donde hicieron entrevistas, excursiones, caminatas, mapeos participativos y reflexiones colectivas para detectar riesgos sociales, ambientales y económicos. 

Después, desarrollaron un índice de vulnerabilidades para poder proponer estrategias que contribuyan a solucionar los problemas específicos que afectan a cada comunidad.

Mobility HUB y Tech HUB

En Paso del Norte, el proyecto Mobility HUB fue bien recibido por la comunidad. Una de las locales incluso contempla emprender un negocio alrededor de esto.

“La bici la uso casi a diario, me ha ayudado mucho para hacer menos tiempo y que sea menos pesado”, dice otra de las beneficiarias. “Se me hace una opción formar un negocio para transformar las bicicletas viejas para el mejoramiento de la colonia”. 

Un diagrama de las bicicletas con motor transformada a partir de una regular. (Foto: Cortesía de Design for Vulnerables)

En Tech HUB, llevaron a las escuelas y plaza de la comunidad proyectores, tablets, visores 3D y bocinas para tener clases interactivas. 

Una de ellas fue sobre primeros auxilios y educación sexual, impartida por la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud.

“La idea es que estas tecnologías puedan ayudar al trabajo didáctico y al aprendizaje en beneficio de la comunidad”, dice Giorgi.

Fotografía del taller impartido en Paso del Norte para la transformación de bicicletas. (Foto: cortesía de Design for Vulnerables).

Agri HUB

En Nuevas Delicias, una de las mayores vulnerabilidades que enfrenta la comunidad es la escasez de agua. Esto se debe a que se consume demasiada en la agricultura y el cultivo de nogales.

“Este árbol consume 1,000 litros de agua por día, por cada planta”, cuenta el Giorgi. 

Al trabajar con la escuela primaria, secundaria y el telebachillerato, el Club del Abuelo y la Unión Agrícola y Ganadera de la comunidad, reflexionaron sobre nuevas maneras de hacer agricultura.

En conjunto, instalaron compostas e invernaderos inteligentes que miden la temperatura y humedad −acompañados de paneles solares como fuentes de energía− por lo cual son autónomos y sostenibles.

La comunidad de Nuevas Delicias colaborando en los invernaderos. (Foto: Cortesía de Design for Vulnerables)

Los investigadores también colocaron sistemas de captación de agua en cada invernadero. “Dimos cursos de capacitación de cómo usar estas compostas e invernaderos y la idea es que en los próximos años desarrollen huertos comunitarios”, dice el experto.

A los agricultores les dieron drones y les enseñaron a usarlos, para que puedan vigilar sus cultivos y las fugas de agua, sin tener que hacer largos recorridos.

Recientemente, el presidente de la Unión Agrícola y Ganadera se había caído del caballo en el que estaba haciendo el recorrido y se quedó ahí un día completo, pues no había señal de celular. 

“El dron va ahorrarles tiempo, dinero y los protegerá de estos riesgos”, cuenta.

Water HUB

En La Regina, uno de sus mayores problemas es la contaminación del agua con arsénico y flúor, lo cuál ha desencadenado problemas de salud, como una mayor incidencia de cáncer.

Hasta ahora, la solución impuesta por el gobierno había sido el uso de plantas de ósmosis inversa: “Se toman 100 litros de agua, se filtran en membranas especiales y devuelven agua limpia”, dice Giorgi. 

Sin embargo, estos solo limpian hasta 30 litros de los 100 originales, concentrando más los contaminantes en los 70 restantes. Esta agua la mayoría de las veces es vertida de regreso en el acueducto y perpetúa la contaminación

En la actualidad, las Naciones Unidas prohíben su uso, pero en La Regina todavía son utilizadas.

Como parte de la solución, los investigadores se asociaron con una empresa local que trabaja con filtros basados en carbón activado −que son económicos y solo requieren un mantenimiento de 400 pesos al año− capaces de eliminar el arsénico y el flúor.

“Los instalamos en cuatro escuelas del municipio con una llave al exterior, para que cualquier persona pueda ir a llenar su garrafón” dice Giorgi. 

Filtros de carbón activado de la empresa Barbvo, instalados en La Regina. (Foto: Cortesía de Design for Vulnerables).

Environment HUB y Tourism HUB

Por último, en la Sierra de Baseaseachi, la minería ha destruido el territorio y contaminado la tierra con metales pesados.

Para ayudar, el grupo de la EAAD comenzó un proyecto de concientización ambiental y producción sostenible con el uso de visores 3D.

También, instalaron biodigestores para reemplazar las estufas de leña que utilizan para calentar los salones de las escuelas. “Estos aprovechan los residuos de los comedores para producir biogás”, dice Giorgi. 

Además, compraron medidores de la calidad del aire y se los entregaron a las infancias de la telesecundaria local junto con una libreta para que puedan tomar notas de los valores y participen en el monitoreo ambiental de su localidad.

“La comunidad fue muy partícipe en estas actividades y se han empoderado con esta información”, cuenta.

La comunidad de Baseaseachi reunida alrededor de uno de los biodigestores instalados. (Foto: Cortesía de Design for Vulnerables)

El Tourism HUB busca atraer turistas que vayan a ver la cascada de Piedra Bolada, una de las más bellas y extensas de América Latina.

La idea, es colaborar con hoteleros locales para crear actividades que atraigan a las personas a no solo visitar la cascada y regresar, si no quedarse a observar las estrellas por la noche.

“Les dimos un telescopio, un adaptador para el celular y una cámara para empezar a atraer turistas responsables”, dice Giorgi. Esto podría ser una fuente de ingreso que disminuya la necesidad de hacer minería.

Es esencial crear conexiones estrechas con la comunidad

En conjunto, los proyectos buscan reducir las vulnerabilidades de estas comunidades y, además, crear conocimiento a través de la investigación que pueda ser aplicado en un futuro en otros lugares.

Queremos entender cómo tiene que evolucionar el diseño arquitectónico, la planeación urbana y el diseño de servicios para facilitar la introducción de recursos tecnológicos en comunidades vulnerables”, dice el investigador. 

En su experiencia, lo más complejo es conseguir que las comunidades quieran participar, pues muchas veces desconfían de las intenciones de quienes llegan.

Para lograrlo, establecieron contacto con personas que ya tenían algún vínculo con las comunidades y poco a poco fueron construyendo una relación estrecha con ellas, afirmando su compromiso con ayudarles en todo momento.

Crear estos lazos fue un proceso largo y demandante, pero ahora hay una relación muy profunda de apoyo y colaboración”, expresa Giorgi.

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Autor

Inés Gutiérrez Jaber